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Silvio M. Rodríguez C.
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MensajeTema: 7    Mar Abr 24, 2012 6:36 pm

Uno

Vuelco mi nuca hacia atrás hasta lograr un arco imposible. Sin miedo al susto por lo mediocre, lo genial, lo vulgar, lo trascendental o lo ordinario. Y sigo sin perdonarme, de tanto rechazar el encontrarme culpable a la hora de los últimos juicios, allá donde las acciones pesan igual que los orígenes, ahí donde el futuro lo decide la violencia del propio talento en su íntima y brutal capacidad creativa, y no en esa estupidez de las correcciones.

¿Por qué Dios crea estupideces? ¿Para qué Dios corregiría las mierdas que hace? Y si les digo que Dios es un pedo que huele a mierda, me tiran grasa de vieja gorda para que la trague y la defeque con la boca cerrada sin un teléfono en el baño, es sabido.

Pero, de pronto, el milagro. Alguien conoce a alguien, o cree conocerle. Le comprende – se dice -, y es tan ¿empático? Entonces todo cambia, como quien dice. Pero no cambia nada. ¿Vos conocés a alguien que haya cambiado? Yo no compro estas cosas, ni por. Y no, no me gustaría ser del tipo de gente a la que le dicen “el calor dilata los cuerpos” y se la chupa y ya, vamos. Ni del tipo de gente a la que se le dice “mirá, existe un dios, pero que son tres, que al final son uno, desde siempre”, y responde, no, pará, loco, qué mierda estás diciendo, para boludeces el micrero, que es hincha de (elegí el club que quieras). No. Prefiero buscarle la vuelta, el cuadrado, o el dodecaedro, llegado el caso. Pararla con el pecho, las uñas, el pene, y buscarle el hueco.

Ese “dicen de mí”, y ese “dijo de mí”. Habría que aprender a volcar la nuca hasta lograr un arco imposible. Desde ahí desprenderse, mirar confuso, como un corazón que late asumiendo el absurdo propio, esa suma de instantes que uno quiere capturar y que aprende sólo se puede dejar correr, entreviendo, al tiempo, ahí, al instante, que pudiera ser al revés, que de eso se trata, de tener y no tener razón, y que no importa, que, como le dijo Smarc – antes de llamarse así - a su viejo, “todo es al pedo”.

¿Ser definitivo? Y para qué. Es como puntuar, si todo es al pedo o, si como dejó entrever Borges – tan apegado él a la Cábala (Kabaláh) -, si se trata de los lectores, en considerando que “cuando el discípulo está listo, aparece el maestro”. Pero, claro, ahí no consideran que cuando aparece un discípulo, es donde realmente se define a un maestro. Qué van a considerar esto, y entonces y así se cierra ¿ves?

Ahora me acaban de decir que tengo dos opciones, la manera sencilla, o la manera difícil. O sea, me dijeron que tengo dos opciones, y ninguna. Entonces, ¿para qué carajo se toman el trabajo de decirme tal mierda? ¿Para que yo lo repita? No.

By the way, hay dos tipos de personas, las que vivieron el chelo, y las que no. O las que saben del vori de pollo en quinta, y las que no.

Para todo lo demás, multimedia.
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Silvio M. Rodríguez C.
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MensajeTema: Dos   Miér Mayo 02, 2012 5:33 pm

Dos

2001, aprox,

Una mañana normal, como que sin señales de nada y todo estaba para un cruce de operaciones tranquilas. Lú, con su estúpida botella de dos litros de agua por el tema de bajar de peso; Bir, a su estilo, bromeando con su cartera, mientras yo atendía a la mía, siguiendo al mercado. Por su lado, Patrik remando la parte contable y puteándose con el tesorero. Todo “tan normal”.

Tenía, como siempre, un teléfono a la oreja izquierda sujetado con el hombro, otro a la oreja derecha sujetado con la mano izquierda, enfrente el Messenger y la pantalla de cotizaciones, llamadas entrantes pendientes, y llamadas por hacer, la típica. Cuando Patrik levanta el brazo y “alto, alto”. Un segundo, o segundo y medio, y todos bajamos los teléfonos. “¿Cómo?, ¿qué?, bueno, quedate ahí que ya vamos. Lo asaltaron a Valdo, parece que hubo una balacera”.

Bir le había dicho mil veces a Valdo que de 7 posibles rutas, jamás use la 4. Pero los pendejos son así, no escuchan. Así que Valdo fue por la 4, y yendo por ahí un auto se le pone en frente, otro por detrás, bajan los tíos y disparan. Valdo estaba con dos polis, que tenían chaleco y toda la pilcha, pero en vano. Y mirá que los chalecos te aguantan una 38 tranquilamente, pero a la mierda. Los destrozaron con calibres “de verdá”.

No sé cómo se salvó Valdo, pero se salvó. Se salió del auto y se metió en una casa y desde ahí llamó a Patrik por el cel. Los polis ni se enteraron, parece. La cosa es que en unos minutos perdimos el capital de la empresa que abrimos Lú, Bir y yo. Así, de golpe, chau. Unos 120k.

Lú y Bir fueron al lugar y me dejaron a cargo de la oficina. Esto es, buscar abogado, responder las llamadas de la prensa, sacar un comunicado, y claro, atender al personal. Liquidé las operaciones pendientes, redacté el comunicado que se retransmitió al tiro, “tanto el dinero como el personal están cubiertos por el seguro”, etc. Luego los clientes, que nada, que tranquilos, no pasó nada. Y hacer que te la crean.

En un momento, Barúk, entra en la sala de operaciones, para decirme que el último depósito estaba hecho y, tras decirle que “ok, ya me ocupo de informarle a equis”, me dice “¿cómo podés ser tan frío?”. Le digo “volvé a tus cosas”.

En después fue ir al velorio de los dos polis, esa noche, a lugares alejados, pobres, humildes que le dicen, porque los polis no son gente rica, no los de a pie. Los dos muertos tenían hijos y demás. Uno de ellos tenía 30, el otro cruzó recién los 20, y ya tejieron viuda y huérfanos. Llevaba plata para los gastos, y mi cara lista para recibir las miradas de los familiares, ese “por tu culpa” que no se dice, pero se respira. Alguien tenía que ir, y Lú y Bir no tenían esa madera. Dar la cara, a veces no es sencillo.

Lú me dijo “que te firmen el recibo”. Me pareció un detalle asqueroso, pero lo hice.

Cuando llegué a casa, tarde en la noche, Magy me dijo que había visto por la tele el tema. No me llamó cuando se enteró porque sabía que sería al pedo. El teléfono no paraba, el privado, claro, y continuó el “no pasa nada, son cosas que pasan”.

Cuando por fin dejó de sonar el privado, abrí una cerveza y lloré.
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MensajeTema: Tres   Mar Mayo 08, 2012 5:38 pm

Tres

(2000, Aprox, Panta)

¿En mi origen está mi destino? Me parece demasiado sencillo, muy de aritmética (ni siquiera matemáticas), de manual para el usuario. Creo que podría ser como dijo el escritor aquel, eso de inventarse una virginidad todos los días, y seguir, como dije yo alguna vez, latiendo con cosas de qué arrepentirse y riéndose de las mismas cuando, por una vez, y con un buen trago al lado deja uno de juzgarse.

Convengamos en que ya no era joven, pero tampoco era el anciano que soy ahora, y que en ese entonces me había decidido, racionalmente, a sólo copular con mujeres que tengan un estadazo. Eso, o nada. Eso, o el monasterio, la ermita o la cripta, ya que estamos. Y se dio, ¿cómo no va a darse cuando te jugás de francotirador que apunta a un lugar durante horas, días, hasta que finalmente el blanco pasa por la mira? La mina se cruzó de frente, y no me costó nada visualizar la T: bang.

Fuimos a un pub para viejos. De esos en los que no suenan el pop and rock, sino baladas en español y, entrada la madrugada, algo de salsa, cosas así. Hacía calor afuera, pero adentro estaba lo suficientemente frío como para sentirse a gusto con camisa mangas largas. Ella fue de falda corta y negra, una blusa de hilo tirando al gris oscuro, y los respectivos tacos con los cuales me pasaba por una cabeza, mínimo. Obviamente el ingreso fue triunfal, es decir, todos los babosos mirando de reojo, y todas las jovatas mirando impúdicamente el andar de la potra por entre las mesas.

La verdad que yo tenía pocas esperanzas, porque después de la primera cerveza, en lo normal al menos, mi cerebro se dispara hacia una diversidad de ideas que casi casi resultan en una simultaneidad. Cifras, músicas, recuerdos, proyecciones, un montón de papelitos como recordatorios mentales de cosas por desarrollar se me aparecen y así es difícil concentrarme, enfocarme en un pedazo de carne de mujer enfrente. Salvo que tenga cerebro.

Íntimamente agradecí a Dios, a Santo Tomás de Aquino y a la mamá de San Agustín cuando al momento de ordenar algo para beber accedió a tomar cerveza, “contigo”. Divorciada y con un crío, al igual que yo, sacó temas en común. No la típica de que vos como macho hablás y ella finge interés, ni viceversa; sino de ese tipo de inicio de charla en la que dos futboleros tantean sobre tal o cual partido con total prescindencia del equipo al que pertenecen. Es decir, sin querer y de golpe nos fuimos intercambiando vivencias, haciendo chistes, mirándonos las manos sin intención, hilando porqués de situaciones comunes, escrutándonos los ojos y las arrugas que no teníamos, a pesar de todo.

Despacio, nos besamos largamente. Fue como hablar sin necesidad de verbalizar, como una suerte de complemento que no se puede escribir ni decir, que sólo se puede hacer de común y tácito acuerdo, en ese juego increíble en el que el que más entrega es quién más recibe. Por supuesto, aparecieron los demonios, y todos los fantasmas, la SED; fue mutuo, los dos sentimos las sombras del otro, como batallones oscuros siguiendo la pista de la presa que podría escapárseles, y lengua a lengua fuimos a hasta donde no podían alcanzarnos.
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MensajeTema: Cuatro   Dom Mayo 13, 2012 5:29 pm

Cuatro

¿Y cómo decís eso de que hay que ser patriota para vender el voto?

Y fácil, mismas acciones llevan a mismos resultados. Fijate ¿vos creés que va a cambiar algo con las próximas elecciones? Tenés que ser pelotud@, de movida. Aparte, suponte que salga electo Gandhi o la madre Teresa ¿vos creés que en aduanas, en los peajes, y en los putos centros de cobranzas de los colegios fiscales allá de potrero San Francisco va a cambiar algo? Un carajo. A lo sumo, a los pendejos les van a hacer estudiar alguna lengua de no sé qué tribu para que vayan a negociar con Siria y la Unión Económica en el dialecto de Cherembó Cruzado. Eso uno. O sea, el SISTEMA no va a cambiar porque cambie el nombre allá arriba. Y si el candidato o la candidata sale y dice que va a reducir el aparato estatal en 50%, ahí mismo lo linchan, juas!!! Date cuenta.

El tema es así, el que sube tiene tres tareas inmediatas, primero, mantener el aparato haciendo entrar a su gente; segundo, lo más importante, lograr las adjudicaciones pertinentes. Tercero y mediato (y fundamental), mantener a los idiotas como están, en disputas al pedo.

Esto lo sabe cualquiera que haya leído un par de libros sin memorizar lo que lee, es decir, interpretando, y por libro considero aquí desde Condorito hasta Nippur. Que conste.

Ahora, lo que a mí me embola es eso de tener que ir a votar y luego eso de que el voto es secreto. ¿Y por qué tengo que ir? ¿Y por qué tiene que ser secreto? Vos agarrá y preguntale a un pendejo “el por qué”; no tiene idea. Te va a decir “porque así es”, “porque es la ley”, ni criterio tienen. ¿Por qué carajo tengo que votar y por qué carajo no puedo decir por quién? ¿Tiene sarna mi candidato? ¿Es pedófilo acaso? ¿Es Satánico? ¿Se la chupó a Benedicto?

¿Vos viste Pelotodum Idol? O ¿cogiendo por un sueño? Bueno, lo mismo, que se vote por celular, y que los putos candidatos paguen los mensajes, y que sea por etapas. En la primera etapa que te paguen un dólar por mensaje. En la segunda que te paguen tres, y en la final que te paguen diez dólares por mensaje. Vos mensajeá como loco. Y ahí te quiero ver quién se postula. ¿Y sabés por qué va a ser patriota el tema? Porque el candidato dirá, “bueno, conciudadanos, ahora que les pagué a fulano, mengano y sultano (y muestra la lista que le pasa la telefónica), esto lo voy a pagar recortando el presupuesto del gasto en sueldos al pedo”, y ahí sí que nadie se queja. Bah, te digo en serio. La otra es que se arme un comité vecinal en serio, y que ponga el precio por carné. Porque, los que hasta hoy ganaron, ¿fueron los que menos plata pusieron en las campañas? ¿Vos creés que sí? Dale….

La otra es votar por internet, que la IP es lo mismo que el teléfono, che. Los que usan Proxy, cagaron, esos no votan, claro. Y también igual el tema de los censos, puede ser. Viene un grupo de idiotas y toma las votaciones casa por casa.

Pero imaginate, un domingo, tengo que salir de casa, irme hasta tal lugar, y nadie me paga el pasaje. Tengo que hacer fila, el calor, o la lluvia, dejate de joder, en pleno siglo 21. Hay que ser bolud@. Tío, si nos van a coger como siempre, que por lo menos sea más cómodo.

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MensajeTema: Cinco   Miér Mayo 16, 2012 6:31 pm

Cinco

El curso estaba lleno porque era la primera reunión el año, y porque era la primera vez que nos mezclaban a las tres secciones. Así que ahora, los del rojo recibíamos a una parte de los que pertenecieron al blanco y al azul; igual que los del blanco recibían a una parte de los que pertenecieron al rojo y al azul, y los de azul recibían a una parte de los que pertenecieron al rojo y al blanco. Un quilombo.

La profe, de pie, y a un lado la auxiliar haciendo correr un Powerpoint con la historia de un alumno que era medio idiota y huérfano de madre, y que terminó siendo doctor gracias a que la profesora le dio confianza en sí mismo, y que pasado el tiempo, en la cena de graduación la profe le termina agradeciendo a él por haberle enseñado a ser profesora. La auxiliar, demostrando un claro dominio del mouse y del “lenguaje oral”, va leyendo lo que está escrito en la presentación. Yo, sentado ahí bien al frente, siento tentación de encender mi móvil y revisar el twitter, buscar fotos en blanco y negro, o al menos escuchar música. Pero me contengo.

Terminada la presentación, la profe pide opiniones (meu deus), y seguidamente pasa a exponer el plan de trabajo y toda esa onda. Como comienza a explicar el tema de los colores para las puntuaciones, el horario de computación por las tardes, los horarios de refuerzo y los detalles así, las gallinas comienzan a cacarear. Como más o menos preguntan la misma cosa cuatro veces, casi con las mismas palabras, yo no sé si la profesora es también tarada o le bajó un prazolán de 50mg con una raya de whisky antes de la reunión.

La verdad que tengo ganas de levantar la voz y decir ¿pero es que aquí nadie sabe leer, puta madre? Pero me mantengo callado. Relajo mi postura, extiendo mi brazo izquierdo sobre el pupitre, acomodo encima primero la mejilla y veo la mitad del curso en perspectiva, así, literalmente. Bah, digo, y cierro los ojos un instante, dos instantes, los dejo cerrados y me voy. Me voy de ahí, lejos, hasta cuando tenía cuatro años y el pupitre era otro, y también el alboroto, y el encierro y la lejanía parecidos. Allá hasta donde una cárcel dentro de una cárcel significaba una burbuja inaprensible de libertad, más sentida que razonada.

Smarc, atendeme. Abro los ojos y veo a Nita, que desde varias mesas atrás me dice que ahora vamos a elegir a la mesa directiva. Entonces Martha, ahí a mi lado, sale y propone que siga yo al frente como el año pasado, junto con Nita, que era la delegada del blanco. Entonces todo el murmullo aprobador desplegándose en un oleaje que desemboca en la voz de Nita, que comienza a dar un discurso de lo actuado el año anterior, mirando aquí, mirando allá, recorriendo el aula como en un paneo, hasta caer sobre mí como preguntándome si estaba bien lo que decía, para que yo le responda con la mirada que sí, que todo está perfecto.

Este año será mucho mejor, me dije.
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MensajeTema: Seis    Miér Mayo 23, 2012 2:50 am

Seis

(2000 aprox, Panta)

La ubicación de la casa donde yo vivía, en pleno centro de la ciudad, quedaba en una de esas cuasi intersecciones por la que pasabas casi necesariamente para ir allá o acá, así que llegar a ella constituía más bien un exponerse, mirando desde los ojos del que no quiere ser visto al arribar ahí. Por otro lado, como la mina estaba en un impasse, viviendo con sus viejos el sueño de la divorciada vuelta adolescente, la cosa exigía un poco más de ganas como algún un toque extra de inventiva, porque ni yo podía ir a su casa, ni ella podía venir a la mía.

La tecnología contribuyó, porque si bien había una hora pactada en el tema de la búsqueda, el minuto exacto dependía de la mina, que con un “send” diciendo “ahora”, hacía que yo desplazara suavemente mi auto de la vuelta de la esquina hasta la puerta de su casa, deteniéndome menos de lo que se detenía en boxes el Schumi en sus mejores tiempos, para que ella se suba y salgamos más o menos pitando, con la justa para no levantar ni polvo ni chirridos. Con esto, si uno se fija, se cumplimentaba lo de un horario cierto y puntual, dado que ella avisaba que la iban a buscar, como también se evitaba lo de bajar y tocar el timbre, detalle que implicaría lo impensable de dar la cara. Así es, ambas cosas, y ninguna. Pero cuando uno está ahí tiende a creer lo que le conviene.

Parte de su estrategia era el tema de cenar con sus viejos y sus hermanos, además de acomodar a su cría y dejarla como para que tumbe hasta el día siguiente. O sea, tampoco iba de soplar y hacer botellas, sino que tenía su proceso. Al tiempo, y con prudencial antelación había que lanzar la bola, es decir, tirar el por qué de la salida, cuestión un tanto complicada, dado que la mina ni era de salir, ni tampoco tenía un abanico florido de taradas parranderas como amigas. Así que tuvo que meter mano al baúl de los recuerdos como primer recurso, e inevitablemente a los compañeros de trabajo como segunda instancia.

Abierta la noche, todavía con la luz del portal de su casa en el retrovisor, lo primero era el cruce de risas un tanto nerviosas, y claro, a ver si sospecharon algo los viejos, si algún cruce de miradas latigaron los hermanos, o si la piba mosqueó. Mientras los perfumes se iban mezclando, reconociéndose, hasta que a las dos cuadras, más o menos exactamente, me tomaba de la mano (siempre ella), y un poco más adelante, si calzaba una luz roja, una mirada profundamente cómplice se adelantaba al primer beso, suavecito, de esos que ni vos mismo sabés el hambre que llevan detrás.

Una de esas madrugadas, teniéndola de espaldas, y faltándome manos para fumar, recorrer su espalda y su cabellera, le dije que le parecía a Pantasilea. Habituada a mis desvaríos de ciertos momentos, ni se volteó, tan sólo un ¿a quién? Una mina, comencé, a la que iban a matar cuando, recién nacida, saquearon la aldea en la que vivía, pero el viejo, alerta, la envuelve en unos trapos y sale al galope. Lo siguen los invasors hasta la orilla de un río y ahí, acorralado, el viejo empuña su lanza, lía los trapos con la cría por ella y la arroja clavándola a un árbol del otro lado de la orilla. El viejo muere, y a la piba, del otro lado, la salvan las amazonas, de las que al final se vuelve su reina. Ya de reina, le gustaba galopar con un seno al aire. Ahí se da vuelta, sonríe, y dice “no parás de inventar, vos”. “Bueh, algo de cierto hay”, le digo.

Y si yo soy Panta ¿vos quién serás?

Yo, Claudio. Y suelto una carcajada a la que se suma sin entender por qué.
¿Y ese quién fue?

Un emperador romano, en principio medio boludo, incluso tartamudo en sus comienzos, y digamos que con un matrimonio no muy feliz hacia su medianía. Otra carcajada.

Dale, contame de Claudio.

Entonces la habitación del motel cambia, sé que mi voz también, y que mis ojos se van hasta otros lugares, y cuento y relato y revivo “las otras cosas” que me pueblan por dentro.
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MensajeTema: Siete    Mar Mayo 29, 2012 6:26 pm

Siete

Creés que la novela te encuentra, o que encontraste el libro. También que es un poco de las dos cosas cuando ya caminaste unas cuantas veredas, en unos cuantos países, a unas cuantas horas y ya vas sabiendo bien que ni tal ni cual definición encierran, con justeza, lo que en realidad se armó ahí, detrás de tus ojos, en ese estuche de huesos y sangre que portás y expones al juego de incomprensión y aciertos ajenos. Es posible, simplemente, que sea cierto aquello de que generamos nuestra realidad, en toda la extensión de la frase, y con todas sus implicancias.

Cuántas guerras, cuántas chicas, cuántas borgianas causas fueron ocurriendo en el cortaziano entretanto para pasar del Word Star al Word, y del Quatro Pro al Excel. Una suma de desprendimientos, de desestimaciones, de muertes chiquitas pero igualmente intensas y decisivas se decidieron entre los dedos, entre oreja y oreja (pero mirando desde atrás) para en algún momento dejar de empujar, en ese supremo momento de no dar más, del ya no querer seguir intentando sacar peras del olmo, por simple consecuencia de que tanto arriba (cabecita) como abajo (resto del cuerpo) se llegó al fenómeno del cansancio. Y al tiempo, al mismo absoluto tiempo, curvo, dodecaédrico, paraformal, toda la escala de dianas, tempranas y tardías, reconocidas u ocultas, aplaudidas o menospreciadas, que a manera de columnas terminaron por constituirse en sostén, fijo y móvil, describible e inasible, haciendo que podás hojear todavía, escribir todavía, incluso creer todavía, como si el arco de arriba y el arco de abajo sean exactamente iguales, esperando a que el siete mentiroso lo capte, y sume y reste el equipo con que cuenta para seguir haciendo goles, resistir al contrario, y aprehender a jugar sin mucho esfuerzo.

Aquel juez diciendo que nunca cayó en la ignominia de escribir de día, y la vez, creo que con Después del crepúsculo, en el que por varias veces lo desafié. “La vez” en la que una misma sentencia se repite en boca de otros jueces, congéneres, coterráneos, contemporáneos, semejantes, acólitos, alcohólicos, y en la que uno dice que sí, que es tan cierto, que está bien, pero se guarda un No allá por dentro, tan al fondo que no se lo dice ni al espejito del baño. Hasta que uno lo hace sin hablar, sin mencionarlo siquiera, con el sun dejando lucir sus dientes al borde de la ventana, o lanzando latigazos sobre las tejas rojas y las layotas de la terraza, o intentando inútilmente de fecundar el agua frígida de una piscina demasiado concheta, y uno escribe de día lo mismo que si de noche, igual con mate o tereré que con tres litros de cerveza, y lo que escribe se publica en un par de antologías en países en los que uno ni nació ni se educó inicialmente, entre gente que ni conoce, solo por un no capaz de decir, definir y hacer más que cualquier lista de sís por entonces escuchados verbalizar desde cualquier librito de autodependencia.

La vez, aquella, en la que encontré algo mejor y más sincero que contestar “no sé” cuando me preguntan algo y que no sé. La vez, ahora, en la que encontré que puedo decir “bueno, tenés razón”; que con una calma terrible puedo decir “sí, todos tienen razón”, que la cerveza engorda, que sin dieta no hay abdominales, y que “no, no se puede”.
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MensajeTema: Ocho    Mar Jun 05, 2012 7:31 pm

Ocho

(1996, Abril, Aprox)

El estudio jurídico estaba en el centro, tenía un recibidor más o menos amplio, muebles confortables y una secretaria vestida decentemente, que además sabía hablar y era amable. Con este primer pantallazo por un lado deduje que los muchachos no se habían andado en chiquitas, y por otro lado pensé que de todos modos el tema podía salir por el culo justamente por eso, porque al final, nos metíamos con pescados bien gordos que durante años habían tratado, lidiado y conciliado con este tipo de abogados que ya se habían hecho de abundante guitarra, es decir, andá sabé si allá por arriba no irían a arreglarse entre ellos. En justamente así, aunque de repente pudiera parecer y sonar a soñador, no dejaba de tener su gracia el enganchar a uno o dos abogados pendejos que se jueguen a por el ímpetu propio del que recién comienza, aunque esto suele tener la contra de que no saben un carajo de nada.

Estaba pensando en esto, mironeando el diario, cuando la mina me hizo pasar.

- Sr. Smarc -dijo el cuate.

- Dr- saludé.

En resumidas cuentas tenía dos opciones, aceptar una liquidación rápida por el diez por ciento de lo que me correspondía, menos los gastos judiciales, de representación, climáticos y todo el mambo, con lo que al final me quedaría un siete por ciento de lo que en principio me tocaba, o ir al juicio a por todo. Más por deporte que por otra cosa le pregunté si qué me recomendaba y, por supuesto, le bajó una prosa sólida y contundente en el sentido de que ni puta idea, con claras y precisas desviaciones de la mirada. Mientras el cuate se explayaba, yo le calculé, parte baja, tres años de juicio normal, le sume dos por pérdida del expediente y reconfección del mismo, le sumé dos por recusaciones y apelaciones, y otros dos más para que llegue a la última instancia a donde iría a dormir el sueño de los justos. Proyecté con una varianza de risa cómo estaría el dólar en nueve años, el IPC y el PIB de ese momento contra el de los próximos nueve años, el desgaste de mi estuche durante los próximos nueve años llamando, yendo y viniendo para saber cómo va el caso, y, sobre todo, la falta de honradez del cuate para decirme “mirá, viejo, yo que vos agarro esta plata ahora y me dejo de jodas”.

- Voy por la liquidación rápida -dije.

Esa tarde volví por el estudio jurídico, firmé los papelitos y retiré el cheque.

A la mañana siguiente fui por última vez a la matriz, más que nada para despedirme de algunos de los muchachos y dejarle saber mi postura al secretario del sindicato, que con lo emocional que era fija se tomaba como traición mi apertura por la izquierda.

- Pero Smarcito –dijo Ruiz- si son buenísimos estos abogados. Tené en cuenta que nos recomendó el Dr. Fermín, y vos sabés que él es de los nuestros.

- Ya sé, papá –dije-, pero va por otro lado. Yo necesito plata ahora, acordate, me casé hace un rato, mi mina está embarazada, no sabemos ni si vamos a cobrar este fin de mes y yo necesito tener por lo menos para el parto o si aparece alguna complicación, ponete un chiqui en mi lugar. Si estaba solo venía con mi olla todos los días y le metíamos bulla, vos sabés que siempre estuve.

- Sí –dijo Ruiz, que no lo iba a aceptar ni en pedo-, pero Smarcito, son diez años de antigüedad en tu caso. ¿Cuánto te dieron? ¿El quince por ciento?

- Bah –respondí-, ojalá. El siete, netamente hablando.

- ¡Pero la puta! –reventó Ruiz-

Después de aguantarlo a Ruiz un buen rato fui junto a los perros que, irónicamente, estaban amotinados en el amplio pasillo de entrada frente a Recursos Humanos, como si estuviesen esperando a que se los llame para dar su examen de postulación. Cuando les dije que no volvía más porque había decido agarrar lo que podía e irme a lo seguro, todos coincidieron en que estaba bien, que total era joven y que iba a conseguir algo pronto. Justamente, afirmé, mejor cobrar algo ahora, así me voy de putas como manda la ley y después veo qué carajo hago.

Fue mi último día en BCC4.
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MensajeTema: Nueve    Mar Jun 12, 2012 6:44 pm

Nueve

(1996)

Como una década atrás volví a preparar mi currículum, y noté que las cosas habían cambiado un poco. Por ejemplo, en lugar de la máquina de escribir del viejo tenía en frente mi compu, y en vez de arrancar con los datos de mis padres arrancaba con los míos. Ya tenía profesión, además; y en la parte de empleos anteriores, ya me cabía el plural, porque quiérase o no, ya había estado en dos plantillas. El “estado” civil también había mutado, y por entonces me preguntaba por lo bajo si eso terminaría afectando positiva o negativamente tal o cual postulación.

Fui a varias entrevistas. Algunas de ellas en empresas que buscaban un administrador, otras, en empresas que buscaban un auditor. En algunas tuve que rendir un examen sentado cómodamente en un escritorio, en otras, en una sillita de mierda, y alguna vez entre decenas de postulantes, acomodado como sea. En una ocasión, cuando me pidieron que dibuje el puto árbol, dibujé uno enorme, con raíces tipo gomero, con tronco tipo roble, con mil ramas, hasta nido de pájaros le puse, pero me emboló tanto lo del dibujito que terminé agregándole un tipo ahorcado. No recomiendo lo del ahorcado. Bueno, a mí por lo menos no me funcionó, porque jamás me llamaron.

Al final me llamaron de uno de los BCC en los que había dejado mis datos, uno de los nuevos, y que lo recordaba únicamente por la cara de la mina que me había recibido en aquella ocasión, mina que por cierto, me pareció poseedora de uno de los envoltorios más hermosos que hasta entonces había visto. Agradable la sorpresa, entonces, cuando fue ella misma quien volvió a recibirme, diciéndome que en minutos más me recibiría el gerente general. Mierda, me dije, vamos bien, directo al grano. Y sí, porque cuando primero hablás con el o con la de recursos humanos tenés menos opciones, muchas menos opciones, dado que te hacen preguntas de cajón y, aunque tengan por escrito preguntas específicas, no tienen claro qué es lo que tienen que medir y terminan juzgándote por tu pinta y el timbre y tono de tus verbalizaciones, un asco.

Por el apretón de manos del tipo le calculé que era enérgico y, en cierta medida, sincero. Sin embargo, como era de mi estatura, o quizás un poquito más bajo, presupuse que sería un histérico. Cuando ya sentados por fin le miré al fondo de los ojos supe que no se andaría con rodeos y me sentí súper cómodo. Y efectivamente:

- ¿Y cómo es esto de generación de flow? –me preguntó de una, el muy hijo de su madre, que era uno de los versos que se me ocurrió poner en mi hoja.

- Pues es sencillo, aunque delicado, doctor. Todo depende de con qué bancos trabajan ustedes en el exterior. ¿Qué corresponsales tienen actualmente? – Le tuve que retrucar en seco, primero porque era la única manera de responderle cabalmente, y segundo, para que sepa que la única manera de conocernos era intercambiar información de calidad.

- Bueno, tenemos algunos… -comenzó a decir, retrocediendo sobre su sillón.

- ¿En Estados Unidos y en Europa, o sólo en Estados Unidos? –le interrumpí, al verlo dudar y esquivar la jeringa, y también dejándole cancha para no dar nombres.

- De momento sólo en Estados Unidos –dijo, como que apretado por un lado, y curioso por otro.

- Pues fácil, vemos qué otros colegas operadores tienen cuentas en los mismos bancos, negociamos la acreditación de cheques en 24 horas y los débitos en 48 horas, como normalmente se viene haciendo –le canté.

- No entiendo –dijo.

- Mire, usted y yo tenemos cuenta en el mismo banco. Ahora, yo le entrego un cheque mío, y usted me entrega un cheque suyo, y ambos, cada uno por su lado, lo remesa al mismo banco. El banco, al recibir en su cuenta mi cheque, se lo acredita al momento, sin embargo, a mí me debita al día siguiente. Del mismo modo, al recibir en mi cuenta un cheque suyo, me lo acredita al momento, pero a usted se lo debita al día siguiente. Así, ambos ganamos un día y sin tener ese dinero. Para el banco, es sólo un movimiento contable, sin embargo, para nosotros es un disponible que no teníamos y que lo podemos usar para comprar, vender o prestar en Call Money.

- ¡¿Pero hombre, eso se puede hacer?!

- Y, doctor, la primera vez que lo hice fue con cien mil, cuando le agarramos confianza y cubrimos más detalles, con un operador hacíamos un millón por semana sólo con un corresponsal.

El cuate quedó encendido, y yo decepcionado. Es que yo venía de un BCC4, y estaba negociando con las herramientas de un BCC17 o 18. El caso es que de lo que hablamos el tipo concluyó que yo sabía del tema, y que sabía mucho. Me comentó, para que nos entendiéramos, que la onda ahí era más tranqui, desde el capital general, pasando por el tipo y nivel de operaciones, hasta llegar a lo que necesitaban de mí y, por ende, al sueldo que estaban dispuestos a pagarme. Yo le dije que entendía perfectamente la situación, y que por mi lado no habría problema si acaso se decidiera.

Un par de días después la mina me llamó, de parte del cuate, a ver si seguía interesado en el puesto y si cuándo podía empezar.
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Silvio M. Rodríguez C.
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MensajeTema: Diez    Mar Jun 19, 2012 6:43 pm

Diez

(2000, aprox)

Era una de esas tardes en las que el calor no apretaba demasiado, por lo que fuimos a la placita J. C. Franco, ahí cerca del Sale, a donde normalmente íbamos en días así. Tras el tradicional reconocimiento del terreno, con su variedad de sombras, pastos, arenas y pobrísimos juegos, nos pusimos a buscar semillas para nuestra colección. Una vez que nos cansamos del tema de las semillas (no te creas, eran monedas de oro), fuimos a por los sube y baja. V2 en un extremo, sentada y aferrada al manubrio semidestartalado, y yo en el otro, de pie y haciendo fuerza con las manos para subirla y hacerla descender suave y cadenciosamente, pensando dentro mío “buen ejercicio para los brazos, flojazo”.

A unos pocos metros estaban las hamacas y, sobre de una de ellas, acababa de instalarse un pibe como de la edad de V2, o por lo menos de su estatura, porque ya sentado estaba lejos de alcanzar el suelo. Le bajé una “visión periférica” buscando a su posible progenitora o niñera, y cacé una posible candidata en la vereda hablando con un cuate. El pibe hizo unos movimientos como queriendo hamacarse, pero más bien pareció un animalito queriendo soltarse, es decir, ni idea de que lograse su objetivo. Entonces habló

- Mami –dijo, mientras continuaba sus convulsiones-.

- Mamiiii – insistió, esta segunda vez ya torciendo su cuello buscando a Mami, y con un tono de voz más fuerte y perentorio. Entretanto, Mami seguía hablando con el cuate, y yo seguía ejercitando mis brazos.

- ¡Maaaamiiii!!! – reclamó por tercera vez, ya enfadado y deteniendo sus convulsos intentos por hamacarse, con tono de malcriado de mierda, o de maricón de mierda se diría, si no hubieses escuchado los dos llamados anteriores.

Y entonces Mami corta la conversación con el cuate, lo mira y verbaliza un

- ¿¡Pero qué es lo que querés!? –Así, emputada la mina, que caracúlica, al final va y lo hamaca al pibe.

Nosotros seguimos con lo nuestro. Que también las hamacas, que el escalador, que el tobogán y toda la onda, hasta que llegó el momento de volver, que coincidió con el que Mami decidió hacer lo mismo. De nuevo Mami estaba en la vereda, pero ya sin el cuate, y el pibe, esta vez, estaba jugando con la arena.

- Pedrito, vamos ya. –le llamó. El pibe, en su mundo.

- ¡Pedritooo, ya tenemos que irnos! –insistió Mami una segunda vez, elevando el tono. Pero el pibe, onda Beethoven, no se enteraba.

- ¡¡Pedrito, te digo!! – ahí ya el grito, claro, diáfano, estridente, indiscutible, como la respuesta de Pedrito.

- ¡!Quéee!!

Por un lado satisfecho, y por otro emputado, le dije a V2, “vamos, mi amor”, y nos fuimos.

Tras dejarle en el departamento a V2, acomodado en el micro, venía pensando en las veces que me sentí fatal cuando desde un principio le decía “vos sos mongólica ¿sí o no?”, y me decía “no”, “y entonces, ¿te tengo que decir las cosas dos veces?”, y me respondía “no, papi”. Así también, esté lo que esté haciendo, bastaba un “papi…” para que al tiro yo lo deje todo y al menos, al menos, digo, le responda un “sí, decime”.

El quid pro quo, la reciprocidad, es una base, tan solo una base. No podés, como Mami, pretender que te respondan a la primera, cuando vos respondés a la tercera. Y vos fijate, miralo de lejos, en tu casa, en tu trabajo, en tu colegio, en tu grupo de amigos, en tu cofradía de lo que sea, vos mirá y analiza la velocidad de respuesta a diferentes niveles, desde el “fulano…” y a ver cuánto le lleva mirarte, hasta el “leé esta carta y contame qué opinás” a ver cuánto le lleva hacerlo, o “mirá este vídeo, y decime” a ver cuánto se tarda.

Lo más tragicómico de todo es que el que tiene que responder, que encima responde a la tercera, es el que se emputa; aparte de que el que pide, que ya porque pide a la tercera también ya viene emputado, por lo que ambos bandos terminan emputados, más allá de que el uno pidió y el otro dio. De locos, ya te digo. Ahora, si ambos tuviesen el hábito de responder a la primera, estarían enfocados a otras cosas, a muchas otras cosas. Imaginate en una carrera de F1,

- pasame el neumático…

- pasame el neumático!!....

- pasame el neumático carajooooo!!!!....

- ¡la puta! ¡ahí tenés tu neumático de mierda, concha que jodés!

No, viejo, si así fuese no hay modo de pensar siquiera en ganar una carrera. Si así se mueven sólo se puede pensar en soportar la carrera. Y es así como mucha gente vive, soportando.

Muchos, como Pedrito, aprenden que se responde a la tercera, si es que se responde. Si nos vamos al concepto de dios, al concepto del dios barbudo sentado en un trono, es peor, porque, cuándo te respondió el barbudo? De ahí que muchos pseudocristianos ni siquiera responden, y está claro, si el dios en el que creen no responde, porqué habrían de hacerlo ellos, que están por debajo. Es lo más lógico que hay.

Ahora habría que saltarse la lógica, la explicación de la conducta y, una vez conocido el árbol, a lo Jodorowski, desprogramarlo.

Claro que ahí entra el “no se puede”, que es otro capítulo.

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MensajeTema: Once   Miér Jun 27, 2012 3:55 am

Once

(1996)

Lóur, el envoltorio tan bonito, me llevó junto a Yir, la jefa de Recursos Humanos, y esta me guió en un breve paseo por el bcc, durante el cual me fue presentando a los diferentes cabecillas de sección. Recorrimos los diferentes pisos, poniendo en práctica la tradicional sonrisa boluda de ocasión del lado de ellos, y de mi lado todas las antenas encendidas, desde los sensores al apretar la mano, hasta los radares luminotécnicos fijados en el brillo de los ojos del estuche de enfrente. Percibí que la mayoría no pisaba todo, salvo el contador, y por ahí los de informática, parecía que en general corrían sin experiencia, aunque claro, iban vestidos de ocasión, como si el hábito sí hiciese al monje. Primera alerta.

Finalmente llegamos a mi sector, donde conocí a Bernard, al que iba a reemplazar. Terminadas las presentaciones, la Yir se volvió para su rutina y el Bernard quedó a cargo. Nos encontrábamos en un habitáculo, en una oficina de dos por tres separada por una mampara del sector de clearing, y pensé que era el recibidor donde se atendía a los clientes especiales para tal o cual operación, pero no, era lo que había. Un escritorio, una compu con su mueble, y un teléfono. No había Reuters, no había mesa, no había tereré hecho, ni ceniceros, no había un carajo. Le dije a Bernard ¿pero qué onda es esto?, y me dijo que bueno, que “aquí no es así, solo tenés que atender a los clientes que llaman, le cotizás y cerrás las operaciones, nada más”. Es decir, no entraban al mercado.

- Aló, Yir?

- Sí, Smarc?

- Sí. Yir, una cosita. Necesito, por favor, otro teléfono ¿Será que me podés conseguir?

- ¿Otro teléfono?

- Sí. Mirá, vos llamás a tu bcc y suponte que tu operador no te atiende porque está en línea, no te gustaría estar esperando uno o dos minutos ¿cierto?

- Ah, claro.

- Bueno, es para evitar esperas, Yir. Con dos teléfonos puedo estar atendiendo a uno, y seguir al mercado con el otro. O hablar con dos al mismo tiempo y, si vamos al extremo, con las tripartitas, puedo estar con doce personas con la función de espera. Es sólo un aparato más. Ya me fijé que hay conexión, así que sólo necesito un aparato más, y del grande, operador creo que le llaman, este chiquito tiene muy pocas funciones.

- Bueno, te lo veo.

Del otro lado de la mampara se había hecho un silencio que me hizo pensar que las lectoras de cheques se habían roto, pero al ver la cara de Bernard me di cuenta de que lo que acababa de hacer fue como pedir una pizza con cerveza en un velorio, o alguna extravagancia similar. Sin embargo, un rato después vino el mozo con el pedido. Segunda alerta.
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MensajeTema: Doce   Vie Jun 29, 2012 4:22 am

Doce

(1996 - Primera operación)

Vos hacé lo tuyo, que yo te voy a ir siguiendo, le dije a Bernard. Con el nuevo fono comencé a llamar a los colegas (¿Bernard, qué números tenemos aquí?), y a ponerme al corriente tanto de los precios como de los chismes. Mientras iba actualizando las tendencias en mi agenda, también anotaba los nombres y los “lados” que iba cantando Bernard, es decir, fulano como comprador, mengano como vendedor; cosa por demás sencilla, dado que casi no entraban llamadas y que el cuate no llamaba a nadie.

A la hora del almuerzo me busqué un barcito por ahí cerca, donde me zampé un sandwiche de milanesa, una coca (botella de vidrio) en vaso (con hielo) y listo, estaba hecho. Cuando volví no estaban ni la mitad de los cajeros. Al parecer, tenían la costumbre de salir en masa a comer y se tomaban su tiempo, por lo que había una fila de clientes aguardando hacer sus transacciones a una hora en la que no debiera haber tal cosa. Los de clearing estaban en cámara, y no tardarían en cantarme el resultado, así que comencé a llamar a los colegas para ver cómo estaba el call money mientras esperaba que regrese Bernard, que por lo visto también le daba al diente. Vaya sorpresa con los precios, andaban por el suelo, evidentemente la caída de tantos bcc había dado unos frutos.

Cuando Frodo, el contador, me confirmó que habíamos salido empatados en cámara, me quedé más tranquilo, porque si bien no nos sobraba plata para colocar, tampoco la necesitábamos, así que estando equilibrados no había nada más que hacer, salvo entrar a cruzar, que es lo que hice.

-¿Mbatecó mi rey? ¿Qué hacés call?
-Tranquilo, ¿quién sos?
- Smarc, bcc18
- Ah, ¿cómo andamos? Aquí tengo algo, si te sirve.
- ¿A cómo y cuánto?
- Y un 200 te puedo dar al 5.
- Aguantame un rato y te defino.
- Dale, te espero

Al tiempo, con el teléfono “b”

- Querido, ¿cómo saliste? ¿Querés, tenés, la dejás pasar?
- Smarc, joven rico y poderoso, ¿qué tal, che?
- Maravilla, mi estimado. ¿Algo para hacer?
- 500 estoy necesitando.
- ¿Te sirve al 7?
- Sí, me sirve.
- Ok, son tuyos 500 al 7.
- Cerrado, hago liquidar.
- Dale, kisses.

Vuelta al teléfono “a”
- Mi rey, 200 son míos al 5 ¿cerramos?
- Cerrado, papurri, mandá a liquidar.
- Listo, ense van.

Con el teléfono “b”

- ¿Mbatecó, mi rey?
- Maravilla y mejorando, ¿qué tenemos?
- Necesito un 300 para cubrir un monito, ¿hay algo por ahí?
- Hablame de plata. Al 6 te puedo dar eso.
- ¿No te sale al 5? Ya pagué eso y quisiera mantenerme ahí, si se puede.
- Bueno, no hay problema. Son tuyos, hacé liquidar.
- Ya es ya, ense van.
- Faló.

Con el teléfono “a”

- Aló, Frodo, tomé call, 200 de bcc8 y 300 de bcc6, ambos al 5, y coloqué 500 a bcc10 al 7.
- ¿Tomaste y diste call money?
- Sí, ganamos alguito.
- Sí, ¿pero quién te autorizó?
- No sabía que había que pedir autorización. Ni idea. ¿Metí la pata?
- Y, nunca se había hecho así. Pero dejá que me ocupo.
- Ya, entonces, ¿la parte de liquidaciones la ves vos?
- Sí, dejá a mi cargo, pibe.
- Oki, gracias.

Al final de la tarde, con la versión final de la posición financiera enfrente, el gerente de operaciones me llamó. El cuate estaba contento con lo del call, se notaba que no había visto antes lo de los cruces, y sólo me preguntó si no era muy riesgoso esa manera de hacer las cosas, dejándome ver que no tenía idea del tema, y permitiéndome deducir que sería él mi jefe directo.

Estábamos charlando sobre eso cuando recibe una llamada del gerente general por el mismo tema, el cual le hace preguntas, que me las vuelve a hacer a mí, y que yo contesto para que las vuelva a retransmitir, así la joda, tal, que termina en un quiere hablar contigo. Ya en el despacho del doc, me dijo que aquello de tomar y dar le parecía estupendo, pero que al momento de tomar plata en préstamo el mercado podía percibir que estábamos necesitados, y que eso nos podía perjudicar. Yo le dije que claro, que lo entendía, con ese tono que se pone cuando uno descubre algo que no había visto, así, mitad sorpresa y mitad agradecimiento hacia el que te hizo descubrir la novedad. La parte de que era el razonamiento más estúpido que había escuchado en mi vida me lo guardé para mí.
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MensajeTema: Trece    Vie Jun 29, 2012 4:34 am

Trece

(1996 – La novela)

El embarazo de V iba avanzando sin complicaciones, de manera que los días transcurrían con esa relativa calma que los normales por un lado adoran y, por otro, terminan odiando cuando acaban determinando que se trata de una rutina. Cuando llegaba el fin de semana, preparábamos algunas cosas y nos mandábamos mudar a Richville ya el viernes por la tarde, si no salía muy tarde del banco, o bien sábado en la mañana, como máximo, y volvíamos el domingo por la tarde.

En el banco me iba adaptando con esfuerzo y paciencia, metiéndole ganas ahí donde veía que podía hacerlo para mejorar esto y aquello, y retrocediendo y callándome la boca cuando me daba cuenta de que no iba a poder modificar algunos esquemas, sobre todo cuando se ponía de manifiesto una abierta o encubierta oposición de ciertos personajes que, tan humanitos ellos, veían en mí una amenaza a su teoría del protagonismo, ya sabés.

Ahora, el asunto era por las noches. Acordate que yo venía de un training de salirme todas, y era la música, el truco y los alacranes. Todo eso se terminó de golpe, sin “la semana de integración”. Si querés, vos podés imaginarte a la pantera que miraba Julio en el zoológico, dando vueltas alrededor de su jaula. Pero eso sería muy sencillo, o incompleto. Porque si a la pantera vos le abrías la jaula se salía y ya. A mí vos me podías abrir la puerta que yo no iba a salir, no sé si me seguís.

Me pasaba la tarde con V, escuchando, interactuando, ya ni mi acuerdo qué frases, qué cosas, hasta que llegaba lo nocturno. Entonces cargaba unas botellas de cerveza en un bolsón y me iba caminando hasta el almacén de Niki, la china eterna. Me saludaba con un “hola, bebé” (cuando iba solo), y yo respondía con un “hola, Niki”. Luego le alcanzaba el bolsón sobre el mostrador y ella se perdía por detrás, desde donde me llegaba el ruido de la puerta del freezer abriendo y cerrándose. Es que a mí me las daba heladas, “las otras”. Las solamente frías estaban al alcance de cualquiera, en el saloncito de entrada. Una cajetilla de Lark, o de Benson, completaban el embarque. Si tenía efectivo le pagaba, y si no, le decía “anotame, Niki”, y me respondía “bueno, bebé”.

De vuelta a casa, subía a mi estudio por la escalera caracol, dejaba una cerveza sobre mi escritorio y las demás las colocaba en el frigo. Escogía un libro, o retomaba el que había dejado la noche anterior, y leía por cincuenta minutos. Después encendía la compu y comenzaba a escribir. Más bebía, más escribía. Más bebía, menos culpable me sentía de estar ahí leyendo y escribiendo y más me entregaba a lo que trataba de decir. Más me entregaba, más comenzaba a dar conmigo mismo. Pero también me cansaba, y aunque me gustaba luchar contra mi cansancio, también me nacía el agobio de tener que volver a la cama, porque V me esperaba, porque al día siguiente había que ir a comprar y a vender, a acelerar y a frenar. Porque había que llevar la vida que todos llevan.
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MensajeTema: Catorce    Vie Jun 29, 2012 4:36 am

Catorce

Si te molesta lo que pienso, o lo que siento, y la manera en la que lo expreso, averiguá las causas, buscale solución, y si no podés darlo vuelta entrá en tu culo. Iba a poner esto en Tweeter, en Facebook, o en mi blog, pero al final decidí postergarlo y dejarlo aquí, como pie de idea. Total, ya después cada cual copiará y pegará lo que crea que le sirve.

El tema es ¿quién puta te obliga a leerme, imbécil? ¿Ves? Nadie. Y ese es el punto, si nadie te obliga a leerme ¿por qué habría de prohibir que escriba, o que publique, o que se me lea? O sea ¿por qué habría que censurarme? Hoy, por decirte, vi que unos indígenas vendían arcos y flechas en la esquina de una avenida, y me dije, bueno, ellos venden eso, y yo vendo libros. A ellos nadie va a venir a requisarles sus chucherías diciendo un “fomenta la agresividad”, o “insta a la belicosidad”, o boludeces por el estilo ¿cierto? Ah, ya comenzaste a hilar, mierda que tenés velocidad, eh?

Entendámonos, que yo te resulte ofensivo, no quiere decir que yo sea ofensivo, igual con lo que siento o digo. Es decir, tu opinión es eso, tu opinión y, como la mía, absolutamente nada más.

Digo todo esto, y me pongo como ejemplo, por el tema de la censura, obviamente. Al respecto, estoy de acuerdo con la restricción de la difusión de tales y cuales temas en relación a la edad del receptor. Ahí, comparto la idea de que no nacemos maduros, y de que nos lleva más o menos tiempo adquirir elementos como para establecer juicios. En lo concreto, restringir la pornografía o el consumo del alcohol a los menores de edad me parece excelente, pero, ir a prohibir la generación de pornografía o la producción de bebidas alcohólicas me parece tonto.

Cercenar la libertad de expresión, censurarla, prohibirla, es, no me cabe duda, producto de la impotencia de quien lo promueve, desde un plano, y parte de una estrategia, mirando otros planos superiores, esto está claro.

Si no querés el racismo, exponé con el ejemplo las bondades de su opuesto de tal manera que cautive, seduzca, enamore, es decir, con tal habilidad que no te queda otra que no ser racista. Igual con todo lo demás. Si no querés obesidad, exponé con el ejemplo las bondades de su opuesto, con todas tus fuerzas, con toda tu alma y todo tu corazón, ja’é chupé, o entrá en tu culo. Pero si no te da el cuero, no vayás a joderle al que vende tortas de chocolate y hamburguesas y pone cajeras rubias de ojos claros en minifalda.

Países de occidente prohíben la emisión de El faro, Irán prohíbe el uso de Yahoo, Gmail y Hotmail, Evo analiza la regulación del uso de las redes sociales. Pensá na un poco el nivel de cagazo, o el nivel de boludez que tiene el público (¿en el que estás?), para que todo esté así.

De repente es al revés, y lo de siempre. Preguntate ¿qué sabés de tu enemigo? ¿qué sabés de tu objetivo? ¿cuál fue el último libro que leíste sobre obesidad? ¿cuál fue el último libro que leíste sobre racismo? ¿cuál fue el último libro que leíste sobre vos? Es decir ¿qué tanto sabés acerca de?

Lo otro es no la revolución ni la re-evolución educativa, sino la educación, sin más. Es decir, sin doctrina. Pero esto es otro tema.

Enlaces:
1- http://www.escuadronesporlaverdad.com/investigar11S/index.php/evidencias/pentagonom/2640-la-television-irani-en-ingles-press-tv-bloqueada-en-eeuu-reino-unido-y-alemania
2- http://www.adl.org/international/Hezbola-en-Espanol.pdf
3- http://www.caei.com.ar/es/programas/dys/29.pdf
4- http://www.eldeber.com.bo/vernotanacional.php?id=120515235654
5- http://www.lavanguardia.com/internacional/20120514/54293901755/iran-prohibe-uso-yahoo-gmail-hotmail.html
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MensajeTema: Quince   Mar Jul 03, 2012 6:08 pm

Quince

1996

El primer fin de mes me quedé como hasta las once de la noche y, la verdad, pensé que tratándose de improvisados sin experiencia de repente habría algún lío que necesitaría de mi presencia redentora, pero nada, al reverendo pedo me hicieron quedar. La segunda vez me quedé con el mismo pensamiento, pero ya metiendo mi cuchara un poco en contabilidad, un poco en cartera, un poco en tarjetas, aquí y allá, pispando un poco a ver por dónde podía saltar la liebre, pero nada, absolutamente nada. Para el tercer fin de mes hablé con Frodo.

- Mirá, viejo, yo no sé si me estoy perdiendo de algo, o si me están ocultando algo, pero por lo que yo veo no tengo nada que hacer aquí después de hora cuando llega fin de mes. Si por ahí alguien se enamoró de mí, no sé, avisame y vemos, pero hacerme quedar al pedo, realmente no entiendo, papá.

- Y más que nada es por los tipos de cambio de cierre, básicamente es por eso.- Me contestó.

- Pero mi rey, eso lo pone el central, y para lo interno, de última, te lo anoto en un papelito y vamos. Aparte, tenés el teléfono de casa, cualquier cosa me llamás, o me llaman y listo.

- Ok, no hay problema, desde ahora hacemos así. Me dejás anotado todo y cualquier cosa te llamo o te llaman de informática.

- Dale.

Listo. Obviamente, para muchos de ellos el tema era una especie de fiesta, porque se hacía traer comida y gaseosas y toda la onda, no sé, de repente se sentían mimados, o se sentían importantes, o alguna mierda así. Para mí, vos metés un asiento correctamente y te tiene que dar un saldo correcto, listo, no hay más. Si el resultado no da, es porque o el asiento se cargó erróneamente, o al procesarse el lote ocurrió algún pedo; ergo, latigazos al operador, o latigazos al de informática y vamos. Pero no podés tener ahí a un montón de operarios pendientes de que el dibujo hecho a mano coincida con el que arroja la máquina todos los meses. Ningún sentido.

Aparte, entendeme, muy aparte, está cuando vos tenés tu otra vida, tu doble vida, he’i soda estéreo. Es decir, si vos tenés cosas qué hacer al salir del laburo, o cosas que querés hacer, o mejor y/o peor aún, cosas que tenés y querés hacer al salir de laburo, no te cierra para nada quedarte un minuto demás. Pero si tu vida se centra, o se limita, o si querés ponerle que se expande en tu laburo, ahí claro que le podés meter doce horas también, llevá tu catre y quedate a dormir ahí, qué problema hay, pero no jodás a otros con eso.

De manera que al tercer mes, cuando con la luz del sol llegué a casa, fue algo más bien sorpresivo. ¿Cómo hiciste para salir temprano? ¿Vas a volver? Interrogó V. Nada, hablé con el contador y no hace falta, ya nos pusimos de acuerdo. ¿Pero no tenés que estar ahí, si es fin de mes? Insistió. No, ya te digo, hablé con el contador, cualquier cosa me van a llamar.
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MensajeTema: Diez y seis    Miér Jul 11, 2012 5:23 am

Diez y seis
1996

En aquellos días, o mejor dicho noches, andaba metido con “Música para volar”, girando en una de esas espirales que a veces me hacía decirles a los alacranes “no puedo salir” de tal tema, o de tal disco. Porque hay temas y discos y tiempos así, convergencias que no necesariamente se dan a la primera, sino semanas, meses o incluso años después, en donde repente es que cazás el sonido y verdaderamente enchufás, pudiendo llamarse “todo Brahms”, o Gerald Garcia (Etude 24), o lo que querrás.

De acuerdo a las instrucciones recibidas en el mamá club, V ya estaba con cara de circunstancia, es decir, la nariz ya se le había hinchado notoriamente, así que en cualquier momento llegaba el barco. De hecho, ya había comenzado a sentir algunas molestias y su madre hacía días que andaba por la casa. Ahí se me complicaba un poco la espiral, justamente, porque debajo del estudio estaba la habitación en donde se instalaba mi suegra, y entonces no le podía dar al volumen y soltarlo a Cerati como hubiese querido.

Estando en ese rango espiral de Música para volar, mi suegra concluyó que para el alumbramiento aún faltaba un trecho, de manera que agarró sus cosas y se volvió para Richville. Y claro, justo esa madrugada V comenzó el trabajo de parto.

A primera hora de la mañana ingresamos a la clínica, a un par de cuadras de casa, en el Santa Clara. Dejé a V y fui al banco a avisar del tema. Ahí le canté la posición al contador y al gerente comercial, les anoté la pizarra del día y unas cuantas indicaciones respecto de algunos clientes. Luego volví junto a V.

La gente que iba a atender el parto ya estaba avisada y en camino, igual mi suegra que, llegó a Richville, dejó sus cosas en el suelo y las volvió a agarrar para volverse. Magy y el viejo ya estaban como para sacarse fotos en la sala de espera. V estaba dilatando en tiempo y forma y yo estaba relativamente tranquilo (si eso existe), de manera que todo iba perfecto, salvo por un detalle, no había quirófano disponible.

La epidural se la colocaron en el pasillo, y cuando ya creía yo que el tema iba a ser de película, que el nacimiento iba a ser en el pasillo, ahí sobre la hora se liberó un quirófano y entramos tipo “go go go”. A mí me llevaron aparte, y menos mal lo del mamá club, y que me funcionó la memoria, porque mediante las clases, aunque teóricas, no me metí ningún pedo y pude esterilizarme y dejarme vestir al tiro sin armar ningún quilombo.

Una vez en el plató me conforté al ver rostros conocidos, la ginecóloga, la pediatra y mi cuñado. Me acomodaron en la cabecera, detrás de V, que estaba relajada, o eso parecía. Y ahí comenzó el show. Y sí, así como en las películas, que puje puje, solo que en paraguayo, empujá, empujá, toda la onda. ¿Y qué iba a hacer yo ahí? Y alentar…, dale dale, fuerza fuerza. No sé cómo no me echaron, y menos mal que no se filmó, che, porque yo gritaba como si fuese una final.

Ahora, esto del empujá empujá, se da cuando vienen las contracciones, o sea, tiene su momento. Una vez que pasa todos aflojan y se espera a que vuelva la siguiente, tipo tensión distensión. Tras uno de estos ida y vuelta, en algún punto, la ginecóloga cruzó una mirada con mi cuñado, con ese lenguaje que entre colegas manejan. Fue un gesto sutil, breve, apenas un guiño, y ahí mi cuñado se abalanza sobre la panza de V y se aferra a la camilla haciendo presión quedándose así unos cuantos segundos interminables. Yo me quedé helado, mudo, paralizado. Nacía mi primer bebé.

En una nada de tiempo, como un halcón al que no lo viste venir y que sólo captás al último momento de su carrera predatoria, ya estaba la pediatra rajando con la cría para hacerle no sé qué cosas mientras el llanto ganaba el quirófano. Instantes después me llama y me coloca al bebé en mis brazos. Yo separé mis piernas por reflejo, como para entrar en combate, y me quedé tan duro que no iba a haber huracán que me mueva.
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MensajeTema: Diez y siete    Mar Jul 17, 2012 6:06 pm

Diez y siete

Ecosistemas

Supón una pared, un muro, y que le hacés una perforación con un taladro como para poner un tarugo y luego un tornillo. Una vez que lo hiciste, tenés un agujero y el polvo que te queda. Ahora, si te fijás, lo que hiciste es una extracción. Si en lugar de polvo, lo que sale es petróleo, gas, oro, estaño, hierro, o cosas así, podés ver que el mercado, o la industria extractiva de minerales va de sacar.

Ahora, supón que no se trata de un solo agujero, sino de varios, y que el muro no es rectangular o uniforme, pero que aún así tiene una estructura “global”, es decir, una forma que de repente va más allá del metro cuadrado que vos podés ver. Que en lugar de un muro sea un andamiaje inserto en otros andamiajes móviles; como tus huesos, que siendo sólidos están instalados entre flujos de sangre y otras mezclas de sólidos y líquidos. Si me seguís, entenderás que un hueco en el andamiaje provocará un efecto en el andamiaje mismo por el peso del resto de la estructura, y por la presión de lo que rodea a la estructura. Si perforo tu fémur, no sólo no podrá sostenerte, sino que por ese hueco ingresará sangre y demás. El cómo estaban las cosas pasará a ser el cómo están ahora.

Muy por fuera de los Haarp… imaginate las minas de diamante, los muchos años bajo enorme presión a los que fue sometido ese mineral para que en lugar de grafito sea ese cosito brillante que algún vocalista lleva en su diente. O el oro, si querés. Dónde estaba el metal y en dónde termina. Esto es, si lo sacás de un sitio y lo ponés en otro dejando un hueco en el lugar de origen alguna cosa va a pasar. Ahora, calculá cuántas minas de diamantes, oro, hierro, estaño, cobre, etc. Sumale el petróleo, el gas, el carbón. Pensá en dos cosas ¿A dónde van a parar las cosas que se sacan de un espacio? ¿No te parece que pasado un tiempo algún temblorcito habrá de darse si sólo sacás?

Luego, para explotar una mina, o dirigir un yacimiento petrolífero, sí o sí necesitás de la aprobación del gobierno de turno, por lo que de un lado están los empresarios (tan malitos ellos) y del otro lado TUS representantes (tan bien electos ellos), o TUS monarcas (elegidos por dios). ¿Será que estos tíos el único hueco en la pared que se plantearon es el de Pink Floyd? Para mí que tienen una telemetría que te cagas, y que como Higuita, lo tienen todo medido, en el sentido de “macho, pueden vivir con dos metros de pared, si los ocho metros restantes se caen, a la mierda, mejor para nosotros”.

Entonces y así, cuando el electo por el pueblo, o por dios, sale y dice que por patriotismo, o por profundos principios teosóficos dictados por la pachamama, hay que defender lo del petróleo, lo del gas, y boludeces así, me vuelvo a plantear qué tan humanos son, más allá del estuche que portan.
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MensajeTema: Diez y ocho    Jue Jul 26, 2012 6:44 pm

Diez y ocho
1996 – Cólico

La primera vez fue como que sorprendente, pero como los dos teníamos el doctorado en ignorancia, más bien la dejamos pasar. Ya la segunda vez, al día siguiente, la cosa ameritó marcar cita urgente con el pediatra para ver de qué se trataba. Mirá, algo así como una trompada debajo de la oreja, o tener enfrente un muro de cuatro metros de alto y sin sogas, o el cepo. Simplemente dijo “tiene cólico”, y listo, nada que hacer. Como mucho, como mucho, digo, unas gotitas de algo, y preparar una bolsita de tela de algodón con manzanilla dentro, que había que calentar con plancha y pasarle por la pancita. Lo otro era mecerle semiverticalmente, tomándole del mentón y del vientre, cosa que te partía el brazo a los veinte minutos. La cosa iba a durar unos tres meses, dijo, y pasaría automáticamente. Agregó que había que tener paciencia, y que lo normal era que “llora el bebé, llora la madre”.

Para cuando llegaba del banco ya V2 hacía como una hora que había comenzado a llorar. Yo la tomaba y aplicaba la técnica de mecerla, cosa que la calmaba un tanto, pero, como te digo, a los veinte minutos te rompía el brazo, así que pasado ese tiempo la acomodaba al modo tradicional para reposar un poco, y ahí ella rompía con todo otra vez. Así que cinco minutos me quebraba los oídos, y vuelta a mecerla, y así una hora, una hora y media. Luego se lo pasaba a V, y ahí lloraba un rato más. La cosa duraba entre dos y tres horas, todos los días.

Una de esas tardecitas Magy no aguantó más, y detrás de la ventana nos gritó que si no teníamos plata para pagar un pediatra ella nos daba, pero que hagamos algo. En ese momento pensé “estos hebreos no fallan, carajo”. Le dije algo así como que se tranquilice, que ya me hacía cargo. A V le dije que prepare sus cosas y las de V2, que las llevaba a las dos a Richtville. Cuatro horas después estábamos en Richtville, y ocho horas después yo estaba de vuelta en Asunción.

Así, abuela, hija y nieta pasarían una temporada juntas y digamos que sin interferencia de extraños. A V le serviría para adquirir y dominar esas técnicas precisas que sólo en la cancha se aprenden respecto de los bebés, y a mi suegra no le iba a venir mal estar ochenta horas al día con su nieta en brazos.

Al que se le resquebrajaron algunas partes del chasis fue a mi suegro. Y sí, dicen los testigos que cuando V2 comenzaba con el llanto, el tipo sencillamente no lo podía aguantar y se mandaba mudar y se iba a cualquier parte. De repente es por ese “trauma” que hasta el día de la fecha, estando él presente, a V2 no se le puede decir nada, en el sentido de putearla, digo. Si alguna vez a V2 yo la mandaba a su habitación o algo así por algún pedo que se había metido, el suegro cambiaba su cara a uva pasa directo, y se quedaba mudo, mal quedaba, herido.

Respecto de mí, ese tema de tener que desprenderme de mi beba a los pocos días no fue tan dramático como pudiera pensarse o creerse. En su momento pensé que eso se debía a que mi hijoputez no tenía límites y que era un desalmado de ley, pero luego leí que lo de la paternidad, toda la onda esa del afecto y demás te viene con el tiempo, que incluso a veces te toma un par de años, o sea, no es ahí a la primera. Repito, en lo normal, que hay cada guacho que de una queda loco (por lo menos mirando desde fuera, claro).

La cuestión es que de alguna manera había perdido un poco la apuesta, e iba tener que mudarme. De manera que toda la estructura montada se iba a la mierda, habría que desmantelarlo todo y llevarlo a otro lugar. Y sí, exacto, ¿a dónde?
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MensajeTema: Diez y nueve   Mar Jul 31, 2012 6:14 pm

Diez y nueve

La educación - 1


Leí sobre las elecciones de Grecia y me entero que triunfó de nuevo el Euro, por lo que concluyo que la gente realmente es burra, es decir, que no tiene puta idea. Miro de lejos y me pregunto si estos griegos, con la historia que tienen, no deberían estar mejor que Bolivia o Paraguay, y me acuerdo del mariachi “no hay que llegar primero, sino hay que saber llegar”, por burlarme un poco, digo, pero ni así. Por supuesto, recuerdo a los británicos y su no entrada al Euro, su “yo estoy loco, pero no como vidrio”, y comparo mi actuar en ciertas fiestas de cachaca, donde si el taita no se metía con tales cuates, o con tales pendejas, yo tampoco lo hacía.

Ahora, ¿no sabían lo que hacían cuando compraron los pasajes? Es posible que no, porque es muy posible de que nadie les haya enseñado. Nos enseñan, si es que nos enseñan, sólo un lado de la moneda, y esta es la cagada. Nos enseñan a construir un motor a agua, a aire, a orín, pero no nos enseñan a pensar a quién vamos a perjudicar con tal y cual invento, ni a pensar sobre cuál es la razón última por la que tal o cual invento constituye un perjuicio para tal o cual grupo de “personas”.

¿Quién debiera enseñarnos esto? Primero nuestros padres, y segundo nuestros putos maestros de primaria y secundaria, obviamente. Lo que no saben los primeros, lo sabrán los segundos, y viceversa. Ambos deberían acompañarse en un positivo sentido de desarrollo, y no en un sentido negativo de movimiento hacia el absurdo. Pero, si esto no se da, no es más que por una pequeña falla incrustada eficientemente en el colectivo, y esta falla consiste en la aprehensión de la propia inutilidad y su posterior proyección. Esto es, uno comienza por decir yo soy un inútil, y luego dice, como yo soy un inútil, el que está a mi lado y enfrente, también lo es. Así, cuando uno, convencido de ser inútil, de todos modos consigue un puesto de maestro, pasa a ser dios y, el alumno de guardapolvo sentado enfrente, de inútil pasa a ser inútil incurable, al que hay que tratarlo como eso, como un inútil incurable.

De acuerdo al evangelio según la ciencia (Mateo) todos podríamos ser como dioses, siguiendo cierto razonamiento de orden físico necesariamente todos estamos construidos de la misma materia, pasando por el pop todos podemos ser héroes, si vamos a lo poético de “genios y locos” todos tenemos un toco. Entonces, habría que comenzar por dejar de tratarse a uno mismo como inútil que, bien mirada, es la posición más cómoda que existe, porque al lisiado no se le puede pedir nada, se le exime de responsabilidad de una. Si te fijás, si no sos un gran inútil de mierda, es ahí cuando te van y te vas a pedir hacer cosas, y ahí está la educación, no en los titulitos, las medallitas y las invenciones, que el fuego ya quema y la rueda gira ya hace rato, hace mucho rato.

Te planteo una cosa, de lo que ganás, el gobierno te saca una parte, ¿cierto? Bien, ¿en dónde está ese dinero? Si vos ganás USD 100,oo y el gobierno te saca USD 25,oo, ¿dónde están los USD 25,oo? Si no sabés exactamente en dónde están, es porque sos un inútil. Parte de tus ingresos se los das al gobierno, pero no sabés exactamente qué hace con tu dinero, eso uno. Y luego, fijate en las universidades, colegios y escuelas, normalmente no pagan impuestos, como tampoco las iglesias (“caramba, qué coincidencia”).
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MensajeTema: Veinte   Mar Ago 07, 2012 6:45 pm

Veinte

El Bronx - 1996

Frodo era un tipo inteligente, así, frase hecha. Solía hacer bromas de las que sólo él se reía sin importarle que nadie más lo haga, en las que se vanagloriaba de su ingenio y velocidad de respuesta. Cuando de repente tocaban esos picos de inactividad y yo subía hasta contabilidad o informática para joder un poco las bolas, iba un rato junto a él, me sentaba en frente y charlábamos unos minutos. Yo le pasaba chismes del mercado, cosas de precios, y lo que atisbaba de ciertas posiciones que entreveía que habían asumido algunos de los muchachos, y él me cantaba cómo veía el panorama a nivel macro, de manera que como que los dos salíamos un chiqui enriquecidos. Como que él me decía cómo veía la carrera, y yo le decía como estaba la pista desde dentro.

En una de esas charlas, así, rápido y breve, le comenté que tenía que mudarme, que andaba buscando departamento, y que si por ahí sabía de algo que me pase el dato. Saltó al tiro diciéndome que justamente su mamá tenía un departamento que no usaba, y que a lo mejor me interesaba, pero que el barrio no era bonito, hacia Sajonia, en los monoblocks de IPVU. Me cagué de risa, “¡en el Bronx!” le dije. Se rió conmigo agregando un “¿conocés?”. Le conté que, justamente, uno de los hermanos de mi esposa vivía en uno de esos departamentos, y que por mí fantástico, si estaba entero y si el precio era razonable. Me dijo que iba a hablar con su mamá para ver si lo iba a alquilar y por cuánto; obviamente su vieja iba a hacer lo que Frodo diga, así que le dije “andá”.

Un par de días después fuimos a verlo. Estaba en un tercer piso, en lo más alto, obviamente que sin ascensor, y como había un block de planta baja, lo que subías eran cuatro pisos de escaleras. Fuimos subiendo y Frodo se puso en modo vendedor (cosa que le salía bastante mal), hablándome tanto de las bondades de la ubicación como de las del departamento. Cuando llegamos desllaveó la puerta y bueno, eso fue de terror. Todo mal. No sé cómo decirlo sin entrar en descripciones fílmicas, cosas por todos lados en absoluto desorden, “un tornado arrasó mi ciudad y mi jardín primitivo”, algo así. Y sucio, asquerosamente sucio. Ahí no había entrado nadie en meses, estaba claro.

Habían una sala/comedor/cocina, un único bañito con espacio para sólo el inodoro (un bidet ya no entraba), tres habitaciones, y un balconcito como para lavar la ropa. La pensé. Vacié todas las estancias, pinté de un tono pastel las paredes, de un blanco tipo hielo el techo, de otro tono pastel las puertas y de un subtono los contramarcos. Trasladé los muebles que tenía en casa y los fui ubicando de manera de tener comedor, sala y cocina. En la primera habitación mi estudio, en la del medio la de V2, y en la última la que sería de V y mía. Al menos mentalmente la mayoría de los muebles me cuadraban, ya sabía que alguna diferencia podría llegar a surgir una vez puestos, pero sería algo menor. De manera que por mí estaba hecho.

Tanto desorden y suciedad le jugó en contra al Frodo, eso pienso, porque me lanzó un precio barato. Sé que en sí el departamento no daba para pedir mucho más, pero sí para pedir más. Cuando al preguntarle cuánto y responderme tanto le dije “ok, cerrado”, como del alma le salió un “¿en serio?”. Recién ahí más o menos entreví la distancia entre lo que él veía y lo que yo.
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MensajeTema: Veinte y uno   Jue Ago 16, 2012 5:56 am

Veinte y uno

Educación – 2

Todos tenemos entre catorce y diez y seis años y es nuestra primera clase de economía. La profe nos da como tarea averiguar en qué trabajan nuestros padres, cuánto ganan mensualmente, y cuánto de lo que ganan aportan al fisco. Nos pide, además, que vayamos hasta las oficinas de impuestos a comprobar qué niveles impositivos están establecidos para los rubros a los que se dedican nuestros padres, que tomemos nota tanto lo que nos responden como de los datos del funcionario que nos da las respuestas.

La idea, dice la profe, es que la próxima semana, cuando vuelvan con la tarea hecha, sepamos cuánto dinero sale de este curso mensualmente y va a parar al gobierno, y también monitorear la calidad de la atención al cliente de la oficina de impuestos.

La primera lección nos la dio doña Conchita Circuncisa del Niño Jesús, de la oficina de impuestos, que en una nada de tiempo, tan solo llevando la mano hasta una bandeja y volviéndola a traer nos facilitó a cada uno, de forma impresa, no sólo el listado de las categorías de los contribuyentes y el porcentaje que deben tributar, marcando con un resaltador de texto el reglón y/o los reglones correspondientes, sino también el formulario con el que se declara, se presenta y se realiza el pago (cuando cabe), del impuesto. Algunos, sorprendidos preguntamos si acaso sabía que íbamos a venir, a lo que respondió que sí, porque todos los años es lo mismo, que vienen de todos los colegios, y que le sirve para promocionarse porque luego sus superiores reciben un reporte respecto de la atención que brindó.

Lo siguiente ocurrió en la segunda clase, para la cual la profe tenía preparada una planilla tipo, proyectada a la pizarra, en donde figuraban los nombres de nuestros padres, y sólo quedaba por cargar el rubro, los ingresos, y el monto de impuestos. Siguiendo la lista, nos interrogaba y, si por ejemplo, uno decía “arquitecto”, ella colocaba en la casilla de rubro el número “7”, y la casilla devolvía automáticamente la palabra “arquitecto”, es decir, cada rubro tenía un numerito, y la profe se los sabía todos. Luego, tras decirle el monto de los ingresos, ella lo cargaba y automáticamente la planilla arrojaba el monto correspondiente al impuesto.

Después de unos pocos minutos la planilla estuvo lista, y la profe nos señaló el total del dinero que nuestro curso (nuestros padres) generaba, y el total que pagaba en concepto de impuestos. Nos dijo que imaginemos que ella era el gobierno, que el total del dinero generado al mes es nuestro, que el total de impuestos que pagamos es un dinero que se lo damos a ella para que haga con él lo que nosotros decidamos, y que parte de ese dinero será para ella, en concepto de salario por tomarse el trabajo de hacer eso mismo: emplear nuestro dinero en las cosas que nosotros queremos que se emplee. Nos pidió que vayamos pensando y anotando en qué querríamos gastar ese dinero que le entregamos.

Luego, la profe comenzó a jugar con la planilla. Con un clic en el encabezado de rubro la ordenó por ese rango, y con otro clic lo graficó. Vimos entonces cuántos albañiles, abogados, ingenieros, zapateros, costureros, laboradores del hogar y demás habían, y su, digamos, tamaño o estatura en el gráfico. Seguidamente deshizo este ordenamiento y con un nuevo clic ordenó la planilla por el nivel de ingresos, dejando como sub-rango el rubro, y así pudimos ver quiénes ganaban más y quiénes menos, cosa que dejó ver que no necesariamente los que pertenecían a un rubro cuyo nivel académico era más complicado eran los que mayores ingresos tenían. Volvió a deshacerlo todo, y esta vez ordenó la planilla por el monto de los impuestos pagados, y como sub-rango una casilla que se nos había pasado por alto, la que marcaba su relación con los ingresos. Ahí pudimos ver que si bien algunos ganaban menos a veces tributaban más, cosa bastante rara e inesperada.

Como ven, dijo la profe, esto es un quilombo. A uno, por ser recolector de basura le quitamos tal porcentaje, a otro, por ser pediatra, le quitamos cual porcentaje. Al que corta el césped le sacamos x porcentaje, y al abogado que litiga un divorcio le sacamos z porcentaje. Pero esto no termina aquí.

La profe guardó la planilla con el nombre de Módulo 1, luego fue a la barra de herramientas y le dio clic a importar. Comenzaron a transferirse datos, después de lo cual volvió a guardar la nueva planilla con el nombre de Módulo 2. Nos explicó que lo que acababa de hacer es adherir a los datos que le habíamos proporcionado los datos de los otros dos cursos paralelos al nuestro, del colegio. Antes del volver a jugar con el Módulo 2, nos preguntó si recordábamos los gráficos anteriores y comenzó a jugar. La cosa había cambiado. Por decirte, en el gráfico en el que los médicos estaban por el medio ahora se fueron para arriba, y los abogados, que estaban para arriba, ahora se habían ido para abajo. En el gráfico en el que los editores estaban abajo, ahora aparecían arriba, y los predicadores que estaban por el medio ahora estaban abajo. Y así, todo había cambiado. ¿No les dije que era un quilombo? Dijo la profe. Y siguió.

Un rato después, una vez estuvo segura de que internalizamos que el panorama había cambiado, volvió a la barra de herramientas y al tema de importar, de nuevo la transferencia de datos y claro, ahora guardó la planilla como Módulo 3. Nos dijo que ahora se trataba de las cifras de todos los cursos paralelos al nuestro, pero de todo el condado.

Bien, señores, de esta mierda hablamos en economía. Dijo la profe. Ahora tuvieron una serie de visiones parciales. Recuerden el momento en el que anotaron los ingresos de sus padres, el momento en el que vieron las cifras del curso completo, el momento en el que vieron las cifras de los tres cursos del colegio, y este momento en el que visualizan las del condado. Recordando eso, para la próxima clase, me trae cada uno la lista de cosas en las que quiere que se gaste el dinero que se me da a mí, como gobierno, para que lo haga y, además, cuánto están dispuestos a pagarme para que lo haga. Gracias.
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MensajeTema: Veinte y dos   Miér Ago 22, 2012 6:41 pm

Veinte y dos

1996 – Previa al Bronx

Era verano y el calor se acostaba boca abajo sobre Asunción. Al mediodía, sobre el asfalto del centro no sólo podías fritar un huevo, sino que un lomito también, y por ahí si te descuidás hasta una hamburguesa. A la hora del almuerzo, daba para dudar entre salir del banco y sentir la típica superioridad de los más de cuarenta grados a la sombra, o quedarse a manyar en el comedor del último piso al amparo de los splits. Yo optaba por salir y comer en un barcito, primero, porque eso de llamar o que me llamen mientras estoy al teléfono laburando a full para definir qué es lo que voy a comer nunca me cerró, y el tema era que todos se hacían traer comida de tal o cual proveedor de almuerzos, es decir, “hola, soy Dolly, hoy tenemos sopa de verduras y tallarín de carne, locro con bife y arroz, y también ensalada rusa, ¿qué va a querer?”, y vos ahí, con el mercado lleno de pirañas y tiburones, tratando de morder sin ser mordido, al tiempo que te llama la vieja boluda que se toma cinco interminables minutos para cerrarte mil dólares, o el viejo jeropa que para comprarte cincuenta mil dólares te pide le relatés la historia del tipo de cambio, las tendencias de la economía y, aparte, que le escuchés sus propias teorías; y segundo, porque en el comedor del banco iba a tener que sentarme en alguna mesa en la que necesariamente iba a compartir espacio y tiempo con quién sabe quién y, como la mayoría me resultaban idiotas, ya me veía contestando sus preguntas de mierda del tipo “¿y vos sos casado?”, “¿y tenés hijos?”, “y dónde estabas antes?”, con lo que fija la comida se me quedaría en el esófago y chau mis treinta minutos de desconexión.

A la tardecita, ya en casa, las layotas de la terraza todavía quemaban. No daba, por decirte, ni para poner los pies descalzos sobre el piso. A esa hora, tras llegar del banco, me tiraba una siesta con el aire acondicionado al máximo y, como estaba solo, en el medio de la cama crucificado en equis boca abajo, como algunos cabalistas. Después de dormir media hora me daba una ducha, me preparaba un super tereré con abundante hielo y un buen toque de limón, subía a mi estudio y comenzaba a leer. Luego de una hora, o una hora y media de lectura llamaba a Ritchville a recibir y reportar novedades. Finalizada la interactuación “a distancia”, iba a lo de Niki a comprar cervezas.

Ya de vuelta en mi estudio, volvía a colocar el o los libros que estuve leyendo en la biblioteca, encendía la compu mientras me llenaba la primera manija de birra, le daba un vistazo a lo último que había escrito a ver si por dónde había quedado, y así comenzaba a distenderme como a tensionarme.

Con el monitor enfrente era otro, y era yo. El personaje que estaba generando en parte era mi proyección, y en parte mi idealización; a veces, lo que le pasaba me pasaba a mí pero en otros escenarios, claro. A veces él hacía cosas que yo nunca hice, y otras, se abstenía de hacer lo que yo sí hice un montón de veces. Con los que le rodeaban sucedía igual, eran y no eran los que a mí me rodeaban, más o menos difusas las líneas, más o menos intensos los colores. La auténtica diferencia era que al escribir no tenía que estar midiendo todas y cada una de las consecuencias.
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MensajeTema: Veinte y tres   Miér Ago 22, 2012 6:45 pm

Veinte y tres

Estafas emocionales.

Bueno, fue una de esas veces en las que se cumplió el propio “las cosas hay que tomarlas de acuerdo a de donde vienen”. Primero fue un correo, luego lo vi en el foro en el que participaba, y finalmente hasta V2 se enganchó. La Susan Boyle estaba rompiendo todo, incluyendo mis bolas.

Y es que la cosa estaba armada así, fijate, en un ambiente en donde el pop tiene unas estrellitas por debajo de lo lamentable, en donde los latinos andan con clips en los que las tías salen mostrando tetas y culos, los tíos salen con gafas de sol con cara de enojadísimos como si el patio de su casa fuese Gaza, y en el que las letras tienen la profundidad de un mi mamá no me mima, ahí es donde aparece Susan, gorda (o excedida de peso, como querrás decirle), un tanto desprolija, y portando una edad (47), que hasta Madonna duda en usar, pero, con un registro y un timbre en absoluto despreciables.

Para variar, a algunos les expresé mi tradicional “es una mierda”, a otros no les dije nada, y a unos cuantos el popular “qué bueno”. Y por mí, allá en el fondo, pero de la gran puta, una maravilla, un gol, siempre desde el punto de vista de amateurs que no tienen mucha idea de qué mierda está pasando y que suben al escenario con las mismas ganas y pilas que suben los coros, los grupos, o los solistas en un concurso de colegio. Hasta ahí.

Ahora, lo que hay que entender, y es algo que mucha gente ni siquiera se lo piensa, es que hay una distancia entre la composición y la interpretación. Te lo pongo así, si tenés el tema no te van a faltar intérpretes. Como ejemplo tenés el último karaoke al que fuiste, en donde fulanita y menganito cantaron tan bien que les dijeron “tenés que grabar algo”, como el caso de Pavarotti que le faltó cantar con Shakira, y mil más. Entonces, cuando vas e interpretás lo ajeno, no te digo que entrás perdiendo, pero sí que entrás con una distancia que te separa del que entra a interpretar lo que compuso. Del otro lado de los ejemplos lo tenés a Liszt, que tocaba y componía, y que para Saffle fue el mejor pianista de todos los tiempos.

Entendiendo esto, que me vengan a decir que la Susan es un ejemplo, realmente no me cabe. A Cecilia Bartoli jamás le calentó el tema del peinado, ni del peso, si vamos por ese lado del mambo. De repente a Ruthie Henshall sí le importa o le importó, o vino con un estuche que tal. Y ahí te quiero ver en las distancias entre las tres “más allá de lo visual”.

De todos modos, lo cierto es que en tanto Susan va por 95 millones de visualizaciones en Youtube, Ruthie anda por las 78 mil y, de las dos, Ruthie me gusta más. De manera que sólo puedo recordar esa frase que dice “coma bosta de caballo, mil moscas no pueden equivocarse”.
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MensajeTema: Veinte y cuatro   Miér Ago 22, 2012 7:08 pm

Veinte y cuatro

1996 - Microsoft Certified

En un banco grande es común que los funcionarios de un departamento determinado no tengan idea de lo que sucede en otro departamento, es decir, los de cartera van a lo suyo sin tener idea de por qué lado del río van los de tarjeta; estos se mueven sin prestarle atención a lo que pasa en caja, en caja cada cual le mete a su faena sin conciencia de lo que sucede en comercio exterior, y todo con un gran viceversa. Recién cuando uno va subiendo de nivel jerárquico es que va asumiendo las implicancias de todos los mecanismos, y es por los niveles gerenciales que se puede visualizar y sentir la maquinaria entera, desde el guardia que está en la entrada de cada sucursal hasta el resumen de posición financiera y económica impreso en un papelito.

En un banco chico, para bien o mal, todos tienen más o menos conciencia de la existencia de los demás, o sea, digamos que todos los departamentos son igualmente importantes, mirándolo desde el lado positivo, o todos son igual de rompebolas, viéndolo desde el lado negativo.

Ahí en el bcc16 el departamento que llamaba la atención era el de informática. Era una suerte de bisagra que te dejaba o no te dejaba abrir o cerrar ventanas o puertas. Podía ser un puente de seis carriles, como un cuello de botella, dependiendo de por dónde venías y a dónde ibas. Y es que arriba estaba un muchacho, más o menos de mi edad, más o menos de mi estatura, y más o menos con mi carácter y, sí, de mi signo zodiacal, exacto, un histérico mal. Rojo o azul, blanco o negro, se hace lo que digo y no doy explicaciones.

El cuate era un Microsoft Certified, de manera que se las sabía todas por ese lado, y yo no tenía puta idea. Calculá cuando me dice que mi dirección de correo electrónico es tal, y que cualquier cosa me entre a contactos, busque a la persona y mande el correo con lo que necesite. ¿Que cómo? Yo había escuchado de Internet y del tema del correo electrónico, pero hasta ahí, escuchado.

Por otro lado, yo venía del DOS, y ahora tenía un entorno Windows. Del bote me subía a una lancha. Ahí, por decirte, como yo hacía el seguimiento de las tendencias, mis cálculos personales, mis gráficos y demás en Qpro, le dije si me podía instalar ese programita. Me mandó al carajo. Le dije, de verdad que humildemente, le dije que no tenía idea de cómo era el Excel, y entonces me dio un libro de 500 páginas de Excel. Mierda. Al lado, juas, correcto, yo que estaba orgulloso de pasar del Word Star al Word Perfect, ahora tenía que vérmelas con el Word, y lo mismo, otro libro de 500 páginas. Con él era así, si no sabés, ahí tenés el libro, ah, y si querés la sencilla, dale F1, chau.

Muy aparte estaba el sistema operativo contable del banco, que en ese momento era el AS/400, y que no estaba nada mal, porque herramientas le sobraban, solo que, justamente, venía virgen y había que volverle puta, y para eso hacía falta un buen desarrollador. Aquí el cuate se perdía, y era donde se abría la otra ala de informática, la parte de redes, por decirlo de alguna manera. Pc’s por un lado, redes por otro.

Qué querés, la necesidad obliga. En un par de semanas no te digo que estaba volando, pero ya andaba al trote tanto con el Office como con el AS/400. Obviamente, con el cuate, pese a repelernos, terminamos llevándonos más que bien. Él sabía, y yo quería saber.
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Silvio M. Rodríguez C.
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MensajeTema: Veinte y cinco   Mar Sep 04, 2012 7:15 pm

Veinte y cinco

La siquiatra quiere hablar conmigo. La primera vez que hablamos le dejé en claro que yo no tenía ganas de hablar con ella, y la segunda vez, cuando me preguntó si había algo que le quería contar, ya dándome cuenta de que iba de imbécil, le dije que tengo cierto dominio de la lengua española, que preste atención a lo que digo, y le agregué un “vos hacés las preguntas, yo respondo”.

En esa segunda ocasión quiso abordar el tema de mi alcoholismo, ya te imaginarás, así, en puntas de pie, onda bondad. Yo se la hice fácil, y le dije que no se ande por las ramas, le expliqué que más bien tomo poco todos los días, casi nada, pero que una o dos veces a la semana, abro el portón y me voy a la mierda. Entonces, la pobre, me pregunta si no será que tomando quiero evadirme de ciertas cosas. Me reí. Le dije que no hace falta ser siquiatra ni tener dos dedos de frente para darse de cuenta de eso.

Me preguntó si qué sentía cuando tomaba. Ahí sentí que los portones de madera sujetados con cadenas y candados, los puentes levadizos puestos en vertical, y todas las bóvedas con seguros electrónicos y claves activadas a huellas almáticas que protegen mi imaginación iban a reventar. Estuve a punto de inventar, que vamos, en una micra temporal se me vino un discurso como para el suicidio, pero me abstuve. Le dije, que de todas las fases de la borrachera, yo llego a la euforia, y de la euforia a la laguna, con algunos vómitos, de cuando en vez, en el proceso. Que la depresión viene después, al día siguiente, pero que a las 8 o 12 horas pasa.

Entonces me indagó de por qué tomo, mostrando la T. Yo disparé. Está todo en mis libros, le dije.

- Ah, sí, cierto, vos escribís. Y no pensaste en publicar?
- Ya lo hice, tengo unos diez publicados, creo, no los cuento.
- ¿Ah, sí? Pero cómo no me entero, ¿será que vivo bajo una piedra? ¿Y cómo puedo comprarlos?
- Esa computadora que tenés ahí, ¿tiene acceso a internet?
- Sí.
- Bueno, ahí tenés el cómo.
- Voy a buscarlos.

Había escrito, yo había escrito, que llegar a tiempo es un poco vencerlo. Adelantarse al tiempo es ya de profetas, que deviene de poeta, que originalmente va ligado a la música, ergo, sonido y profecía. Ya por los tiempos de La agenda de Andrea, Andrea escribió: “Y el tiempo y el espacio en culpas/ Los pocos versos que intentaba sostener/ Sin piedad se tornaron profecía”.

En su página, Dualidad cita a Lawrence Durrel “Un artista no vive una vida personal como nosotros; la oculta, obligándonos a acudir a sus libros si queremos alcanzar la auténtica fuente de sus sentimientos”. Así que si querés saber, ya sabés dónde buscar. El F1, tiene la corriente, pero la fuente está en los libros. Esto es así.

Mañana iré a hablar con la siquiatra, y te apuesto dos cervezas a que a la pregunta de “¿qué fue lo último que leíste de mí?”, su respuesta será “bueno… yo…. la verdad que…”, la típica.

Andrea: ¿Y si te leyó el poema que te publicaron en aquella antología del PEN de Bolivia?
Smarc: A ver, ¿cuenta UN poema de un autor que tiene miles?
Andrea: Si el lector es avezado, sí. Ahí tenés que “Las causas”, a vos pudiera bastarte y sobrarte.
Smarc: Como a vos “Cierra”
Andrea: Tal cual, entonces el punto es que pudiera.
Smarc: El punto es que estamos con un lector copiar y pegar, dadas las preguntas que hizo, eso está claro.
Andrea: Vos estás muy seguro con tu apuesta, ¿No?
Smarc: Perdí pocas veces.
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