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 II. Improbabilidades

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Silvio M. Rodríguez C.
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MensajeTema: II. Improbabilidades    Miér Mar 28, 2012 3:35 am

II. Improbabilidades


1- Ya que…

Ya que no puedo pedirte el olvido
- y no puedo entregarte la memoria -
besame por la espalda, a traición
para que el vino sepa a triunfo
y deje de ser el consuelo de los solos.


2- Dos baldosas

Por vivir así, desestimando emociones
sé que cuando quiero ronda la muerte,
que cuando miro intentando ver, hay un peligro
que me gana las manos hasta potenciar mis labios.

Y siento al ritmo apresurar su cadencia
cuando la espera del almanaque no condice
con la que dibuja mi piel en la almohada
en esta madrugada en la que nadie cabe.

Mejor entonces si te acercás un par de baldosas
y me dejás saber que no todo es tan diferente,
desde ese andar de filo y sombra en la mirada
que hace me vuelva a vos olvidando el pasado.



3- Nunca quise

Nunca quise enamorarme
de quien pudiera decir mi nombre
sin que le tiemble el pulso en ese momento
en el que dicha y pesar le ganen los labios.

Nunca quise ser de nadie que no supiese
ser holocausto virginal de mínima humanidad,
ni entregarme a la pequeñez de una pasión exagerada
que se borra con un viaje y un “¡déjame en paz!”.

Quise la prenda que se teje día a día,
llegar perdiendo y terminar ganando;
quise salir del frío para entrar a ese territorio
donde lo cálido del amparo roza el infierno del abismo.

Tanto quise, allá por lo sincero
que llevo el mañana sellado en la frente,
y hay un suspiro de otras horas que yo siento es tuyo
que me hace menos solo y casi de piel
que hasta puedo decirte, si me propongo.

Nunca quise enamorarme
y conseguí cosas profundas,
querer de un modo semejante a mi mirada
ser correspondido a la manera de mi boca,
y vivir la constancia de una compañía.


4- Descoser

Me voy a descoser el alma
dejando un reguero de ansiedades,
por ahí los fracasos de no llegar a tiempo
por allá triunfos sin compañía,
hasta dejar expuesta la piel
que no supo aquietar sus estrellas
ni quiso girar en torno a sus soles,
por saberse oscura y reducida a alguien.

Ofrecido al destierro de la emoción
te mostraré lo poco del querer
- la distancia de Barcelona hasta Madrid -
en un gesto sin perdón, donde el pueblo reirá
mirándome sentir tu ausencia programada.

Después de verme, tan flaco de grasa social
desvestido de amor, de plagios y convenciones
será mejor que no haya mañana y tenga lugar la mudanza
no sea te encariñes de quien no supo ni sabrá amar.



5- Te intentaba

Te intentaba con gestos aritméticos
por ignorarte sin aristas,
y te pretendí en el pecho
sin saber que eras vuelo sin poso.*

Te me fuiste de las manos
sin haber encallado en mi mente
y te volviste espacio, hueco sutil
que mi boca refiere en su silencio.

Qué notable esta sombra que te ignora
y que al tiempo expone un deseo,
tener el pensamiento de lo que eras
cuando los higos maduraban el cariño.



6- Te quedas

Lo duro es que te quedas, respirando terrible
mi no poder llegar a la cima del ansia,
que me nace de un lejos al borde de la muerte
que tú sabes y callas generando presión.

Mientras tanto el discurso, la noche y sus aristas,
en una espera sorda que prohíbe las fiestas
y te vuelve testigo a un lado de la herida,
para vivir la trama que nunca nos incluye.

Intento el olvidarte y el derroche emotivo,
tratando de borrar con algunos excesos
esta clarividencia que me sujeta a ti
y hace que me pregunte: ¿cuánto más por perder?

Entonces tú te quedas como un sol pernicioso,
como noche instalada a la mitad del pecho,
en la cruel comisura de mis labios tan tuyos
esperando que diga la palabra que nunca
he sabido decir, y que es la que nos une.



7- Desde vos

Ahí, al borde del miedo, con la historia encima
yo me callo los nombres, el pasado, este presente
y me dejo como tributo la no mirada
el no beso que ocurrió cuando dormí soñando
que vos y yo tendríamos que ver
en un instante infinito.

Ahí, cuando los unos huyen
y los otros se cobijan bajo alguien,
sintiéndome tan solo en tu pronombre
- mitad bestia, mitad ángel intocable -
me aquieto en el bullicio
de lo que sé podría por quererte
para dibujar espacios
donde estar a tu lado.

Y aquí
en la muchedumbre del sonido
donde amor y odio mutan,
me vuelvo el gris entre tanto blanco y tanto negro
diciendo la constancia que no te habías esperado
desde que las cosas fueron lo que fueron,
un murmullo sobre el olvido.

Te sumo
sin quererte cambiar
sin poderme cambiar,
reducido a un deseo de tacto y luz
donde saliva y labio acaso digan
desde vos el verbo del noviazgo.


8- Va a seguir el sol

Va a seguir el sol dando su calor
y será la valija al fin cerrada
la que refiera incierta a otro país
en el que estaré solo con tu nombre.

Serán las construcciones piedras solas
refiriendo las dudas que me pesan,
y será llegar siempre a todos lados
con la risa puntual y el alma quieta,
hasta dar al espejo la razón
de haber cambiado pulcras emociones
por el vacío hostil que viviré.

Tú serás la que nuca se marchó,
la que estaba en la llaga sin saber
que la distancia forja soledad.



9- Qué pronto

Qué pronto pasa la vida
y tú que te demoras
a fijar en mí el enramado
de figuritas rotas sin motivo.

Ahí viene abril
con un sol de cobre,
a su manera de calor de hoguera
mientras vos siempre en septiembre
apretando desdichas en la espalda,
como si no te cupiera el tiempo
para otros desvelos.

Y yo buscando resultarte
una estadía cercana – aunque incierta -
donde anclar el pasado
para partir hacia el cariño.

Qué pronto pasa la vida
mi bien
y vos ahí, con el almanaque
arrugado entre las manos.


10- ¿De quién dirán que eres?

Dejá que me desnude, que te vaya contando
este incendio de pájaros que sos en mis adentros,
que en la distancia pierdo la razón y el decir,
que todo esto es un beso que no te puedo dar.

Por más que te razone no puedo persuadirte
a este lado del río, donde braceo solo
el brillo de tus ojos y la luz de tu verbo,
setenciado a querer más de lo que conviene.

Sabiéndome distante, sin poder expresarme
intento voces, rimas, músicas más que extrañas...
me contorsiono inútil en muecas retorcidas
hasta ser yo, yo mismo volcado en el espejo.

Te digo, me desdigo, araño tus tendones
y en esta poquedad que me asfixia las formas
no soy más que un intento de sujetar el aire,
que persiste empeñado en llegar a tus límites.

Y yo voy, desprovisto de escuelas y medallas
a por el alma sola que guardas de la vista,
herido por el hambre que siento en tu sendero
tocado por la magia de un oscuro cariño.

Y Cátulo pregunta: ¿de quién dirán que eres?
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