Dualidad 101 217


 
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Silvio M. Rodríguez C.
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MensajeTema: X    Miér Mar 28, 2012 3:01 am

S

Soy

Soy como yo cuando me miro,
un trozo de muerte en un escupo de vida
recorriendo el discurso del fatalista apasionado
que esculpe el fin sobre quien comienza.

El asco de Dios, y la vergüenza de sus demonios
son los que quiero,
un puño de aire definiendo puentes
por los que nadie atreve su historia.

Y no soy aún
el beso
del rostro de la dicha en tu pasado.

Y no fueron los talones
de ninguna victoria
los que palpitan mi visión.

Mientras, tú
defiendes tus cosas
tan solamente.


Al frente

Como espinos secos
bajo las uñas de los pies,
y la vergüenza de un pecado horrible
haciendo peso sobre el corazón,
así el saberlos al mirar
el dedo índice de vuestro mellizo.

Y todo es deseo de repetir el show.

Habría que vivir de espaldas
al destino y a los colores,
en las ojeras del que extravió
sus horas bajas en la noche,
hasta alcanzar la cura del presente
en un estallido de gafas quebrándose
en las manos ebrias de la fortuna.

Entonces irrazonar
este exceso de agua en la cabeza,
y lamentarse, erguido
por la mansedumbre que disfraza
el golpe latiendo enfundado.



Suma

Fácil de prever
guardaba la magia de un sismo,
la sorpresa del hijo del cura
terminando primero en la clase,
y el necesario sello de Judas
horas después de recoger sus monedas.

Pero había que verle venir
desde los años antes de ningún libro,
con la sed de revancha
- no la de venganza o justicia -,
y las manos todavía frías
de tanto limpiar cosas ajenas;
con el corazón de los ricos en cicatrices
y vacíos de toda Magdalena,
para sentirle el camino previo a su sombra
volcando alientos contenidos.

Si no
tan solo el entusiasmo de frases
sería,
y no suma y zumo de distancias
dispuestas para sí.


La costumbre del nadie

De repente el alefato es
sólo un alfabeto,
y la palabra de un destrozado
la alegría de un otro que respira.

Puede que el silencio se vuelva atronador
como ese vacío de ciertos ojos;
y el asco de ciertas manos blandas
en el aquí terrible
de los demasiados días,
termine siendo el boleto que se paga
para que nadie se siente al lado.

Una vez en el terreno de la duda
uno
sabe que todo es certeza,
que el temor ataca sus propias pérdidas
y que si no hay vuelta atrás
es porque nada tuvo centro.

Pero hay que callarse
la procacidad que se explica,
los afectos que generan una sonrisa canalla,
y hasta las ganas de callarse.

Porque ya nadie tiene la costumbre
de llegar a tiempo.


Nosotros y él

Trepa hasta lo alto de su silencio
y desde allí dispone
el juego perdido de su niño
la camisa blanca del verdugo
y el íntimo orden de todos los volcanes.

Se navega, sin aspiraciones ya
fundiéndose más en la oración
que en el rito de no acercarse a nadie,
mientras el tiempo sucede
justo ahí sobre sus hombros.

Una gota de rocío, o de sereno
refracta sus ojos abisales
hasta traspasarle espejos y rodillas,
fijándolo con rígida blandura
a este lado del almanaque,
como sin en verdad el cosmos prescindiese
de la voluntad de sus hijos.

Nosotros
- su memoria -
lo cantamos al borde de la hoguera,
por lastimarle
dejamos nos crea sin principio,
empollando en sus dedos
el vacío terrible de la pertenencia.


El otro abrazo

Tengo la sensación
de que la trampa les persiste,
y en cada invitación veo
ansias de tomar lo que seré.

Vomito sobre mí
y no me mancho,
me tajeo de urbanidad el rostro
y odio como diablo,
de repente porque así danzo
sobre la verdad de mis errores
sin torcerle el cuello a los ángeles,
tan exactos desde el pincel de los entrenados.

Do-mino mis ganas de preñar desiertos y
re-sentido de mi propia libertad mentida
mi-no los senderos que en mí terminan,
fa-llando en acabar con mi aliento
sol-feo la rotura de mi razón
si-lenciando con horror toda respuesta

que habría de terminar en un
“tú no tienes la culpa”.

Me abrazo
y siento más frío.


Diario

¿Saldrías a lo dentro de tu sien
a festejar el nacimiento de Dios
a conmemorar su fusilamiento
hasta gritar lo bueno de estar vivo?

¿En un párrafo inmejorable
volcarías el derecho a la vida
sólo porque no tienes
dónde caerte respirando?

¿Escupirías sobre los infiernos
- y ninguno fue tuyo –
si con ello dibujas el círculo
de la burbuja de tu alegría?

¿O simplemente abrazarías de cerca
a quien te ata al olvido dulce
de todo lo que no pasa
cuando ya no puedes sino fingir?

¿Qué vas a escribir esta noche en tu diario?


Desde abajo

Dejo que todo se venga abajo

y espero desde el suelo el granizo,
la poquedad de todas las horas
cuando miro hacia los lados grises.

Escudado por no consultar adivinos
testimonio mi fe en silencio
sin discutir ni con mi sombra mi nombre
mientras dejo que todo se venga abajo.

Te abres al dolor
- así y entonces -
y no ves la mano del día
sujetando mi cuello bajo el fango nocturno,
ni que todo se está viniendo abajo

Te encierras en el placer
de lanzar una soga inútil
a quien puede tirar de ella
hasta que sepas qué buscas rescatar,
desde la tierra que cruje en el abajo.

Como si no sabes lo que haces.


La

Descubre de golpe
el ahogo de lo insuficiente,
el álbum lleno de lo inservible
y el gesto de la fineza
que sólo porta el carenciado.

Rabia tus espejitos
todo adorno en el detrás de tus pasos,
hasta que tu mano firme al aire
se convierta en un portazo a lo que fue.

Baila tus deshoras fuera de cámaras
tu voz en off esplendiendo
la contrición de manual que te eleva
hasta el miasma de los caídos,
y sé uno con ellos.

O párete
hendiendo tu solitaria dación
hasta dormir halcones en tu reposo,
desestimándote por orgullo
por esa intensidad del asco
que mastican los insondables.

Y entonces,
dime
con qué nota se afinan
los anversos del corazón que heredamos.


Algo más

07
Una sola pastillita me manda al otro lado
y ahí estoy, buscando ir más lejos
y ese lado es aquí,
donde lo normal no suele ser moral.

Intento, como perra recién parida
mostrar los dientes a quien se acerca,
pero no sé qué hacer
ante todas las mitades mirando
cómo resuelvo uno solo de mis extremos.

Es como verlos desde la camilla
sabiendo que yo los guío.

10

Se encienden las candelas
y el entusiasmo gana el orinal
donde mis intenciones reposan
la vintamínica calidez de sus desechos.

Debe haber un pueblo
neolítico, quizás
donde se adore al dios del catabolismo,
en el más allá del aquí.

Y un unicornio hermafrodita
que amamanta amazonias cósmicas,
mientras cien de sus hijos
se cagan de risa y miedo.

Entretanto, tras vivirlos
- y leerme -
sospecho que hay algo más que el amor,


Nota: los numeritos, y el cierre con coma, son claves personales que al pedo preguntar.
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