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 Diario del puto

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Silvio M. Rodríguez C.
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MensajeTema: Diario del puto   Jue Abr 25, 2013 2:05 pm

Diario 1

Escribir lo que uno se propone escribir es ya desnudarle de posibilidades a la empresa desde su principio mismo. Al contrario de lo que pudiera hallarse en la historia, el acometer una guerra plástica llena de finalidades y cronogramas sólo tiene sentido en la medida de la sucesión de traiciones. Por supuesto, los estetas dirán que dado el plan, lo bello no está en realizarlo, sino en hacerlo lo mejor que se pueda. Afirmación parecida a la de los músicos de poca excelencia, aunque de gran trayectoria, que terminan por creer que en un concierto lo importante es el esfuerzo que el intérprete principal realiza en equivocarse lo menos posible, y nada más. Consiento en que mucha gente esté de acuerdo con esto, y es precisamente esa gente la que termina por estar de acuerdo conmigo. Es el privilegio de ser El Puto.

Día normal en las barracas. En la mañana, bien temprano, los superiores nos mearon en la cara, que la teníamos fija en el techo, para despertarnos a la luz de un día caluroso, a pesar de que es invierno, y entregarnos un montón de dinero que debíamos gastarlo antes del oscurecer.

Junto con nadie fui hasta el pueblo más lejano y me alquilé un cuerpo a quien exponerle la descripción práctica de los efectos de la testosterona. Hábito sano, siempre que se lo mantenga dentro de los límites adecuados, es decir, dentro del marco de la exageración, la mejor consejera a la hora de medirse con las hembras solas de cualquier parte del planeta.

A la vuelta de la excursión me compré un par de botellas de algo, me senté a beber y comencé a confesar. Me nombraron confesor hace un par de años, cuando todavía no había nacido el primer tigre alado, y las inundaciones todavía podían ser sólo de agua.

“Acércate hermanito, cuéntale tus aflicciones al Puto, que no se alegra con la turbación del pecador, sino con la curación gradual de sus idiotas heridas”, las palabras iniciales con las que recibía a mis congéneres, aquellos que querían echar afuera sus faltas, sus propios no asimilar la ley y el orden establecidos por otros, en otro tiempo y en otro lugar, y que los llevaba a esa situación de intranquilidad con la que tan sencillo es lucrar.

Después cayó la noche, hizo mosquitos, hizo sudor en la planta de los pies y entre los dedos. La lengua se volvió pegajosa, por la primera botella, problema a resolver sólo con la segunda botella. In vino veritas, pero sólo en la segunda botella está la gran traducción, la que por una nada de palabras te ofrece lo que otro fue, desde dentro y en uno mismo, como si ese alguien y eso que eres, o eso que sos, sean una misma partícula de nada, que nada habrá de modificar, que ya es mucho, y viene siéndolo todo, ya que estamos. Ya que estamos de paso, digo.

La vida, no es la vida.
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Silvio M. Rodríguez C.
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MensajeTema: Diario 2   Jue Abr 25, 2013 2:06 pm

Diario 2

Si escribiese “Diario II”, se leería, alguien leería, diario segundo, por eso escribo diario dos, para que se lea lo que escribo, cosa ya bastante difícil desde que los griegos tomaron la palabra, la adornaron, la hicieron bailar frente al pueblo, y la violaron una y otra vez, para luego darle rienda suelta y sea ella la que decida.

El Puto, hoy, como no podía escribir, decidió alterar todos los relojes del mundo. Ya se sabe su pasión por la globalización. Por unos momentos todos los relojes marcaron horarios diferentes, pero, ya aburrido nuevamente, les hizo creer a todos que fue un sueño, y para asegurarse, hizo que todos se tocaran la cabeza al despertar, acción que asegura que el soñador no recuerde lo que ha soñado.

Por tres veces, y por cuatro , provocó y secó el sudor ajeno. Diez mil veces galopó la llanura y subió la montaña.

La impaciencia se seca cuando la posibilidad de algo resulta horrible. Un mundo, luego, otro mundo. ¿Continuidad, oposición o sutil, difícil y suprema diferencia? Y entonces, ¿qué de los lastimados abúlicos del mundo? ¿De este mundo? Puedo meter en tu mente la imagen de una mosca que ha puesto un huevo en una parte de tu piel, un huevo microscópico que dentro de tu carne, alimentándose de tu sangre crece de manera gigantesca, provocándote picazones día tras día, hasta el momento en el que no puedes más y le das tal apretón que la larva sale expulsada, toda bañada en pus, dejándote un hueco vaginal.

Eso sí es ocultar, ¿no?

Sonríes para disfrazarte, de ti mismo. Sonreís para disfrazarte de vos mismo, de vos misma, de lo que seas. Puedo escribir un manual de todos tus recursos, y venderlo en línea, on line, sin embargo, no pierde quien no compite.

Liberación, insulto mediante, o las rejas duras hechas de admiración. ¿Quién dice “al menos soy libre” en medio de lo que detesta o de lo que quiere, y aprende a necesitar?

Un manual retorcido, en el que terminarás por encontrarte, en donde no podrás dejar de identificarte, donde a cada suspiro sorprenderás uno ajeno y lo harás tuyo, hayas o no suspirado, porque lo que quieres existe, lo sepas o no. Disminuye tu ignorancia y comprenderás el hambre.

Existe un cielo, y existe un infierno. Existen personas que creen en los cielos, y en los infiernos. Existen personas que no creen ni en los cielos, ni en los infiernos. Pero más tarde o más temprano, cada cual le adivina un reino posible a su vida. Y El Puto, con insolencia, le valora la vida a las vidas, porque El Puto no se lee, porque El Puto a veces tampoco se escucha, porque El Puto jamás habla de nadie. Alguien lee al Puto, alguien le escucha, habla de él. Y lo probable es que alguna vez alguien deje de leerse, deje de escuchar, deje de hablar de otro, y entonces...
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MensajeTema: Diario 3   Jue Abr 25, 2013 2:12 pm

Diario 3

Sonaba a un mar único, no por su grandeza, sino por su soledad. Y el sonido, abundante, curaba las heridas. Húmedamente las pasaba de lado, las absolvía de dolor devolviéndole al cuerpo su intrínseca capacidad de alegría, la nativa festividad de respirar, como sea, un aire aunque no más inocente, al menos más limpio, más lejos de las insidiosas manchas históricas que tanta gente de no buena voluntad, en su tiempo, habían arrojado al espacio aspirable de los días.

Caminar sobre el agua sin majestad, sino con compañerismo, haciéndole pareja a las olas, ni arriba ni abajo, constante, sin posarse siquiera un instante en ningún medio, estar ahí, siendo lo que se es a la par de otras entidades diferentes, pero semejantes, en cuanto a sentido, dirección, finalidad.

Vendrán los destiempos, supuestamente. Pero quizá ni siquiera vuelvan, y puede incluso que no hayan existido. Sin embargo, especular sobre lo especulativo, sin ser contradictorio, no deja de ser serpiente circular, y no espiral, suprema aspiración de quien basándose en el todo y en la nada, busca el trampolín que lo ayude a abandonarse a lo nuevo, lo más temible de cualquier cosa imaginada.

Más allá de la renuncia, capa ya tan gastada, pudiera descubrirse el ropaje de la exclusión, un apartamiento que no consista en la oposición de nada frente a todo, ni cosas así. Tan sólo, lisa y llanamente, la sutil prescindencia por la que, en definitiva, se admita o no, se trasciende. Como se ve, tanto la intuición como la inteligencia convergen. Dejar de lado algo, no por algo más, sino porque eso que se deja de lado simplemente es insuficiente, ¡nada más!

Así, no es necesario romperle el cuello a la insatisfacción, a una necesidad no cubierta. Y tampoco se precisa de abstenciones, ni desesperaciones respecto del más de lo mismo, porque en el vislumbrar de la finalidad es donde reposa el reposo, esperando compañía fugaz.

De más lejos, la visión de lo real, pero como espectáculo aceptable, por tan horrible, y no por tan bello, ni tan único. Identificación cargadamente normal de lo no deseable con lo que uno ha hecho, o de lo anhelable frente a lo que los demás han dejado por hacer. Excusas, simples excusas, modos simples de transcurrir la postergación a la más hermosa de las prisiones, la de la propia piel, que por siempre habrá de resistirse a una apertura indebida, a una exposición total de la más pura pulpa de carne creada tan sólo para ojos de ladrones – buenos o malos – que aunque queriendo o detestando, no serían capaces de hacer pareja.

En el es, en ese es individual, también está presente el no es, y, por una de pocas veces, viceversa. Lo que se afirma, apuntala también lo que se niega, y por dos de pocas veces, viceversa.

Creo que un día se rebosa, y después otros más, y entonces sucede que hacía tiempo no importaba. A un golpe de párpados el pasado pierde consistencia, y quedan cosas así, si no más inocentes, al menos más limpias.
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MensajeTema: Diario 4   Jue Abr 25, 2013 2:16 pm

Diario 4

Buscaba señales, signos que le vaticinaran qué curso de acción o inacción seguir. Sujeto de los acontecimientos, a veces le ganaba una victoria al juego de ser o no protagonista de su devenir. Y ahí estaba, esperando, aguardando, mientras la piel de las manos se le resquebrajaba de seca, sumiéndose también esta, como el resto de su ser al paso del tiempo y sus consecuencias más notables.

Sin embargo, estas señas no las comprendía. Las arrugas al lado de los párpados, el ceño fruncido, el rictus cada vez más frecuente en sus labios y hasta la voz cada vez más ronca a cada despertar le sucedían sin que lo pudiera percibir. Como las lluvias, las estaciones.

Algún pájaro volaba a la derecha, y el corazón entonces le revoloteaba. Algún número, algún roce con algún desconocido que le tendía la mano izquierda al saludar, le indicaban la concatenación de partículas de hechos ocurridos y por ocurrir que intentaba descifrar a la sola luz de una pretendida gran imaginación y toneladas de historias sabidas sin conocerlas, intuiciones puras.

Se le escapaban los símbolos.

El sudor le amenazaba de presencia los pies cuando la inquietud surgía en torno de la posible postergación de cada cita, de cada encuentro programado. Así, no el temor, sino la duda misma sobre la concreción del plan, y no por el plan mismo, sino porque cada plan se sustentaba siempre sobre la base de un par de voluntades, no necesariamente sinceras, que debían atravesar otras muchas voluntades no más sinceras hasta llegar al puerto del momento entrevisto y supuestamente deseado.

A pesar de sí misma, aún así, entre pestañeos eléctricos, en completo silencio confesional, todavía con cariño puro conservaba el anhelo de lo fijo, esa dura tranquilidad que surge de las reglas que serán cumplidas más allá de los factibles caprichos de una ciudad entera. Contar con una certeza, como se cuenta con los días de la semana, el lunes, el martes, el miércoles; así con los besos, el cariño, la vida compartida a través de un lecho ofrecido, unas caricias ganadas y un cuerpo entregado a los deseos de otro cuerpo para el que alguna vez pudiera darse que nunca sea suficiente un nombre propio que atraviese los espacios cotidianos de arriba abajo vestido de tejidos fabricados en serie.

También se escondía, para no dar explicaciones, para evitar la exposición verbal de lo obvio y razonable, que sentía sin duda se le exigiría por puro formalismo de pueblo y raza, como el criminal detenido que exige saber el por qué de su arresto.

Y sobre estas cosas, que sin hablar me hacía saber, iba cruzando las páginas de su almanaque personal, como si no costase demasiado hacerlo a su modo, como si siendo en realidad siempre ella, era otra quien lo hacía, quien se detenía a veces frente a una vitrina o detrás del mundo.
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MensajeTema: Diario 5   Jue Abr 25, 2013 2:39 pm

Diario 5

Finalmente no tendría por qué saberlo, ¿hay acaso una imposición al respecto? Dos botellas de lo que sea y dejarse llevar por el asfalto, o dos meses de noviazgo con cualquier puta de la plaza uruguaya, da igual, aunque a veces la ilusión de lo distinto lo convenza a uno de que algo pudiera ser diferente. “Está en los genes”, lo mismo que “la sangre no es agua”, los vocablos al pueblo, el Libro al pueblo. Traducción de lo inefable. Decadencia.

Sin embargo, para que algo caiga debe primero elevarse, o estar ya elevado desde un principio. ¿Dónde estaba el mundo para caer hasta donde está hoy? En ninguna parte, de la nada devino en algo, y a la nada volverá. Mientras tanto Darío, Jerges y Artajerjes, o Alejandro, Babilonia, Roma, Estados Unidos, Unión Europea, MERCOSUR, mierda sobre mierda. Y se dirá, con el más ceremonial de los tonos que “era un tiempo en donde el hambre, las enfermedades, la pobreza, azotaban a...” etc. Como si eso estuviese muy lejos en la historia del tiempo y del espacio. A la hora de reconocerle méritos siempre voy primero, pero no se me escapa la imbecilidad del que cree que el pueblo jamás lo entenderá, cuando es al revés.

En teoría esa raza que palpita por las calles jamás podría entender de los arcanos, en la teoría de quien se “quemó las pestañas”. Pero se llegará a la misma conclusión, para algunos, triste, para otros, divertida, como si una conclusión pudiera ser emocional, como si en la Verdad habitase algún sentimiento. ¿Quiénes son entonces los que no pueden ver? Finalmente todos habrán de defecar, y todos terminarán siendo catabolizados.

Queridos putrefactibles hermanos, ¿de dónde proviene la risa? No. Sería muy sencillo jugar a los opuestos. ¿Cuál es el antónimo de salado? ¿Cuál es el antónimo de agrio? No es la risa frente al llanto. Es la risa frente al deseo. ¿En cuál de las variables denominadas llanto, deseo, risa, es donde más habita la conciencia? Si la imposición fuese de matar al deseo, ¿no tendría acaso una sólida argumentación? Y si la imposición fuese la de llorar, ¿carecería de fundamentos? Y la última risa que se te instaló en la boca, ¿sobre qué pilares se elevó?

¿De dónde viene? ¿A dónde va? Está en los genes, la sangre no es agua, la vida es risa, esa parte de la prescindencia de un origen y una finalidad, al menos por un instante, y libre de impuestos al valor agregado. ¿Qué día es hoy? ¿Habrá que ponerle un punto aparte para recomenzar una vieja idea en un nuevo párrafo y asociar la noche no con el día ni con el frío sino con la huida del calor? Analogía de una llamada telefónica que se transforma en una imagen, estallido técnicamente intelectual por el cual la materia logra representar a la materia por medio de la materia. ¡Brutal!

Yo estuve cuando se inventó la diferencia entre el precio y el valor, fue de día. Fue de noche cuando ya no importó.

El resultado, los medios y los fines, en la yema de los dedos, de mis dedos, o en las del que vende frutillas al anochecer en alguna esquina concurrida, y que correctamente dice “señor”. Elevarse a la altura de una cosa, persona, animal, materia, agradable. Mensaje a las siete iglesias: ¿sois agradables? Siete es un número primo. Ergo, Pareto y sus secuaces.

Agarrá la mayonesa y fijate en el vencimiento: 31 de agosto de 2001 – a las siete de la tarde -. Dije agarrá y no “toma la mayonesa”, ¿qué creés, que no me doy cuenta de lo que escribo? Es tu insuficiencia la que hace que me leas, la mía me hace escribir.

Alguien dormiría despacio, y no desaparecería
Y en silencio se podrá escuchar una vida entera
Y en la realidad de sonidos podrían intuirse cosas
Como el intento de llegar al aliento de lo que queda.

Alguien podrá ser todos a la vez que es alguien
Y en sus gritos escritos podrá negarse eternamente
Y alguien podrá comerse las entrañas en compañía
Resistiéndose a dejar de ser puras ganas de no ser.

Los instrumentos esperan, habiendo sido generados
Los intérpretes corren, habiendo sido creados
Alguien llegará a comprenderlo, y en lugar de enterrar
Producirá lo vendible, que por precio tendrá valor.

Sol.
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Silvio M. Rodríguez C.
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MensajeTema: Diario 6   Jue Abr 25, 2013 2:48 pm

Diario 6

Hoy, sin mí,
Me duelen los recuerdos
Que perdí por ti
Buscando en otro sueño
El que sentí en ti

La consumación de los tiempos, el hecho de pertenecer o no a un punto ininterrumpible, como la caída de una hoja, predestinada, pero así mismo imprevista. La ignorancia convertida en magia, por ignorancia misma.

Sin embargo, a la hora de las económicas necesidades, no son las cosas las que necesitan ser nombradas, sino que siempre es uno, o más bien alguien, quien necesita de nombrarlas, poniéndole su sello, su marca propia, que luego irá expandiéndose a otros alguien, volviendo común lo que alguna vez fue particular, y a esto le pondrán el nombre de condición gregaria. Y esto lo digo, y al hacerlo me contradigo, pues caigo en la regla que defino, pero me defiendo porque no he salido de una simple descripción, que ya es mucho, como todo, y como la nada misma, si tan solo se mira, bien o mal, correcta o incorrectamente.

Dentro de la cueva cae la lluvia y parecen aplausos, y dentro del auditorio al revés, los aplausos asemejándose a la lluvia, es decir, sustantivos que significando cosas diferentes - por lo tanto distanciadas -, vencen su desemejanza en la mente de quien concibe la comparación y la reduce a una herramienta literaria que se llama metáfora, símil, etcétera. Y aún así, en este Cortaziano intento de torcerle el cuello a la palabra, es quien escribe quien solo lucha, con sed de victoria, y a veces, hay que decirlo de otros, también con sed de aplausos al vencedor.

Alguna vez te preguntarán si qué llevarías a una isla para pasar el resto de tu vida, y responderías, con mayor o menor certeza, qué libro y qué disco. Y quizá alguien te pregunte si a quién llevarías, y puede que sepas qué responder. Y aunque todavía ignores que ya estás en esa isla, y que ya tienes si no lo que quieres llevar, al menos el deseo de hacerlo, también llegará el tiempo en el que nadie habrá de preguntarte si cuál es la visión que quieras tener, sino que la pregunta será respecto de si para quien quieres ser una. Si el resto del tiempo sólo una persona habrá de verte, ¿quién querrías que sea? Muy diferente a preguntarse si a quién querrías ver por el resto de lo que te queda, ¿verdad? Y siendo diferente, ¿sabría tu mente salvar la distancia y vencerla, como el que escuchando la lluvia piensa en aplausos y viceversa?

Cuando pensar en una persona implica pensar en las personas en las que piensa esa persona, y cuando esa persona son varias personas que piensan en también varias personas se puede llegar a creer que uno piensa. Y después, cuando uno se descubre pensando que puede ser que no se sea objeto de pensamiento de nadie, también encuentra que siendo objeto de pensamiento ajeno, ese pensamiento puede ser completamente ofensivo, o, al menos insultante, a menos que...

De todos modos está el detalle de que jamás ofendería lo que pienses de nadie, aunque sí podría ofender la expresión de ese pensamiento. Y la expresión no se reduce a una pintura, una carta, o un silencio, sino que abarca desde el ceño fruncido, pasando por el brillo de los ojos, y extendiéndose hasta el gesto despectivo o aprensivo en que sujetas el recipiente que contiene el líquido que habrá de beber – de exquisita o execrable gana – la persona a quién se lo tiendes, hasta la forma que caminas cuando dejas atrás a ese alguien que posiblemente puede ser que te piense.

¿Alguna vez has imaginado involucrarte de tal modo en una lucha que para que le admires al vencedor tendría este que primero pasar por demasiadas “injusticias”? ¿O que para despreciar al derrotado este tendría que primero realizar demasiadas incorrecciones en la campaña? ¿No juegan dentro de ti también ideologías varias respecto de la justificación de lo justo? No sé si te animarías a vivir de un modo que implica la caída de la filosofía y la genética, en donde pienses lo que pienses, no hay justo uno solo, como está escrito en la Biblia. Digas o no que te animas, ya lo has hecho, porque así es, y así ha sido. La pregunta es, sabiendo todo esto, ¿harías algo para cambiarlo? Y si la respuesta es afirmativa, ¿para qué lo harías?

Mira bien la cara del vencedor, y mira bien la cara del vencido, ¿es acaso justo? Pero no te aflijas demasiado, cada cual encontrará sus justificaciones, tu propio ser las encontrará.

Cuando hacía sombra cambiabas
Y el temor engordaba a los costados
Y en la noche del mediodía, sin temblores
Apretaba los puños para sentirme bien.
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MensajeTema: Diario 7   Mar Abr 30, 2013 1:12 pm

Diario 7

Sobrevenía, cada tanto, a cada espacio no recorrido y a cada presentimiento postergado, como los primeros sueños conscientes, esos que son más de lucha que de batalla férrea. Y se instalaba, o se instalaban – porque a veces eran varios -, al menos un rato, para recordarle a lo que le quedaba de corazón que a veces bastaba un gesto para remover aquella edificación de cimiento demasiado bien forjado, pero de finalidad todavía demasiado incierta como para hacerle juego a sus raíces jamás inertes.

Le cedía el paso, y dejaba que llegue, o que lleguen, como podía, o como podían, con la atención puesta en la nostalgia, porque a ella no debía dársele permiso nunca, por un ordenamiento físico, consecuente al deseo pretérito de lograr un semi estado mental en donde el respirar fuese la moneda común con la que sólo cosas comunes podrían comprarse o venderse.

Nada entonces podía volcarse, invertirse, dado que tanto el abajo como el arriba persistían pero desde un mismo plano regido por la indiferencia más exquisita, a través de una pasionalidad que iniciaba por incluirlo todo y que terminaba por excluirse a sí misma, por un roce ya de indolencia de la que sólo sería posible intentar su salvamento por una espalda tendida o una boca entreabierta – rota o no -, pero sin huellas, como las uñas que jamás conocieron el pegajoso beso de tintura alguna, y que sin embargo hicieron suyas la coloridad del brillo propio, por capacidad de reflejo desarrollada a partir de su propia íntima naturaleza aceptada, antes que negada, y verdaderamente potenciada, mucho antes que sujeta a una condición de perfectibilidad puramente conceptual.

El grito jamás se escucha, porque no tiene acceso el escándalo, y el murmullo, por el peso mismo de su negada aunque real consistencia, pierde en habilidad para el movimiento de saltos cualitativos tan imprescindibles en esas circunstancias en las que lo cambios del curso de acción son la constante opuesta a la constante de eternidad inexpandible. Por lo que en sí no nacía, sino que ya estaba el mismo final, puesto al descubierto por el irreprimible suceso del tiempo, que sabia y tiránicamente le hacía honor a la memoria poblada de deshonras aprendidas y asimiladas durante la inconsciencia tranquila, que tiende a permanecer e incluso a hacerse fuerte a cada intento pragmático del instinto por seguir con lo equívoco de cada raza destinada a lo mismo por cada nunca del siempre.

Hay que cebarle el mate, mojarle el pelo con la lluvia suave de comprensión que en su ciudad buscaba para gritarle cosas cada vez que la encontraba; y acercarle las zapatillas, o los zapatos, la camisa y el peine, y cualquier cosa que sin querer quería, que sin pedir clamaba, con su sonrisa que no escondía, sino que exponía desesperadamente la historia más transparente posible, la de su cotidiano luto por no poder ya necesitar de la necesidad ajena de significar aunque sea una pequeña hostería cálida en un punto del camino de su travesía cubierta de prescindencia, envuelta de distancia, y enroscada en un ofrecimiento atroz del que nadie querría salir ileso.
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MensajeTema: Diario 8   Mar Abr 30, 2013 1:12 pm

Diario 8

Después de mirar por un instante, y por tantas veces, la breve montaña de obsequios anuales, y con el peso de más de una década de puro subjetivismo capeando el temporal de anhelos cognoscitivos, antes del final queda, si no reconocerse, al menos aceptarse, encontrándose uno con la posibilidad de un profundo arrepentimiento, o de un fantástico orgullo y, quizá, dependiendo de los años biológicos sobrellevados, una insípida indiferencia hacia este o aquel sentimiento, porque saber no tiene emoción, palabra, contorno, tiempo.

Cuando se observa que el juego es más amplio que el jugador, cuando se deja de lado la pretendida grandeza de creer que jugar es más importante que cualquier resultado, asumiendo que también lo único, lo irracional, y hasta lo milagroso forman parte de una misma red cuyo único sentido es encontrar y dejarse encontrar por un alguien que la deje de lado para ni siquiera poder recordarla en el verdadero nunca jamás, es cuando repentinamente, el había sido se constituye, y toma la fuerza de un pequeño deseo de concretar actos simples pero contundentes, como una mano alejada de otra a conciencia, en medio de luces espléndidas pero de tenue calor que las enmarcan sin fijar la sucesión de lugares e intensidades que sólo necesitan del empuje, el arrastre, o el estire de un par de alientos sinceros, todavía cubiertos por la fina capa que la inteligencia desde mucho tiempo atrás viene encargándose de extender.

Versiones. La versión larga de un mismo sueño, la versión corta. Una misma cordillera, o una única montaña, dos metros sobre el nivel del mar, o dos kilómetros bajo el nivel del mar. La línea estándar que divide el todo en dos lugares, o en cinco mil sitios destinados al eco de un mismo origen que en sí mismo pudiera también concebir, al menos en parte, un final completamente diferente, por permitirse, por poder cederse a sí mismo, de vez en cuando, aunque por siempre, una trasgresión, o dos, para ser así mismo el águila que pestañea, y que deniega la invitación al vuelo, arropándose con el viento frío que le ronronea las plumas bajo el soberbio aunque fraternal brillo del sol de cualquier septiembre americano.

Oro líquido, dos cuerpos que se conocen, pero que se separan irremediablemente por cuestiones pensadas y decididas por otros cuerpos que al ver lo que no poseen sienten la verdadera culpa, la de la carencia, incapaces de acceder a la responsabilidad que atañe al exceso.

Fuera de los destinos, ¿dónde se forjan las capacidades? Puede que sólo en un punto de la vida se pruebe el libre albedrío, la fantástica visión del abismo a la hora en la que se decide por un camino u otro, sabiendo o no sabiendo, que la tal decisión afectará – aunque no definirá exactamente – al resto de las decisiones procreadas y por procrear. Esto es, la imaginación más pura del que pretende poder influir en nadie, o la de quien le atribuye esta posibilidad a alguien, como si ese alguien no es él mismo, vestido y arropado con el disfraz de nadie.

¿Acaso es muy irreflexivo decir que la ironía de la libertad consiste en la esclavización de quienes la buscan?

¿Hay algo que no sea terrible?
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MensajeTema: Diario 9   Mar Abr 30, 2013 1:13 pm

Diario 9

Era cierto lo que te habían dicho,
lo que habías leído,
lo que habías intuido,
lo que habías imaginado
y, sobre todo,
lo que habías temido.

Pero eso no importa, porque eso es lo normal, y lo normal basa su importancia justamente en eso, en no ser importante, por ser eso, algo normal. El perro que por fin da con su cola. Tiene su belleza, no hay duda.

Pero toda esta montaña de certezas - que lastimosamente por fin accedo a cederte - sólo puede servirte de apoyo mental para asumir la posibilidad de regreso de aquella que te llevó a tal construcción visual, la duda. Porque mira, cuando uno tiene razón, y más aún cuando a uno se la dan, es inevitable cierto sentimiento de fracaso, máxime después de llevar una vida como la tuya, llena de errores pequeños o grandes, en comparación con la escasa producción de aciertos trascendentes, que si bien se mira, tampoco estuvieron nunca lejos – ni siquiera fuera – del cerco común de los que siguen las instrucciones del manual.

Es cierto, y todavía hay más.

Ya te habías habituado a las mismas cosas, al plano real en donde transcurren los sucesos dentro del marco que a tu modo habías aceptado, y por unos años tratado de acomodarlo lo mejor posible a la interna y en ese entonces tan pura tentación de expansión bondadosa, que pretendías entonces poder realizar con tan solo esfuerzo y el objetivo puesto en un punto no demasiado lejos como para que disminuyera la impresión sensitiva de su luz, ni demasiado cerca como para que la pura sensación venza a la acción que lleva a la consecución del objeto pretendido, cuando de pronto, y ciertamente sin nada claro que lo haga vaticinable, es ese marco mismo el que sin caerse simplemente se rompe, porque las cosas que todavía viven en él protestan con gritos de moribundo, en pura desesperación, con la suficiente fuerza como para quebrar el sentido mismo de la forma, pero por un momento tan breve que no alcanza para modificar nada, sino tan sólo para señalarte a ti y a tu orden, supuestamente autoimpuesto a fuerza de victorias, que de nuevo y también como tantos otros, has venido resbalando desde el principio hacia el punto en el que tampoco estás, pero por el que vas pasando a un paso ensordecedoramente lento.

Hasta llegar no se llega, ¿lo entiendes, Richard? Lo contrario a esta comprensión básica consiste en decir, por ejemplo, que todo aquello que dicen los que no están bien de la cabeza puede ser entendido por aquellos que sí están bien de la cabeza, y viceversa; lo cual, finalmente, puede ser mejor que callar una estupidez, porque la estupidez dicha, al menos le recuerda al que es capaz de detectarla su capacidad de reconocimiento y captura, y acaso, también de su entrenamiento, el cual, cuando llega a su fin...
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MensajeTema: Diario 10   Mar Abr 30, 2013 1:13 pm

Diario 10

En todo caso se trataría de una patología mucho más compleja que la simple morbosidad. En lugar del silencio, ir a comprar el disco del peor grupo de la historia y hacerlo sonar a todo lo que se pueda, y así comenzar y terminar de escribir la más hermosa carta de amor siempre deseada, imaginada, pero nunca concretada; y luego firmarla, con cualquier nombre, y después ir a paso firme hasta la casa del destinatario – elegido al azar y con los ojos cerrados en la guía telefónica -, y deslizar el sobre bajo la puerta, por la cual, necesariamente, habrá que escupir.

Dejar de comer, no por ayunar, simplemente por no comer. Todas las horas necesarias para que llegue la debilidad, al principio siempre lenta, luego fugaz, y fumar para acompañar el proceso con el temblor de los dedos. Después la confusión, los estallidos visuales, imaginación circular, la cadena de sucesos imposibles que cruzan y se destrozan en la cabeza de quien tiene el aparato digestivo sin trabajo.

Entonces dejar de dormir, y no porque esa sea la intención, sino porque no dormir es el resultado de todas esas variables que se conocen, pero que no se nombran, porque también de eso se trata. Y así lo claro, reflexiones absolutamente incontrastables, como que todo lo que comienza habrá de terminar, que el centro implica a la periferia interminablemente, Nicolás de Cusa: en ti me parto.

Con estas evidencias, se llega a lo evidente, y lo peor, o lo mejor - de acuerdo a si se ha comido, dormido, imaginado -, se accede a la visión de todo lo que existe como una simple evidencia de algo que jamás será evidente. Pero la finalidad aquí importa poco, por lo extenso de la escalada. Cualquier persona como algo evidente, desde su puesto de trabajo en cualquier parte del mundo hasta su pensamiento más lejano y profano, todo puesto en evidencia. Cualquier animal, cualquier cosa, todo evidente, todo irremediablemente evidente.

Así, la tapa del libro, no es el libro, ni siquiera las hojas del libro son el libro, ni sus letras, ni su autor, ni su lector; el libro, señores, ha dejado de existir, por haberse hecho evidente.

El otro método de la sicología, de la metafísica, de cualquier teosofía, ni la muerte, ni la extinción del yo, simplemente su desconocimiento a la hora de conjugar. Tú eres evidente, él es evidente, ellos son evidentes, vosotros sois evidentes... y como el yo ha sido desconocido, automáticamente decae el nosotros, y no por la simple mora en los pagos de las cuotas, sino por evidencia misma del desconocimiento primero. En guaraní, tanto en su sentimiento como en su realidad formal, la cosa se complica mucho más, dado su intrínseco romanticismo, porque esa distinción tan sutil entre el Ñandé incluyente, y el Oré excluyente, queda como una fineza olvidada, y no ya postergada. Se queda atrás.

La novela de todos, en la que participan todos, de la que todos forman parte, y el dulce pánico de saberlo. La vida de todos, escrita, leída. El terror a las evidencias, no solo estar rodeado de evidentes, sino estarlo siendo uno también evidente. Ceremonia de iniciación mundial. Una voz de trueno que dice: ¡háganse evidentes! O un papel en donde al final dice: será justicia. Afortunadamente, no hay evidencia de todo esto.
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MensajeTema: Diario 11   Lun Mayo 06, 2013 6:57 pm

Diario 11

Buscaba señales, signos, cosas perceptibles que le indiquen y le confirmen que lo que en realidad buscaba también existía. Y no retrocedía, cuando le expliqué que tan sólo llegar a entender el conocimiento de la escala angelical le podría llevar una década entera – y toda ella llena de continuas frustraciones – ni siquiera se detuvo a pensarlo, siguió. Y sigue ahí.

Un orden que no termina de eliminar al caos, y un caos, que no termina de vencer al orden, puestos como finalidades mentales que no debieran representar más que variables, herramientas de las que uno se vale para acceder a la visión del tiempo, en donde la idea del destino o la del libre albedrío ni siquiera pueden llegar a tener un gramo de cabida.

El punto de inflexión de la más alta vanidad pudiera radicarse en el manejo de la fuerza - relacionada demasiadas veces con el poder -. Lo que uno es, y lo que uno es capaz de dejar de ser para ser otra cosa, y lo que uno no deja de ser para lograr ser más. Y, sin embargo, aún en el probable caso de un desarrollo, de una ampliación de los límites de lo siempre limitado, sobrevendrá la necesaria sucesión de un peldaño más, el pleno desconocimiento de la propia historia, cuando se asume la tentación de convertirse por fin en un instrumento. Entonces, ni la montaña que parece no inmutarse ante nada, ni la caña de bambú que parece no poder quebrarse nunca, sino simplemente un tubo hueco que comunica un lado con otro – que no quiere decir un principio con un fin, un alto con un bajo, o todos los viceversas -, siendo parte de ambos extremos al tiempo que a través suyo suceden cosas.

Mirando hacia abajo, lo único comprensible es cierto sufrimiento ajeno al cual se puede aspirar a sanar, nada más. Mirando hacia arriba, lo único comprensible es la finalidad instrumental. La conciencia para curar, lo demás, para lo que sea que no sea dañar. Además, hay cierto cosquilleo en la idea de que no se le puede hacer responsable a un instrumento por la música que alguien quite de él.

Pero esto no lo podría llegar a entender a menos que un grupo de personas, o alguien, lo niegue o lo afirme. Porque si bien era incansable, esa energía nacía y se hacía fuerte merced a entidades externas a sí mismo, como una embarcación que para moverse necesita del viento. No podría entonces, por ejemplo, llegar al arte, en tanto y en cuanto esa idea de arte implicase lo que más lejos estaba de conseguir: el absoluto desprecio por la opinión humana.

Encontré que no podía hacer nada por él más que saberlo, comprenderlo, y aguardar algún cambio de tipo milagroso o al menos fantástico, y estar ahí cuando eso ocurriera. La constancia es ruda, pero la disciplina es feroz, y sólo controlando a ambas podrá preparar a sus ojos para ver todo aquello que aspira ver.

Mientras tanto, El Puto seguirá asistiendo a su propia sonrisa, para poder ofrecerle al momento de su caída el cálido vendaje del sin embargo. Allá, cuando las continuas derrotas pudieran hacerle creer que todo ha sido un fracaso, yo le daré el sin embargo, y con ese sin embargo – real, o inventado – descubierto por mí, le daré la pista para que también encuentre su propio sin embargo a su propio mientras tanto.
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MensajeTema: Diario 12   Lun Mayo 06, 2013 6:57 pm

Diario 12

Como nada es finalmente irreductible hasta la nada, incluso la idea de no generarse expectativas resulta imperfecta, y fallida. Es como desear no desear. Y, aunque ceder es bueno - cuando no implica obedecer por simple estupidez – cuando uno lo hace por una imagen más elevada de cualquier cosa, la duración de esta tregua siempre estará condicionada por lo agradable o desagradable de su consecuencia. Ceder una cosa por otra, una actitud por otra, un culto por otro, y después las consecuencias. Todo simple, salvo por las consecuencias que no llegan como una manifestación positiva o negativa, sino como un efecto invisible, el golpe contra la pared luego del cual tanto la mano como la pared siguen intactas, haciéndole levantar la vista al absurdo, que siempre ronda por las vidas, por los mundos. Y acaso, ¿no se termina siempre invitando al absurdo?

La carretera más recta, termina siempre por doblarse hacia algún lado, y en el único instante que dura el giro, en la sinapsis de quien lo decide, es ahí mismo donde radica una partícula del ser. Puesto que, si se mira bien, hasta teológicamente es la opción la que marca la diferencia, no la posibilidad de optar, la opción, porque hasta para permanecer es preciso optar. Porque puede ser que permanecer sea una opción constante, y entonces sí pudiera tener sentido la frase “yo siempre opto por...”

La vida después de las opciones, y que haga calor, y que haga frío, que haga clima, historia y geografía, y todas las ciencias sociales, hasta convertirse en un cúmulo de opciones hechas, pasadas, y seguir optando, y ver en los demás nada más que opciones, efectos, resultados, consecuencias y, sobre todo, admitirlo. E ir a por más, para lo cual sólo basta esperar (pero esperar de verdad, es decir, sin hacer nada) a que las cosas también opten. Un mar, una piedra, una silla o una montaña, con la gigantesca y trágica posibilidad de optar, de manera que cuando opten, uno lo sepa, y lo admita, y nuevamente busque qué esperar. Con el temor, como resulta claro, de que ya también las cosas vengan optando desde el principio, el mar arábigo ahí donde está porque optó por ese lugar y no por otro, o Nueva Zelanda, la materia optante. La pared que ha decidido ponerse ahí, al lado de otra, quizá bajo un techo, aunque se crea que alguien ha decidido levantar esa pared, cuando es ella, en realidad, la que habiéndose primero instalado en la mente de alguien le ordenó silenciosamente que la levante, la haga, y de vez en cuando la golpee absurdamente. Y entonces cambia, porque ya nadie es un cúmulo de opciones, sino un puñado de acciones enmarcadas en un frágil espacio de tiempo, durante el cual, lo único que han podido hacer es seguir las silenciosas instrucciones de la materia, que se llaman billetes, radio, televisión, libros, sol, e, incluso, abismo.

Entonces se comprende que esta raza tan obediente, sin saberlo, también busca su propia rebelión íntima. De algún modo detesta vivir siguiendo instrucciones, porque de todos modos no le satisface, y así se dispara o se queda, salta o baila, se proyecta y se imagina a sí misma de vez en cuando. Y a veces se topa con una idea, la toma del pelo y se la inserta en el corazón, le da un nombre, le dibuja una piel, le escribe un anhelo, y por fin la posee.

Y El Puto observa.
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MensajeTema: Diario 13   Lun Mayo 06, 2013 6:58 pm

Diario 13

Hacía años que había llegado a una edad en la que algunas cosas ya eran suficientes, bastantes. Pero no había peligro, porque los otros seres seguían constituyendo sólo un elemento más del paisaje, cuya ausencia no afectaba de manera definitiva, ni siquiera de manera dramática, el tono de los momentos, los colores del tiempo transitado. Había logrado, al fin, que nadie fuese suficiente como para alterar lo importante de un espacio determinado.

Sin embargo, ya nada era lo suficientemente importante.

La tensión permanecía.
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MensajeTema: Diario 14   Lun Mayo 06, 2013 6:58 pm

Diario 14

La sangre fluye en su reflujo creando ganancias de espacio cuando la roca no se parte ni se gasta, sino que imperceptiblemente va cediendo terreno, camino mismo al vacío que la contiene, rodeada del líquido al que se creyó le imponía un límite.

Entonces, la primera sorpresa repetida, cuando se evidencia que aquel ordenamiento tan primario – porque parecía confiable – resulta no ser lo que tanto aparentaba. No hay línea horizontal que tenga su línea de 90 grados, no hay. Las gafas, el monitor, el techo, la pared, el piso, nada, absolutamente nada halla sus 90 grados perfectos de contraposición de ajuste, y la idea persiste, y en ella la decepción y la ilusión, en ella los pasos rumbo a la calle o rumbo a la muerte, o rumbo a la vida, o rumbo a la tienda donde indefectiblemente habrá más de lo que uno pretendía o no habrá lo que uno había creído pretender.

La roca es la espalda, la sangre es el tiempo.

Y sentir que explicar es odioso, aunque las fuerzas poseídas sean demasiado intensas para detenerse en un sentimiento tan limitado como el odio más húmedo. Del cerco, pasar a la bolsa. Vivir dentro de una bolsa de arpillera, atada, y ser transportado, como lo somos nosotros, todas las horas en las que no logramos soñar que no estamos viviendo lo que estamos presenciando que sucede con nuestros cuerpos, al tiempo que advertimos, en plena alucinación real, que alguien con absoluto desinterés nos está observando con la única finalidad de distraer sus ojos por mantenerlos abiertos, porque sabe que si los cierra, también habrá de soñar, y entonces ocurrirá su despertar, que sin duda consistirá en sentir su cuerpo visionario rozado por los entretejidos hilos de una bolsa de arpillera, que alguien corpóreo o no, a su manera, también estará observando como resultado del temor de también tener que dejar caer las trampas de sus percepciones, que una vez habilitadas, le abrirían las puertas a la realidad de que hay hilos y más hilos de arpillera.

Sin conocer el valor de ninguna de las horas, nos dirigimos a la medianoche. Cada cual como testigo de sí mismo, dispuesto no sólo a decirlo todo, sino con la idea ya incrustada de que no habrá nadie que apunte nada de lo que habremos de decir, porque si no al principio mismo, al menos temprano supimos ya que a nadie ni a nada le interesará lo que creeremos es un algo que tenemos que decir, considerando que de lo que de nuestra boca sale no es más que una de las infinitas formas de expresar todo aquello que hasta nuestro fin estamos dispuestos a definir como nuestra existencia.

El jardinero, mal pagado, se acerca a la tierra de donde brotamos. Las tijeras que porta, como sus manos, son viejas y están sucias, pero saben la tarea. Viene a castrarnos. Y vemos el lienzo que cubre el rostro del recién nacido, y sentimos el hambre que sólo puede calmarse con la leche de su madre, y nos acaricia la mirada del padre que atiende el sueño del hijo y de su hembra, y nos entibia el estómago el pan puesto sobre la mesa después de realizado el sudor entre los hombres. Nos saludan las cigarras y las luciérnagas, incluso los globos del cumpleaños, los vasos medio llenos de gaseosa, los manteles manchados, la vajilla alquilada, las ganas de dormir del payaso, los billetes entregados y la prostitución de los poderes del estado diciéndonos que debemos ser lo que estamos llamados a ser, no por lograr lo que otros lograron, ni por hacer que otros logren lo que podríamos lograr, sino sólo por lograrlo, puesto que quizá, si logramos sinceridad, alcanzaríamos a comprender que eso era todo, puesto que pudiera ser que no haya nada más. Nada más.
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MensajeTema: Diario 15   Lun Mayo 06, 2013 6:59 pm

Diario 15

Creyendo en cada lágrima recorriendo en su sapiencia las aristas de un rostro infinito, es posible ir accediendo a ese espacio que trasciende de lo trascendental, para fijarse en un punto que inalcanzable, puede rebasarse, como un hecho que ocurrió en la vida de otro y que lo ha contado, fijando sin querer los tiempos del lenguaje en una posibilidad de vivencia habilitada o no, por cada cual, por su propia decisión de fe.

Asistiendo a todo aquello que ha de tener que doler, pero que en su frágil y sutil misión, pudiera fracasar, cuando por un contento imprevisto por la historia, pudiera tan realmente percibirse que hasta ciertas indeterminaciones habían sido determinadas, y así:

Va sosteniendo una risa que se escapa de los labios y que sólo puede ser percibida por la esencia del futuro de cada semilla. El algodonal preciso que por alguna razón captada por gorriones sabe, enteramente sabe, que habrá de cubrir la piel del seno de la mujer soñada por el adolescente que duerme con las palabras de Horacio acompañándole las noches.

El sol, entonces, de los ciegos, el llanto de los mudos, la caricia del parapléjico, la carrera hacia la nada aceptada y vencida porque al menos se creyó que era una carrera cuyo premio no existía, cuyos competidores eran imaginarios, pero cuyas dificultades, finalmente y principalmente existían, para ser captadas como tales y no como medios o pruebas que habrían de realizarse bajo la tormenta de la incertidumbre cotidiana que reduce al norte a una palabra, y al sentido de cada palabra a una simple grafía emocional.

Se agrietan las paredes mientras el teléfono arde, para que dibujos simples acompañen las imágenes de gastados rencores y los ya diluidos colores de esas emociones que despiertan las ideas de entrega, mucha o poca, sincera o comprada, que suelen portar quienes no tienen otra cosa con qué justificar sus horas que no sean los actos registrables por lo perceptible.

Al menos estamos aquí, lloviendo ausencia de contaminación de la que habrá que hablarse. Y siendo sencillos, con un nombre que no sabemos, pero que imaginamos, sin darle un sustantivo nombrable por cualquiera. Guardando un poco la estima, y otro poco la exclusividad, fijándole al látigo un cariño por nuestra piel, una dependencia hacia nuestra independencia brutal aunque no absoluta, sonriéndoles a nuestras penurias pretendidas, y a nuestras fatalidades latentes, dejando que midan distancias entre el vacío y la nada.

Desprendida la hoja del árbol, apoyada sobre la tierra, se deja rozar por el rocío. Y aunque a los que nos imaginan no pudiera bastarles, es que a nosotros nos basta, porque hasta hoy nada nos fue suficiente, dado que compartimos el pensamiento de pensar en lo que nos piensa, o al menos en la complicidad de que pudiera ser así, conociendo las implicancias del acto de lograr un grano ínfimo de imaginación, la altura de un ideal, la dimensión de un movimiento que pudiera estar estancado en un círculo móvil, que al abrirse los maderos que cierran las barracas parecen querer únicamente exponer su realidad de gas, su magnitud inaprensible, las uñas rotas que transitan por nuestras venas.
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MensajeTema: Diario 16   Lun Mayo 06, 2013 6:59 pm

Diario 16

Hay una cuota de esfuerzo donde el primer límite lo fija la imaginación, el segundo la intención, y el tercero el talento – si es que algo así realmente pudiera existir -, que realmente es preciso lograr. No es que lo crea, ni que lo haya leído, ni que lo haya imaginado o intuido, o visto que otro lo haya transitado, es simplemente el gesto nervioso de las falanges que prometieron no prometer nunca nada, porque saben que cuando uno promete es que no tiene nada más que la apelación al pasado – como todos – inmediato. Fuera del pasado, y fuera del futuro, pero dentro del tiempo, debe alguno erigirse en medio del absurdo, la ironía, la predestinación y el libre albedrío, hasta hallar una regla que no es antigua ni nueva, sino absolutamente imposible y, por su propia imposibilidad completa, urbana y selváticamente normal. Como la piel que porta un alguien en otro continente y que sin embargo al abrir la puerta se presenta, como el montón de materia que opta por el aire en lugar del suelo, al tiempo que otro montón de materia opta por el fango en lugar de la tierra polvorienta, como el montón de materia del que otro dirá que tiene un movimiento de rotación al tiempo que posee otro de traslación, habilitando a que otro diga que es el movimiento el que posee al montón de materia, dibujando entre ambos la fantástica, terrible y aburrida historia de sujetos, predicados y complementos, como si fueran ejércitos provistos de inmaculadas banderas dispuestas a reflejar la intención suprema y altísima de unos ideales que no pudiendo ser captados por la podredumbre de la razón, son, sin embargo, materia comestible y digerible hasta el hartazgo por un corazón dispuesto a todo, mientras ese todo sea hablable, definible, estructurable, dibujable, expresable, en fin, transmitible, si no en su esencia, obviamente, al menos en las aristas de la idea que lo forja, que nace inevitablemente del reflejo de la propia insuficiencia del que lo propone, como propone el libro quien no es apto para arrancar la vida de familias enteras, como propone el fuego quien sólo ansía algo que matar para no tener que estar oliendo las heces de sus vástagos que ha procreado no tiene idea precisa de porqué y mucho menos de para qué.

Quizás habría que pedir ayuda a mamá, pero, ¡oh, cielos! Es mamá la que está enferma. Papá está perdido, y los amigos, lo sabe cualquier pedazo de hierro, nunca existieron, pues, de otro modo, ¿a qué ir por el papel impreso? Por esto inventamos a los profesores, para que nos releguen de la estólida situación de tener que cuestionar nada. Y para esto, al tiempo, concebimos a los contestatarios, para que entre unos y otros nos den la suprema satisfacción de ser jueces, cada cual a su manera, a su modo, a sus posibilidades, decididas, necesariamente, no por lo que uno pudiera llegar a alcanzar como imposible, sino, por supuesto, desde el imposible mismo, de manera que todo logro sea excesivamente glorioso, honorífico y pletórico de nobleza, en tanto que todo fracaso, con toda su inmundicia, su hedor, su reflejo de estadías de calle, de flaquezas, de carne, de polvo, de herencia estipulada, no sea más que el resultado de una orden que se hubo de cuidar bien de registrar el origen primigenio. Y así el mal tiempo, como el hombre malo, el vestido cosido por la vecina, el auto importado, o las falencias propias proyectadas en el cristal por donde se mira la realidad ajena eternamente imposible de ser la propia, porque, por todas las cruces rotas, la vida es única e irrepetible, y no habrá de permitirse que nadie, absolutamente nadie, venga a decirle a nadie que esto es así o es asá, que el sentido es este, o aquel, que el motivo está aquí, o está oculto allá. Porque fuera de las barracas, si bien respiran los que admiten la posibilidad de que sea difícil o imposible la comprensión absoluta, sólo aquí se admite la estruendosa posibilidad de un ridículo mundial, y lo que es mejor, el que existiendo, ni siquiera pudiese tener posibilidad de tener peso.
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MensajeTema: Diario 17   Lun Mayo 06, 2013 7:00 pm

Diario 17

Cada día nos levantamos creyendo que en algo vamos a poder cambiar todo lo que podemos percibir como establecido. Soñamos que vamos a lograrlo, que en algún momento de la vida podría depender de un gesto nuestro el que el devenir de los demás cambie radicalmente en el abanico de sus posibilidades. Y cada día asistimos al hecho de que no ha pasado nada, que no lo hemos logrado, que la oportunidad no se presentó, que todo, al final del día, cuando aparece la luna, cubierta o no por nubes que podrían o no desencadenar tormentas, va siendo igual. Algo nos dice que no es eso lo que importa.

De vez en cuando alguien repite nuestras palabras, de cuando en vez alguien imita nuestros ritos. Pero lo intenso se da cuando, a un tiempo que no es dado a conocer más que a unos pocos, uno de cada tantos despierta con nuestra misma intención.

En realidad, no lo sabemos. La verdad es que lo ignoramos, como también es verdad que lo creemos, y no es esto lo que nos diferencia, ni tampoco lo que nos iguala, sino, simplemente, lo que nos condiciona. Porque por este o aquel motivo, tenemos la certeza de que algo así puede suceder, cada minuto, o cada mil doscientos millones de años.

Puede que despierte emociones el gesto del guerrero cuando hiende su espada en el pecho del enemigo, pero para los que han estado ahí, en la batalla, ¿acaso hay algo más enorme que el momento en el cual el acero es llamado a reposo?

Sabemos caer de bruces, y cuando nuestra cabeza toca el suelo, sospechamos que podrá reincorporarse y, si bien es una sospecha, cuando ocurre, vemos la sombra de nuestra mortalidad extendiéndose sobre la arena, y sabemos que el sol está tras nuestro, y sabemos imaginar su sonrisa, y no se nos olvida imaginar su sed, y no se nos escapa la posibilidad de que abrevarla implica verter nuestra sangre, y no descuidamos que si la tenemos es por él.

Conteniendo suspiros intentamos seguir un poco más, con detalles a favor y con detalles en contra. El perfume o el sudor reducidos a aromas limitados a una realidad, que la sabemos porque no nos faltaron afeites ni tampoco decoros en las roturas, porque al final de cuentas, aunque sabemos que todo pudiera contar, pretendemos rozar la idea de que nada contaría al final, ya que cuenta el contador, y el juez lo juzga. Y nosotros no juzgamos, resistimos.

Grita su llanto, o esconde su dolor. Le pesa lo leído o le pesa lo vivido. Le basta lo presenciado o le sobrepasa. Intuye o no, y un pedazo de televisión, una pelea, un partido de fútbol, un horario y una familia. Mientras los prados esperan generosos y el aroma de tormenta es distinto al pie de la montaña, y el reflejo de la luna parece brillar más sobre el lago, y arde el capó del auto como arde el corazón, y la noche de las trampas y todas las promesas, y todas las cosas que suceden, más tarde o más temprano, cuando va surgiendo la posibilidad de que en el epitafio sea escrito: fue sincero.


Última edición por Silvio M. Rodríguez C. el Lun Mayo 06, 2013 9:07 pm, editado 1 vez
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MensajeTema: Diario 18   Lun Mayo 06, 2013 7:01 pm

Diario 18

Pero lo que finalmente había logrado separarlo de los demás no fue otra cosa que lo que había aprendido de una mujer, a negarse.

A veces, cuando los pasos están cerrados por la caída de las grandes nieves, o por el peso de las flores de monstruosas desidias ocurre que recurre a nosotros. Nos va pensando volviéndonos la medida de su cansancio, lo que le queda de fuerzas a sus intenciones más ilusorias. Y así es que nos volvemos una música en la radio, una página en algún libro, un trozo de materia habilitada si no para el espacio al menos para el vacío explicable de alguna mente que inicia también su propia espiral ambulatoria.

Sudan los maderos por su sed de afectos, la mañana es clara, la noche es fresca, la naturaleza entera deja ver su belleza sin tapujos, y de algún modo llueve, y aunque no hay dolor, la tristeza traspasa la piel y recorre el aire, danzando frente a nosotros en la búsqueda de su origen. Nadie la ahuyenta, nadie la persigue, nadie la intenta poseer, nadie cruza la línea de los espectadores. Con el corazón desgastado por los vicios quedamos acurrucados de espaldas a las barracas, sabiendo que si nos mantenemos es porque nos piensa.

Las horas están quietas, o no quieren existir, y somos nosotros lo que debemos movernos a través de ellas, o empujarlas a que nos sigan, y no tenemos más que invención para tentar hacerlo. Una espada o un cáliz, un sábado que tuvo su tarde en la que no pudo concretarse la cita, que implicó viajes y estadías para concebir y vivir el sabor de la postergación no deseada, la frustración de ciertos deseos, la derrota de ciertas convicciones, la imposición de unas nuevas, la vieja historia de las muletillas que son necesarias para quienes no pueden andar desprovistos de la actividad de justificar sus actos merced a una definición comprada, alquilada, robada o, simple y frugalmente aceptada de la mano sucia de sus predecesores.

En la desventaja, sus vidas van marcadas por las horas, todo lo que hacen lo registra el tiempo, y aunque dicen que el tiempo es infinito, no lo entienden, y aunque dicen que la muerte no es más que eso, no lo entienden. Y así arrastran sus respiraciones aprisionados por la premura de tener una existencia cuyo sentido desisten de conocer, pero sintiendo que eso que dicen infinito se les acaba, y queriendo ganar un premio que los justifique, aunque sea uno pequeñito, conquistar Arabia, la luna, o la cura fantástica a la plegaria sonriente de las palmeras.

Nos pesan los ojos como si hubiésemos llorado toda la siesta, y no como si hubiésemos llorado toda la noche. Desde aquí, con gripe o con litros y litros de cerveza encima, sabemos que en la hora culminante del calor, allí donde más aprieta el calor, también somos más resistentes, pues sabemos que cuando termina el día, y no la vida, también estamos un tanto más cansados, aunque no muertos. Ese resto de energía necesario para disfrutar sin engaños lo que queda después de emplear la mayor parte de ella en la consecución de una variable pretendida.

Día tras día, las manos solas, sintiendo que siempre falta algo para ser feliz, que algo lo impide, y que no existen las cosas, y que no existe nadie, y que no es la ausencia, ni es la abundancia, que es de nosotros mismos la posibilidad de encontrar la tranca y hacerla pedazos, pues en nosotros habita, y en nosotros está su destrucción, que si no el suicidio, al menos haría falta encontrar el sitio exacto en dónde clavar la daga que haga sangrar las bisagras de la concreción de nuestras ilusiones.
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MensajeTema: Diario 19   Lun Mayo 06, 2013 7:01 pm

Diario 19

Descubren cosas sencillas, pero sucias. Y la suciedad no está esencialmente en lo que ven, sino en lo que les hicieron creer que era. Hay una enseñanza de un carpintero, y hay sitios adornados con oro al que acuden los que nunca tuvieron un kilo de oro entre las manos. Hay una enseñanza sobre la monogamia, y luego la historia de una infidelidad. Hay una tribu de los levitas, y hay sotanas que cubren un cuerpo libidinoso. Hay una teoría sobre una tercera edad sabia, y lo que se ve es un cuerpo gastado y maltrecho. Son cosas así las que van siendo descubiertas. Y dicen que llega una edad en la que ya no depende de los padres, pero lo único que se intenta es disfrazar que todas las anteriores fueron para proveer o no de armas a quienes sabrán o no usarlas. En síntesis, llega un momento en el que descubren que todo, o bien, casi todo lo que les habían dicho, no era más que un podrido puñado de mentiras. Y entonces, como gran gesto, lo asumen, lo aceptan, se resignan, o se sublevan. Y, normalmente, cuando ello ocurre ya es tarde para todo. De aquí la ventaja de la locura que radica en la fidelidad absoluta, a lo Alejandro, a lo Bruno, a lo Ingenieros. Cuando en el espectáculo de un absurdo apenas previsible aparece un alguien convencido de la finalidad y forma de sus actos. Tiemblan los tibios, la palabra no solo corta, sino que golpea, ablanda, humilla, arrastra, impone, porque detrás de cada una de ellas habita una intención, porque cada una de ellas es un resultado, y no un complicadísimo origen. Sopla el viento y el bambú se inclina pero no se rompe, la ola golpea la roca y en ella se deshace, pero no muere, y el invierno es gris, la rosa es roja, y más allá de los poetas, hay sudor entre las piernas. Sobrevienen las explicaciones, el raciocinio, pero el loco, o la loca, tienen su posibilidad de vencer. La realidad de la práctica del desprecio ardiente, aquí, en las barracas, donde nadie teme decirle a Dios que ha fracasado, para ni siquiera considerar la idea de perder algo del ridículo del tiempo en teorías sobre algún demonio. Mordiendo cebollas, memorizando cada uno de sus gestos, cada una de sus palabras, cada movimiento de sus párpados, cada una de sus posturas al sentarse, al caminar, al estrechar la mano, el tamaño de sus suspiros, la dilatación de sus pupilas ante tal o cual frase, ante tal o cual situación, en el ejemplo de una atención lograda merced a esfuerzo, por haber tocado fondo y habernos preguntado cómo fue que sucedió y por haber encontrado la respuesta exacta en no más de dos minutos. Aquí, en el basurero del mundo, donde el alcohol habilita los proyectos más idiotas, donde una lágrima puede hacer sellar un compromiso que todos saben jamás será cumplido, tenemos ese estilo de respirar que parece calma y tormenta, para que cada muerte sea violenta, para que cada una de nuestras sentencias sea excesiva, y por eso mismo, vulgar e inapelable. En otro estilo, sangrando por exceso de sangre, viviendo mucho porque la vida no es lo que nos importa, estudiando para despreciar el estudio, durmiendo para despreciar el sueño y no dormir más, trabajando para extraviarle el sentido a las gotas en la frente, y al final volver a recuperarlo. En el ardor de los ojos de este lado de las almohadas, hacemos lo que llaman bueno, y así hacemos la distancia entre sus tan tiernas intenciones y nuestras tan duras divagaciones. Al principio les somos de duda, después, de alivio, pero cuando llega el momento de juzgar lo ofrecido, lo entregado, lo hecho y lo logrado, y de un solo golpe demostramos que fuimos conscientes todo el tiempo de cada uno de nuestros más ínfimos actos es cuando obligamos a los que jamás hubieran querido sentirse obligados al simple y brutal reconocimiento, pues el mismo no sólo impone una aceptación de una diferenciación, sino, quizá, una imposibilidad de igualdad. El arma final del que lo da todo, el de negarse a seguir dando. El asno que decide no avanzar más. El águila que decide no volar más. Cuando el que genera se niega a generar más. Por un segundo, por un día, por un mes, por un instante, señalando que podría nunca más volver a hacerlo, y que podría hacerlo de nuevo, y aún peor, o mejor, que podría hacerlo mejor, desde las barracas, donde están los hombres que las mujeres quieren y necesitan; los que creó Dios y permite que vivan, le guste o no al resto del mundo. En las barracas, y no en la imaginación de ningún aprendiz de esclavo.
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MensajeTema: Diario 20   Lun Mayo 06, 2013 7:02 pm

Diario 20

La roca que espera en el fondo del mar, como la única flor que habita la inhóspita cumbre de alguna montaña, sabe, que nada de lo que digo quisiera al fin decirlo. La verdad es que quisiera no tener que hacerlo, y también quisiera no saber que decirlo, quizá y casi con certeza, no tendría caso. Mas ¿qué puedo hacer? Estoy ahí, entre la impotencia y la convicción. Conociendo – y ahora diciendo -, que desde que naciste habías esperado escuchar la música que aquí suena, esa que sabes sin aún haberla descubierto, que te toca el alma y que por ello alcanza a la mía.

No me releo, releo de cuando en vez las vidas por las que transité, como se mira el espejo retrovisor antes de realizar un adelantamiento por la izquierda, y lo que veo, ojalá alguien lo supiera, no es más que pasado, y lo que siento no es más que presente, y no llega a ser más que la intención de un instante más fraguando aquel en el que todo podría llegar a ser como quiero, la extrema convergencia.

Sueño que vengas, o que no llegue a volver tu voz, sin poder verbalizar ninguna posibilidad definitiva, luchando contra fantasmas, ideas, pensamientos, intuiciones, y cosas así. Atado al mientras tanto, sujeto por mi libertad ilusoria, quemando lo que queda de mis días acompañado de angustias y ansiedades que sólo son calmadas por una fuente de esperanza, que justamente nace en aquel momento en el que fuiste lo que pretendía, y aún más, antes del tiempo en el que las distancias de las formas adquirieron tanto y tanto peso, como suele ocurrir con lo cotidiano cuando se intenta establecer de cada instante pletórico de gestos únicos, cuál absorbe a cuál.

No estás aquí, estás con otro, o con nadie, y ni nadie ni todos, respecto de ti, sabrían lo que yo. Hay una burla en no saber aprovechar lo que se sabe, y hay hielo en saberlo hacer. La humildad aparece cuando al no tener lo que se quiere, uno mismo se juzga como responsable.

Tendría que ceder, tendría que seguir no cediendo jamás, tendría que realizar lo que puedo, pero ser espectador también es una de las posibilidades a la que accedo. Sin agachar la mirada, simplemente imponiendo cristales ante mis ojos. Negándole el camino a la razón, admitiendo una, y luego mil veces, los portentosos ríos de la locura. Pues confieso, que si bien mis actos, todos, son racionales, a mis ojos no son más que manifestaciones de lo que sólo al final de la película pudiera o no tener razón, justo en ese momento en el que nadie habrá de poder testificar respecto de la bondad o maldad de toda la suma de mis acciones y de todas mis inacciones.
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MensajeTema: Diario 21   Miér Mayo 08, 2013 7:27 pm

Diario 21

No hace falta la razón, no es necesaria, y hasta resulta completamente inútil, salvo como prueba, como el más simple de los ejercitarios a superar. Otras luchas, de imágenes reales -como la que suelen presentarse entre la resignación y la paciencia, entre el esfuerzo y el talento, entre el resentimiento y la debilidad-, pueden, con mucho, lograr mayor distracción emocional, aunque tampoco sean, al final, más que simple utilización de neuronas. Así, nombramos un general, el cual no tiene otro destino que el de ser humillado por el resto de la soldadesca. Ahí la trampa, así de fácil y sencillo, como todas nuestras acciones. En la amalgama de un día y un río surge un diario, entre secretos de hiatos y tildes pintadas.

Cuesta un poco más cuando a mitad del trecho se deja caer tu imagen de aquellos días que habrán de llegar, al fin. Y por ello no dejo de señalar, cada tanto, que soy yo el que a conciencia vive el mientras tanto. Como el apostador que desde que empieza la carrera tiene fijos los ojos – y el corazón – en el caballo por el que ha apostado. Como el que ha sembrado en el huerto un árbol de manzanas, y ese mismo día ha invertido una parte de su dinero en el cesto con el que sueña recogerá los frutos.

No llueve, no hay cristales, la noche está abierta y la brisa permite ser sentida a treinta grados y bajando. Libres vagan los búfalos mientras sienten su reposo las rocas más antiguas, recordando el tiempo en el que fueron un líquido que ardiente arrasaba los espacios abriéndose camino. Lo vivido va reemplazando a una durísima intuición con una muy dulce sospecha de que todo habría de acabar bien. Y entonces, cuando la duda arrecia, cuando la confianza no es más que una palabra entre las palabras, en lugar de dolor aparece cierto gozo, pues es que es tiempo de que el tiempo sea una variable. Es la demora su esencia. Pues, aceptada la existencia del cielo en la altura, queda el construir y recorrer los peldaños. Como conocerte implica ya el lograrte.

Entonces, a la desgracia se le sonríe, porque no es personal, gracias a Dios, sino porque le pasa a otro, y como uno ha estado ahí, le puede arrimar el hombro, y decirle de pleno que es horrible, pero que bueno, como uno lo ha leído y vivido “también esto pasará”. Se está más solo, pero el precio va compensando. Merced a caminar por las paredes y sellarse la boca una y otra vez cuando lo único que se pretendía era decir un gramo de lo que uno concibe como enteramente cierto e inalterable, que lo que ocurre, realmente no ocurre, porque es cuestión de tiempo, en cuyos términos no existimos.

Comprendido el absurdo y la fantasía, las circunstancias pierden peso, y se accede a las ventajas de la tercera edad, de la que me voy despidiendo, pues estoy a días de la cuarta y, aunque las anteriores no fueron perfectas, tuvieron su sabor, y como imperfecto es quien tiene sentidos, ¿qué mejor consuelo que haberlos sentido?

Una U se pondrá enfrente esta noche, dentro de unos minutos, y habrá que presenciar los resultados, y por supuesto, su proceso. Como siempre, le vamos a dar la razón a todos, o se la vamos a negar también a todos. Sólo por divertirnos, porque si hay algo que no hemos perdido en las barracas es la intensa tentación de divertirnos a como dé lugar. Cueste lo que cueste, siempre que no nos cueste nada.
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MensajeTema: Diario 22   Miér Mayo 08, 2013 7:27 pm

Diario 22

Durante seis años asistí al instituto, y aunque no fui porque quería - sino porque eso querían -, tampoco dejé de ir, sobre todo porque soy de los que piensan que hay que terminar lo que se empieza. No aprendí prácticamente nada de lo que hubiera podido esperarse, pero sí un par de cosas que difícilmente hubiera aprendido en otro lugar: el valor curativo del esfuerzo continuo cuando acalla el golpeteo de las sierpes en la mente, la plenitud de su inutilidad cuando va direccionado hacia imposibles vanos, y que luego de seis años uno bien puede decir “y el tiempo pasó”.

M1, M2, M3, la velocidad de circulación y el grado de confianza del público en la moneda. ¿Cómo? Con mis ojos fijos en algo y mi mirada fija en otra cosa, comprendí que ya era mía la tierra de nadie, el ámbito sensorial en el que se percibe la ilusión de una brisa y se comprende el significado de la huella que queda sobre una almohada; un estado desde el cual se interpretan todos los detalles que va dejando cierta persona en cierta construcción, su manera de abrir una puerta, el arqueo de sus cejas cuando truena, el cambio sutil en la expresión de sus labios cuando juega el alto o el meridiano; su actitud, al fin, frente al rojo, al blanco y al negro. Y el tiempo pasó.

La oferta que genera su propia demanda, el equilibrio dinámico de los mercados, y la torre de Babel que ordenada en su construcción, en su íntimo sentido, también lo fue en su destrucción. La estructura del poema a rima perfecta, contadas y medidas todas sus sílabas para que al final, ni a Heidi pudiera decirle nada, frente al charco DESordenadO, producto de alguna tormenta DEliberadA, por donde pasa el harapiento hundiendo sus pies callosos en el fango hasta sentir la realidad de lo húmedo primero, y la idea del camino después.

Destruir el predicado, entonces, para volver al sustantivo mismo y desde ahí proyectar el esquema nuevo y puro. La confianza (del público), el equilibrio (de los mercados) y la palabra no confusa (de Babel), se convierten en la confianza equilibrada en la palabra. Desde aquí, la boca y las manos, lo que se dice y lo que se escribe como escala en espiral que necesariamente llevará al fondo mismo del “otro”, del “próximo”, del “prójimo”. Confiar en alguien, o no confiar en nadie; seis años de entrenamiento tan sólo para saber si se puede o no se puede confiar en alguien, para saber, verdaderamente saber al primer trazo si un alguien habrá de confiar en uno, o no.

Escribo para vos mi fantástica realidad, pero lo que escribo es real. Las barracas son horribles, pero nosotros que vivimos en ellas no lo somos. Cuando decimos que vamos a hacer algo lo hacemos, y luego de hacerlo recordamos que si lo hicimos fue porque Dios lo permitió. Confiamos en nosotros, en Dios y en la Virgen y en nadie más, porque en nosotros no confían, y el que no confía es porque alguna vez traicionó. El que es fiel no teme, sufre hasta lo indecible, pero no teme, porque la fidelidad es una forma de vida extremadamente racional, y al tiempo inexplicablemente emocional que muy pocos pueden soportar.

Es pensarlo y sentirlo, porque puede que mañana pierdas la confianza en alguien que te ha sido fiel, que llegues al final de la película y tengas que enfrentar tu mar de dudas con la absoluta falta de temor del que conserva y expande la fuerza de su fidelidad.

Y qué le vas a hacer.
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MensajeTema: Diario 23   Miér Mayo 08, 2013 7:28 pm

Diario 23

Cediendo al cansancio del tiempo, a todos los acondicionamientos del mundo, sin ninguna razón, sin ningún objetivo, sin sueños que lograr, sin el peso de ningún ideal idiota. Todo por la simpleza de un complejo orgánico del cual, por conocerlo, se ha llegado al hartazgo, a lo Nietzsche.

Por haber estado parado bajo la lluvia por horas esperando que existas, por haber caminado bajo el sol tratando de encontrarte, por haber dormido como resultado de haber terminado las horas extenuado, y por haberme puesto de pie apenas hube sentido podía hacerlo. Y el viento vencido y alimentado por tu pelo, jugando con los destellos de cada mirada que lanzas como si el destino no fuese más que cenizas con las que algún niño no teme jugar. Y pisas los guijarros que se arrojan entre las sombras, y no temes por lo que no sabes, ni siquiera lo buscas, y ni siquiera nada te hace falta, y nada en ti refleja carencia alguna. No te caben alas; poca la tierra, poco el cielo. No basta el sol cuando queda fijo entre tus ojos mientras yo juego a que no lo sabes. Todo es continuidad intentando su propio seguir. Y llueven rayos de todos los colores, y se aquietan todas las historias, y se da el mar para que exista su fondo – en el que ya no estás -, y se da una montaña para que sólo ella sepa cuál será tu nombre nuevo.

La potencia que fue y quedó en ello, cuando ya no corre el corredor, pudiendo hacerlo, cuando ya no sueña el soñador, cuando el solitario en verdad se vuelve clandestino pues nada, nada ya puede importarle, y así se esconde para que no lo sepan y alguien pudiera sentirse tentado a terminar como él, y no porque ese posible alguien pudiera afectarlo, sino simplemente porque no puede dejar de vivir escondido quien ya no puede ser visto por ojos comunes. La noche misma, todos los días, durante todo el día, por todos los días, en la desesperación que provoca la pureza perdida que sólo puede ser compensada y calmada por la desesperación de recobrarla. El motor de los autos, las manos de la gente, la mirada del niño que observa la ceremonia del cáliz, el murmullo de las tejas mientras bajo ellas tejen las ancianas que han visto a sus nietos crecer y marcharse. Lo breve de los instantes, los afeites, la noche de la candelaria y la imposibilidad de todo, mientras la perfección no es lo que abunda, sino una repetida y marcada negación, como si tratase de probar hasta qué punto todo lo percibido pudiera ser aceptado.

En el baile de los maricas, en la danza de los que combatieron, en el llanto de las lloronas, en el veneno que vuelca en la copa el tullido de confianza, en la traición premeditada y en el honor buscado paso a paso cruzando peldaños de hombría, la mujer que había decidido ser lo que fue predestinada a ser, y la que no. Da miedo, rasga el estómago, pero no la mente, que se ha extraviado en otros derroteros a conciencia de su locura, entre sotanas y sábanas de seda. La rosa y el ruiseñor enfrentados en la duermevela, cuando el que los percibe cierra los ojos a sus percepciones y asume el cemento y la nada, como quien asume lo más vasto como el principio mismo de una nada.

Tus brazos, que alcanzarían o no, como la distancia entre la razón y la fe que en algún entonces pudiera haber establecido uno solo de todos los libros. Una piedrita de color, un gesto solo, una semilla que emerge del miasma, el sacrificio mismo del sacrificio de bruces contra todas las oportunidades, en un desgaste que alimenta y alimenta, que alienta y empuja, cuando del niño hacen dios y de algún ángel un demonio, probando el polvo de las sandalias y la verdadera resistencia de la más intangible de las ideas. En el centro del desaliento, donde habito, esperando por un pequeño roce de tu alma, pero sin pretenderlo; en un infierno donde tan sólo bastaría con pedir perdón, esperando un milagro sin pedirlo, sin convicciones, sin esperanzas, con el vago recuerdo de que podría ser de otra manera, como en esa posibilidad de que el humo del barco vaya acompasando el dolor del agua expulsada con violencia del seno que la retiene, como espacios tiempos y letras que van y seguirán yendo por ahí hasta que dejen de hacerlo en el primer instante en el que nos sepamos.
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MensajeTema: Diario 24   Miér Mayo 08, 2013 7:29 pm

Diario 24

Es la siesta. El sol arrasa la terraza y hasta el polvo se resiste a girar. Pareciera que no tengo fuerzas, aunque sé que bastaría con recordar la que tuve para recuperarla. ¿Para qué lo haría? Va terminando la prueba de las últimas semanas que no consistió en otra cosa que conocer esa parte del infierno que tiene su antesala en lo que llaman reposo. Me tiembla el cuerpo por su necesidad de nicotina y alcohol, mi mente está embrutecida por la falta de lectura, y mis dedos torpes por no escribir; al fin, todo en mí está débil por tanta práctica de apareamiento.

En la siesta, así, voy sintiendo el recuerdo de lo que ha sido y volverá con ímpetu ordenado. Aquella vieja virtud que se va logrando paso a paso, que brilla siempre enfrente y que siempre resulta inalcanzable, que hace imposible mirar atrás, y hace que el caminante no se permita conciencia de los pasos dados, de ninguno de sus minutos entregados. Con todos los detalles de la brutalidad que implican uno y otro desprendimiento una y otra vez, como si fuese necesario el continuo acto de ir destruyéndose para al fin tentar el inicio de la propia construcción. La tarea de las hormigas y la función de las víboras, el sonido siempre compañero de una guitarra eléctrica en la estrella de acero de tres puntas que se arroja al vacío esperando que uno mismo esté de ese lado de la imaginación donde se sueña a un posible receptor de todos los gestos, sobre todo los más ínfimos, los casi inexistentes, y que tanto poeta ha dicho constituyen el verdadero misterio y la verdadera sonrisa de los mayores, como en economía, cuando el calzado deportivo queda fijo por un cordón que no pesa ni el cinco por ciento de lo que sujeta.

Un cigarrillo para aguantar toda una hora, el precio que rebasa la justicia, o que en verdad la realiza. Los que habrán de morir por una causa, británicos y estadounidenses, iraquíes y argentinos, bolivarianos y ecuatorianos, y siempre el sacrificio, siempre algo en teoría pequeño por algo más grande, el mono que es inyectado hasta el cansancio para probar una nueva droga, el perro que es drogado para detectar drogas, los pequeños que son vestidos con un fusil para morir en el nombre de la democracia, y el aviso que avisa que con una gota de detergente es suficiente, aunque el mar no alcance para lavar el mundo, y la muerte de un solo tipo haya servido, dos mil años después, para que otros tipos vistan ropas bajo las cuales cobijaron el calor del estupro. La capilla y la roca dentro de la cual ya estaba la obra como dijo, con propiedad, quien lo hizo, en la realización del equilibrio entre precio, valor, apreciación y peso de los ejemplos en la bíblica condena de la existencia de los opuestos, limitados, eso sí, a la existencia de este mundo, con todo lo que ello implica, y con todo lo que, gracias a Dios, con ello se libera. Porque hecha la cárcel, más que nunca queda definido el cielo, porque basta una hora de soledad para comprender el extremo y fino secreto de la compañía de las noches, que como mujeres puntuales, nunca dejan de venir, y nunca se permiten ser iguales. Electrónicamente, el agua, la nube que sin dolor presencia la estructura de los edificios dentro de los cuales también sucede la historia.
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MensajeTema: Diario 25   Miér Mayo 08, 2013 7:29 pm

Diario 25

Hasta que comprendes que toda la estructura del mundo está diseñada para probar tu insuficiencia respecto de lo que pudieras alguna vez sospechar como cierto o falso, como definible, nada más…

En el dulce mundo de las barracas, donde todos somos prisioneros, la comprensión de esa estructura late cuando se suicidan las ballenas y queda marcada la impotencia, mientras ríe el intento fallido de los tullidos; la voluntad se reduce al prólogo de lo que el tiempo definirá como una nada entre las nadas, y la vieja teoría de la persistencia se convierte en la gran estupidez de la convicción de los insensatos, al tiempo que la ceguera define a los polos, al sentido y a la potencia, y encima, otra vez encima, escancia su burla sobre todo el agrio espectáculo de las imágenes.

El hedor que recorre la entrepierna de aquella mujer apostada en el portón de la casa ajena, esperando, anhelante, el momento en el que absorberá el trozo de materia pretendido, acaso imaginado, con ayuda algún comentario escandaloso y un camino roto pero descrito por quien no tuvo jamás conciencia de que no lo terminó de atravesar, en la condena de no poderlo hacer. Esa férrea repetición de los días, con la piel que no logra el hábito, y la mente que no alcanza el consuelo de la demencia, sino la desazón de un estado brutal en el que las cosas, todas, no son más de lo que son.

Abundancia y carencia de milagros, el punto exacto, el equilibrio, la vía de escape, y toda la religión que pueda caber en un resto de mensaje, hasta que duelen los oídos y se hace notable que el insoportable fracaso que se expone, y se mira, y se ve, es el propio, sin ya posibilidades de ser bandera, como un cuerpo mutilado que no tuvo ni metas ni prisas a la hora de defender su fin, puesto que carecía de toda finalidad. Para que también constituya la distracción la extrema búsqueda de los extremos, donde lo que cambia es el número que simboliza, la primera concepción de cantidad, de murmullo, de no identificación, donde las sombras pueden más que las estructuras que las crean, donde el brillo de la luz golpea y se hacen necesarias espaldas anchas para soportarla, donde las madres al ver la muerte del padre de sus hijos intentan sellar la idea de que fueron “los otros” quienes lo hicieron, a sabiendas de que la inexistencia puede ser soportada, pero que quizás no puedan soportar el temor inmaculado a la soledad. Porque pecar en grupo es menos pecaminoso que hacerlo individualmente, porque lograr el campo enemigo es más sencillo si hay sudor compañero al lado, porque todo es más ridículo si no hay nadie que lo vea, porque cuando nadie hay sólo queda el ridículo, y cuando todos están, el ridículo se hace masa, y la masa, por propia esencia ha olvidado el arte del autoflagelamiento.

Quedan las horas sin abrigos, en el tiempo de la muerte registrada y de la vida sin biografía, los viejos ideales que de viejos ya no llegan a los jóvenes, que en puridad no existen ni existirán, porque en las barracas todo es viejo, eternamente viejo y podrido, desde la sonrisa filmada hasta la estrella que todavía no ha logrado nacer de su explosión.

La aérea danza de los buitres, el canto coral de las hienas, y el sonido del galopar de un gran potro sujetado de la boca por un pedazo de hierro sostenido por las manos de quien no tiene idea de lo que son las barracas, que todavía respira con las ideas del purgatorio, del limbo, del infierno y del cielo, aferrándose a lo que otros se aferraron durante todo el tiempo que durarán sus fuerzas, que nunca son demasiadas, pues suele ser que al final se agotan y la realidad, aunque nunca haya estado oculta, al fin deja de ser resistida, y entonces, para la no emoción de nadie, se descubre que las barracas siempre existieron, que nunca fueron imaginadas, y que siempre estuvieron en el centro del corazón de todos los que erraron.
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