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 Diario del puto

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Silvio M. Rodríguez C.
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MensajeTema: Diario 26   Miér Mayo 08, 2013 7:30 pm

Diario 26

Hasta que lo perdí, el cariño me había parecido sencillo y hasta inevitable, como la lluvia, la profundidad de los mares y la cima de las montañas. Hoy, me quedan la ansiedad y la angustia tras cada palabra que pasa de mi corazón a mi boca, tras el tono, los gestos, la hora, los lugares, tras, en fin, la magnífica telaraña de la que nadie queda libre y dentro de la cual es difícil llegar a ser un buen esclavo.

Sin embargo, llegado el punto en el que se admite el dolor de las baldosas, y la alegría de las cigarras que en minutos habrán de morir, hay un algo de cansancio y esperanza que si bien no es más que una plegaria desplegada hacia una deidad que no se llega a conocer nunca, alcanza para ir estirando el resto de las horas que precede al agotamiento que desembocará en el sueño, que es ya otro desierto.

El inicio de la mañana, con todas sus ilusiones, frente al transcurso del día con todas sus noticias, la enfermedad y la posible muerte, el dinero y las miserias, la mente que busca un cuerpo ideal y que ante la adversidad quiere optar por las compresas, por la palabra tranquila y el abrazo tibio, por el cuento de humanos que dijeron era de hadas y que no fue tal; y con el mundo como reflejo de la propia vida, del propio cúmulo de repeticiones e innovaciones, expuesto ante el espejo abismal de los sentimientos.

Empezar la mañana con el rezo que dice “la voluntad de los hombres”, para ver que la voluntad vale tanto como las emociones, cuando todo grita hacer mientras todo susurra no hacer nada. Sentir la espalda que se dice es de roca, el corazón que se confiesa de ónice, los ojos cansados, y los labios sin su par. La mano que siempre va buscando algo en la conciencia de los mancos, en la del tullido que no puede caminar y en la de aquel que necesita de un artefacto para respirar, al tiempo que alguien firma el documento con el cual autoriza sea asesinado por piedad, apelando a la dignidad, a todo aquello que envuelve al dolor más intenso cuando el mismo no logra insertar su sentido en la realidad del que lo padece.

Inexplicablemente, sin embargo, era sencillo cuando dejaba atrás reglas y leyes y llegaba el amanecer. Tras el ventanal la llovizna se dejaba resbalar por entre los espacios del patio, lleno de árboles sin nidos, vacío por completo de párpados carenciados, de toda manifestación de vida que no sea en sí misma – consiente o no – ejemplo y finalidad, destino y principio, esencias que preceden a la memoria. Todo era sencillo cuando al tocarte, tras haberme negado a tocar incluso a quien más quise, lograba detener el crecimiento y jugueteo de las sierpes de la malicia, de las exigencias que siempre quieren cruzar el límite de las entregas, en aquellos momentos repetido en donde iba sabiendo que un poco más adelante, ahora o ayer, ya nada sería como fue.

Duele menos cuando se está gastado, porque la inteligencia – al fin desarrollada – expone la disculpa respecto de quienes – aún – no lo han logrado, y aunque duele más cuando no se tiene cancha, también es cierto que el ímpetu y las ganas son entonces también mayores para tejer el equilibrio por el cual quien entrega, si bien no recibe ante sus ojos en igual medida de lo que da, al menos sabe, de algún modo sabe, que es posible que también otro logre hacerlo así, sea aquí, sea allá, prescindiendo de las historias de la duda y de toda la historia.
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Silvio M. Rodríguez C.
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MensajeTema: Diario 27   Miér Mayo 08, 2013 7:31 pm

Diario 27

Juguemos en el bosque mientras lo serio no está ¿lo serio está?

Alguien cercano a punto de caer golpea la puerta, y a su manera rabiosa, enferma, pide ayuda, y lo que recibe es silencio y luego unas palabras que refieren a pilares fijos, firmes, y humanos. Acto seguido, las ganas de llorar ganándote el cuello en un absurdo imposible de esencializar, la tristeza sencillamente enorme tomando posesión de los ojos y el llanto que es detenido porque ya de nuevo hay que partir, porque de nuevo golpean la puerta, una y otra vez (una-y-otra-vez).

Me miro, y miro lo que tengo y lo veo maravilloso, y miro lo que me falta, y lo veo espantoso; y entro en cada cual, habiendo leído que como es arriba es abajo, sin pretensiones de altura, me limito al plano sencillo, donde como es a mí es a otro, para acceder a la teoría de las abundancias y las carencias, al terreno del “todo le falta”, al del “todo lo tiene”, y a aquella que comienza con un “no está”.

Encuentro al hijo natural que jamás conoció a su madre, y que nunca tuvo que asistir a su funeral, a sus enfermedades, a su inmolación, a la historia de sus placeres y sus desgracias. Como el indígena no evangelizado que no tuvo que sufrir por un libro y dos palos unidos. Como el sabio que sonríe cuando escucha que el conocimiento es dolor. Como el lector entrenado que no define nada en el primer reglón sino en todo lo escrito, porque sabe que en la primera incursión de Napoleón aún no estaba el invierno ruso, porque sabe que todo es coraza, y que el juego se trata de hallar la hendidura más pequeña, por donde podrá avizorar el corazón del escriba, de su época y del futuro mismo de todos los párpados.

Ya es de noche.

Te demorás de a poco, pero siempre volvés, como presagio anunciando el continuo final de todos, mientras ocurre este entretanto de ventanas como ojos vacíos, con tu compra de legumbres y el tráfico del aceite de bacalao que me aplasta contra el centro de nada sintiendo lo que pasa cuando lo importante deja de serlo, en tanto señala un cambio que es pérdida de ancla o de vela, mientras el viento sigue igual de impredecible. Ya viejo, la juventud consiste en no saber qué hacer en una oscuridad cómplice, porque aunque las bujías no funcionan, el deseo alumbra más justo ahí cuando los demás, celando siempre de lo que iríamos a hacer, por fin ceden al tedio de sus vidas por un momento y nos descuidan, justo a nosotros que habíamos vivido la desesperación hasta la incredulidad.

Qué querés, vivo en las barracas, te incluyo antes que excluirte, porque no estás. Lo hacen todos. Todos extrañan lo “bueno” que ya no tienen. Nada como ser uno mismo y ver que se es como todos los demás. Nada como las barracas. Excepto esto: imaginarlo diferente.
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MensajeTema: Diario 28   Miér Mayo 08, 2013 7:31 pm

Diario 28

Antes que de nuevo caigan las presas, antes que vuelva la prisa, antes que todo vuelva a tener motivo y objetivo, en el instante más extremo, el único de la noche, del día, de la vida, en ese antes es donde se fragua la constancia. Por vivirlo lo sospecho y lo callo, con los pies sobre la tierra y con el corazón en todos los mundos posibles, con luces verdes y luces naranjas, negándome a esas cosas que tendría que saber aceptar, queriendo más de lo que puedo, pudiendo más de lo que quiero, haciendo de mí el verdugo que suelta la cuerda que sostiene la hoja embravecida y ansiosa que busca mi cuello envuelto en la más dura de las soledades.

Eleusis todos los días, la dulzura del engaño, el triunfo de la decepción, y una sonora bofetada a toda inutilidad. Yo elaboro la carrera al final de la cual, por disposición mía, no hay más que un leño seco. Desde la palabra a la no palabra, desde todos los sitios a ninguno, desde una fecha a todas, desde un ser humano a todos, para que desde todos, por todos, vuelva a mí, hecho pedazos que pudiendo pedir a cualquiera que los junte, que teniendo a tanta gente dispuesta y hasta anhelante de hacerlo, termine haciéndolo yo mismo, para que nadie venga a exponerme como imperativo emocional que yo tenga que hacerlo.

Tus luces apagadas, las de tus sentimientos, o en penumbras. Vos queriendo que alguien las encienda, desconociendo que a tanto iris frágil lastimarías si sucediera. Vos de a poco sabiendo que el que alguien te sepa quizá te aplastaría, pues la humildad apenas te ha rozado y ni siquiera eres consciente de que su idea ya te ha dibujado.

Hay que enterrar el corazón para ver cómo deja de crecer al tiempo que crece en su espera. Recorrer los pasillos más oscuros, entre la lumbre de lo perdido y el cariño que inmerecidamente se ha sentido y ha sido pagado con inesperada frustración, para entender el contexto en el que se ignora si es peor encontrarse con lo que no debía encontrarse, o tomar algún camino aledaño donde el daño posible ya no lastimaría como ayer. El duelo.

Y ya es tarde, aunque todavía quede alguien por venir. Ya aprendimos que el día es “lindo” llueva o no, o es feo, salga el sol o no sea visible. Siempre alguien pierde, siempre alguien da más de lo que recibe, o recibe más de lo que da, siempre la incomprensión, la ingratitud, o el gesto amistoso, el acto fraternal, más allá de toda balanza justiciera. Siempre es así entre ustedes. Pero aquí no es así, porque los que aquí estamos no somos así, porque a diferencia del resto nosotros somos potencia realizada, fortaleza. No necesitamos definir al bien o al mal para hacer lo correcto, no necesitamos ser correspondidos, no cuestionamos nada, simplemente tenemos la entera certeza de que vamos a morir y, como Villón, estamos habilitados para hablar de todo.

Pero somos sospechosos, llevamos dentro la escuela del sin embargo. En la descreencia y en el credo realizamos nuestra fe. No sólo en lo que hacemos o dejamos de hacer, no solo en lo que conocemos, sino también en lo que imaginamos. Dado que cuando los vemos vestidos, sin esfuerzo los visualizamos desnudos, puesto que nos observamos y no hallamos diferencias insalvables, viviendo en el humo y respirando del éxtasis continuo en el sitio donde la intranquilidad arrecia las miradas, donde las piezas no encajan del todo; en ese ámbito que llaman de la tentación, con el eco del orden que ha sido extraviado, pero que no ha sido logrado, y si ha sido logrado no fue lograda su permanencia, que si lograda no tiene fin, porque sólo permanece lo que jamás fue creado, ni generado. Mientras tanto, las horas de las emociones, todas con su particularísima intensidad, y todas, en nosotros, con sus sin embargo de contrapeso de estire y empuje en la vivencia de lo posible.
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MensajeTema: Diario 29   Miér Mayo 08, 2013 7:32 pm

Diario 29

El prisionero quiere ser libre, quiere dar rienda suelta a lo que lleva dentro. De nadie depende que lo haga, pero están todos, y sabe que quizá alguno lo esté observando. En el fondo dolería si no fuese por la impaciencia, por la conciencia del tiempo, en donde encuentra a cada uno de sus actos dependientes de su racionalidad. Sin embargo, dada la estructura de un trozo de materia que contiene un sinnúmero de otras materias, y donde la desgracia es la constante, sin buscar ningún escape, ni ninguna muleta, tendría que vencer mucha racionalidad para poder libertarse.

Razona estructuras, la lectura de la poesía mientras los enfermos renales no tienen medios para subsistir un par de semanas más; la primera, segunda y tercera clase de piano mientras más y más niños mueren de hambre; el libro de Morente mientras cinco machos violan a una hembra de la especie humana. Y el agnóstico y el nihilista que hablan a los chicos de nueve y doce años, y el estoico hablándole al anciano viudo que perdió a los hijos en la guerra, y la historia del futuro con los “otros soles” de Giordano. Encuentra una cierta desesperanza que lucha con su opuesto, esas batallas que se relata ocurren dentro del corazón, o a mitad de la mente, o en pleno tránsito del miasma. Un gran temor y un gran dolor habilitan a una gran confesión, pero el confesor está ebrio, y el amigo que escucha ayuda con su silencio, pero no puede señalar hacia delante.

El pozo es el pozo y, al parecer nadie está arriba para tender la mano y aportar su fuerza de corazón y mente. Lo que queda es lo que se tiene, las uñas, los ojos fijos en lo que se ha entrevisto, mitad sueño, mitad realidad, el rastro de la breve muerte que dio curso a una nueva vida, cuando había oscuridad y las cosas seguían un curso que no había sido establecido por quien lo estaba transitando, aquella vieja escuelita, de sillas rotas, gastadas y mal hechas, donde tan bien se enseñaba respecto de la predeterminación y de las ropas necesarias para decir lo que cualquiera en cualquier parte del mundo y de su historia temporal pudiera, puede y podrá volver a repetir hasta el hartazgo de los oídos, de los labios y de los dedos que escribieron lo que oyeron, pudiendo, sin embargo, no volver a ser entonadas en la más justa y única de sus vibraciones.

Se hace pequeño el espacio, o se hace gigante, el abanico y la imagen de sus posibilidades, o un calidoscopio, o el fondo de un arroyo, o las cañerías de Ruanda, o el piano de 101 teclas. La sombra que cruza el espacio y que no puede ser tocada, que ni siquiera existe realmente, pero que hace existir la duda respecto de si existe como si así liberase la expedición que habría de darle caza, y que lo consiga o no, habría conseguido poner en movimiento algo y hacia una dirección, algo que no estaba hasta que pudo haber sido concebido, y que podría llamarse imaginación, o resultado de un anhelo desconocido, que podría ser interpretado a la luz de las conocidas leyes naturales que rigen a quien emprende lo que llaman emprendimiento.

La otra escuela, que también respiramos, la de “de todos modos”, desgarra para instalar sus conceptos. Rompe la boca, y luego le enseña la sonrisa, raja el corazón y lo pudre, para sembrar ahí el nacimiento de uno más puro aunque más inaccesible; admite el fracaso para burlarse de todo éxito, y hace prisionero a cualquiera que juega con su libertad, y le expone sus secretos, y le dibuja sus juegos, y le hace creer en el final de tanto someterlo a uno y otro principio, mientras ve que la carne palidece, que el peso baja, que todo es cuesta abajo hasta ganar el fondo del abismo, desde el cual y con el cual se hace esencia de lo que habrá de jurar no aceptará jamás – aunque el jamás no exista -, por más que tenga que vivir comprendiéndolo, para demostrarle el maravilloso secreto del verdadero conocimiento – no el de la sabiduría -, que implicando saltos y estadías, va más allá de ellos, y va mucho antes, y va mucho durante, y así, sin querer, con palabras simples, en puridad simples, va bosquejando también la constancia, la continuidad, como las cadenas que no cambian de la mañana a la noche, pero que, sin embargo, un día pudieran romperse, un día que sin embargo pudiera no llegar nunca, un día que pudiera ser hoy.
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MensajeTema: Diario 30   Miér Mayo 08, 2013 7:33 pm

Diario 30

Nunca más habría que elevar una imagen, nunca más, y ahí estaría la distinción, ahí la clave visible de diferenciación que trascendería las de la genética. Y a Aarón habría que implicarlo por el simple y conocidísimo hecho de que cuando no se accede a la virtud, sabiendo que existe, resulta intolerable que otro lo logre. Patología simple de la envidia que se diferencia de los celos por el motor, puesto que esta se fundamenta en el temor a perder lo que se tiene, y aquella en el deseo de poseer lo que otro tiene, como dice el manual. Como se ve, y hasta como pudiera entenderse, por vez número mil – ya que cuando me decido a ser reiterativo desconozco la posibilidad del cansancio – la explicación de la conducta no altera los resultados de esa conducta. Puesto que la situación de quiebre, antes que ajena, es íntimamente personal: como sufre un daño la víctima, padece un daño el victimario; así entendido ¿acaso sería posible que el dañador, habiéndose dañado por el daño causado, pueda reparar el daño ajeno sin antes, o por lo menos al mismo tiempo, realizar lo necesario para repararse? ¿En qué otras cosas puede pensarse luego de verse el rostro y las manos rotas tras una pelea? ¿En las propiedades del alcohol alcanforado? El agua oxigenada arde.

La noche suena bien, y nada más fascinante que una cárcel jugando a ser infinita mientras ocurren esos instantes en los que todo parece sencillo y la sonrisa quiere abrirse paso. La mente despierta, sabiendo tan bien que nada, al final de cuentas, había sido era sencillo. Pero estar ahí, asumiendo las sensaciones que alguien menos entrenado confundiría con intuiciones, que otro más avezado llamaría el cúmulo de las experiencias, pero que alguien de las barracas sólo le fijaría el rótulo de emociones pasajeras. No engañarse, para no engañar, no dejarse engañar para ir exponiendo el conocimiento de la certeza del final.

Queda lana que esquilar y los brazos parecen todavía capaces de resistir temporadas enteras. Todavía resulta posible empujar al ternerito a volverlo al centro del vientre, cocer con alambre la vulva de su madre, y verlo nacer un tiempo después. En algún lugar quedan los perfumes y los teléfonos al alcance de las intenciones, matar insectos, cambiar de disco, cerrar un libro, escribir alguno, comprar otros. Aquí sigue la prescindencia del destinatario, aunque sigue cierta su imagen posible. La premura se deja adivinar vencida, o quizás postergada, como si el grito que habita en el nido del corazón no sintiese la desesperante obligación de ser expresado. Y algo así como el médico que se deja auscultar, sin mencionar que es médico, sin dejar entrever que sabe exactamente lo que está ocurriendo en la mente de quien lo está “revisando”. Para que mañana la memoria cumpla su función primordial: fallar.

Fortuitos instantes en donde la suerte no tiene cabida, el golpeteo por el cual todas las casualidades van volviendo con su propia cadencia al mar de la causa que les brindó la imagen de ser independientes, en un tiempo que espera a ser sostenido, elevado y dejado atrás; un padre nuestro, un ave maría, y un gloria en las mañanas, una petición. Y que sea lo que Dios permita, si es que la decisión es propia, más allá de las puntuaciones que dicen simplifican lo difícil, como si algo así alguna vez pudo haber existido.

Es cuestión de escuelas en las barracas, donde una de ellas se denomina “Dos tipos”, que en su primer capítulo dice: existen dos tipos de personas, las que escriben en la arena, y las que no.
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MensajeTema: Diario 31   Lun Mayo 13, 2013 5:40 pm

Diario 31

No sé, creo que las vivencias no se comparten porque se supone que todos somos diferentes. Fui de pesca más de una vez, y no fui contigo, lo demás es sicología.

Llegas a la biblioteca, la abres respetando el horario, y no soy yo el que está contigo. Nadie lo está, estás sola, y es tu trabajo, y nada más que tu trabajo, no alcanzan las millones de horas que han dedicado a expresar que el trabajo dignifica al hombre. Te aburres, eso es todo. Y, sin embargo, “todo” es sencillo, tan sencillo es todo que cualquiera que venga a decirte que todo es complicado sin remedio sería botado, pero, eres tú quien se aburre. Intercambias jaquecas con excesos, y eso es todo. Antes de salir con él me llamas, cuando estás con él me piensas, y cuando estás conmigo rehúsas el mirarte. Te borro el tedio, y eso es todo. Te escudas en tu cuerpo, en la cadena de impresiones que te marcaron y que seguirán marcándote en tanto lo que ves no es lo que habías imaginado. Vas por el mundo diciendo lo que duele, y lo que se sufre, sin haber hallado el fino – dije fino, no dije delicado – hilo que teje una y otra realidad, realizando el espectáculo del que es presenciado ahogándose en un sitio en donde nadie más, al parecer, pudiera ahogarse.

Sabes que querría hacer algo por ti, que en algún punto intentaría hacerlo traicionándome, y lo que te mueve entonces es esa distracción que crees podrías lograr, pues captándolo o no, se trataría de mí, no de ti. La distracción sería lo que pudieras conseguir de mí, la trama iría respecto de mí. Creerías, y lograrías convencer a alguien que de eso se trata, pero no alcanzaría. Ni siquiera tienes un dios, ni siquiera tienes amigos, tan sólo te tienes a ti, y lo que tienes no alcanza, y de ello, por supuesto, la culpa la tenemos todos, en mayor o menor medida, dado que todavía sientes que la problemática de tu vida realmente importa en la problemática del mundo.

No podrías alegar que quien salva a un hombre salva el mundo, no tienes fe. Mas alegarías dependencia, y eso sería todo. Mientras das limosnas, pero evitando el venderlo todo para dárselo a los teólogos. Mientras el mundo es una triste mierda, tan triste y tan hedionda que no soportarías siquiera te roce el hombro, a menos que tengas un testigo, uno solo, aunque sea el más miope de todos los testigos del universo, porque con eso bastaría, y eso sería todo. Un alguien, tan sólo un alguien que pueda ver sin lástima y sin exigencias todo lo que puedes hacer y no lo haces por la simpleza de que todo está mal, de que todo es injusto, y de que todo ha sido diseñado de tal modo que puedas exponer la extrema y terrible realidad de tu vivir. Y eso es todo.

Pero tranquila, nunca lo diré, en las barracas no necesitamos hablarlo. No somos las compañeras de colegio, ni los parientes. Sigue como vas, quizás sea cierto que nunca siquiera tuviste posibilidades, que estabas predestinada, y todas esas cosas. Al final de cuentas, qué quieres, ni siquiera tienes una convicción de algún modo convincente. No hay otra que seguir así mientras el cuerpo aguante, llorar un poco, dejarse sobrellevar por un cuerpo desconocido, no beber ni fumar, o hacerlo con ganas y sin sentido. Y eso es todo. No sé, fui de pesca más de una vez y no fui contigo. Ni sabría de ti, ni sabrías de mí. Tú reclamarías, yo no; te creerías traicionada, yo no; y al final morirás, como yo, y eso, eso es todo. A menos, claro, que de pronto comprendas la realidad de la escuela del no me importa, que sólo es cierta con cien latigazos en la espalda para una sonrisa antes del desvanecimiento. Y eso es todo. Hacerlo, con prescindencia del sentido. La revolución industrial y la era de acuario, las estampitas y el terror de aceptarse en la más completa soledad que grita cualquier ciencia social.

Nde , ¿y la mochila?
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MensajeTema: Diario 32   Lun Mayo 13, 2013 5:41 pm

Diario 32

No sigas, me gritaban. Vas a destruirte, me decían. Vas a morir, me advertían. Ignoraban que en mí ya estaba el conocimiento del fruto que proclamaban debía probar alguna vez, inconscientes – como casi siempre – de que yo, como sea que fuese, en el mejor y en el peor de los casos jamás sería nada más que una simple consecuencia. Pero eran los otros dibujos los que implicaban una proyección tal que la defensa terminaba siendo defensa de todo aquello de lo cual se carecía. No era entonces el amor que obliga al amado a decirle al amante que marche y proclame su concepción del mundo, no. Era como ese regar las plantas, un cuidado que jamás fue recibido, o que quizá fue exagerado. Y el temor a que sufra un daño no era más que el temor de que el objeto de pertenencia sea estropeado. Y el deseo de felicidad, horrible y bellamente egoísta solo podía ser tolerado si ocurría y transcurría merced a esa precisa compañía y ninguna otra.

Los pequeños hambrientos jugaban a disimular el hambre, lo pretendían, pero no podían. Nadie como un exiliado para conocer a la gente de su propia tierra, pues cuando de un territorio uno es expulsado es como si se conociesen todos. Por encima de la determinación de que la fortuna cambia cuando se cambia de territorio, de amante, de trabajo, raya la bóveda celeste el llegar a la extrema certeza de que la tal fortuna no existió jamás. En la medida y en la forma de que todo va siendo un manual gigantesco, por poco infinito, de excusas, de nada más que excusas, de manera que siglos enteros de filosofía pueden reducirse a esa simple escuela que llamamos de las excusas. Porque, ¿qué es una explicación sino una excusa? Pero sin ofensas, que todo sirve, incluso las ofensas, que una cosa es el conocimiento y otra, muy otra si se quiere, la utilización de ese conocimiento, utilización que pudiera o no diferir de la intención final del ponerlo en práctica, como la vez que el llamado médico corta las venas, o cubre el cuerpo dominado por la fiebre con una frazada. Piedra libre al espectacular mundo de las intenciones.

Y fue así la rebeldía, simple, ruda, irracional, absolutamente animal – y sé lo que escribo cuando escribo “absolutamente” -. Y cuando había que comer, no se comía, y cuando había que abrigarse, no se permitía el abrigo, y cuando había que dormir, no era posible hacerlo. Simplemente una locura, una actitud sicótica, un entrenamiento de dos filos, porque, ahora, cuando no hay nada para comer, el hambre se sacia con un sueño, cuando el abrigo se trata de otra piel y esa piel no está, basta con la propia, como bastó en su momento, y cuando el dormir es tan, tan necesario, alcanza el agotamiento para tentar un paso más y, al tiempo, bien puede obligarse a comer, a abrigarse y a dormir, porque ¿de qué lado está la fuerza sino del lado del esfuerzo? Aunque el fondo es igual ¿acaso no es diferente la forma cuando la depresión se presenta a los diez y seis años que cuando se presenta a los 50? En voz alta, ¿no es lo mismo 50 que cincuenta? Ah maravilla de la inteligencia y el intelecto, maravilla de la boludez ¿y si la frase hubiese sido “que arroje la primera piedra el que nunca más pecará”?

Qué linda la fortificación, se parece a su dueño; qué bonito el traje por el que luce más su faz, y qué bonito el desierto que define a quienes son capaces de vivir en él; y qué hediondas las barracas donde hasta se permite imaginar que toda la historia fue un premeditado error de traducción. Ah, ilusiones doctas. Supremas destrucciones o ínfimos detalles, la ciencia demostrando el poder de los sonidos que combinó Mozart y de los gestos que expresó Hitler (o como se escriba, me importa un huevo). Animal y animal racional, y la razón vencida, por un sentimiento, por el alcohol o la marihuana, por un texto de numerología o por las cartas del tarot, por la referencia del ave fénix y de la terrible intuición de poder volver a enamorarse. Ay, Leonardo, la música, la poesía y la pintura, ay ay ay, ¿es que no viste que de la sierra vienen bajando dos ojos negros? En volviendo a la algarabía, noble señora de los apellidos del mundo, en derramando espaciosos silencios, señor de los futuros de riqueza, por mi bien, y sólo por el mío, dejad de apoyar el nacimiento si no habréis de apoyar con hechos ciertos y firmes la continua imaginación del crecimiento, sólo para que mi mente, tiempo ha extraviada, encuentre el reposo de una respuesta, cualquiera fuera, en los ojos, más viejos que nuevos, que de nuevo me miren.
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MensajeTema: Diario 33   Lun Mayo 13, 2013 5:41 pm

Diario 33

La primera vez fue insoportable. En la tradicional esquina del medio olvido esperé el colectivo al borde de la acera. Recostada por el muro, como una mosca, una gorda también esperaba. Ella llevaba auriculares, tenía la boca abierta en la que escarbaba con un palillo. El colectivo que yo esperaba llegó primero, lo detuve y subí. Pagué el boleto con un billete, y apenas entregué el dinero el chofer aceleró con desapasionadas ganas, por lo que llevé la frente por uno de los barrotes de acero. Luego me dio el vuelto mientras el vehículo ganaba velocidad. Sujetándome de los barrotes fui hasta el fondo, donde me senté en un asiento único y vacío que ya tenía las ventanas abiertas. Apenas lo hice el vehículo se detuvo, miré al costado y vi a la gorda, todavía con la boca abierta, y todavía escarbando con el palillo. Supe que de nuevo me había vuelto loco.

Cerré los ojos, esperé, y casi en el instante sentí de nuevo el movimiento del vehículo. Por supuesto que pensé que sólo lo había imaginado, y que la gorda no era la misma, y toda la cadena de ideas que se puede pensar antes de aceptar el hecho de la pérdida de la razón. Por supuesto, sabía que sería inútil.

El colectivo se detuvo nuevamente, esta vez por una luz roja, miré al costado, y comprobé que la gorda estaba. No ocurrió el pánico, pero me levanté y tras pulsar el timbre bajé y esperé por otro, con la gorda a mi lado. Demás está decir que todo fue igual, que el colectivo que esperaba llegó primero, y que era el mismo, que subí y pagué con el mismo billete y que todo lo demás sucedió de idéntica forma ya no sé cuántas veces, porque sigue sucediendo, y lo único que cambia es que he conseguido – no te preguntes ni me preguntes cómo – papel y bolígrafo para escribirlo, entre semáforo y semáforo, entre bajar y volver a subir al mismo colectivo.

No sé cuánto durará esto, y gracias a Dios no sé cuánto hace que está durando, ni siquiera si está sucediendo. Sin embargo, no es tan grave, ni tan serio, ni tan nada, simplemente es, o juega a ser, como cualquier situación.

La primera vez fue insoportable, pero sólo la primera vez. Ahora se aguanta, porque ya sé que suele suceder y que más allá o más aquí, existe la experiencia de que ha podido cambiar. Lo peor, lo grave es lo otro, aquellas repeticiones que no lo parecen. El levantarse todos los días a la misma hora, el dormirse todas las noches a la misma hora, el comer, defecar, enamorarse y desamorarse, el ir a trabajar o no hacerlo, respirar o no, bajo la lluvia, o bajo el sol, cambiar de ropa, que no es más que vestido, cambiar de auto, que no es más que un medio de locomoción, cambiar la carta por el e-mail que no es más que un medio de comunicación, cambiar de receptor cuando el mensaje es el mismo, nacer/crecer/reproducirse/ y morir aunque no sea más que con otro nombre y otra estructura, y creer que en realidad todo está lleno de “pequeños milagros” que sólo basta con prestar atención para descubrirlos y maravillarse con la más honda ternura, como con la rama de la planta que surge de la pared de un edificio, como el descubrimiento de una vacuna, o la invención de una fórmula que resuelve el equilibrio monetario mundial.

Mientras tanto la espera en continuo movimiento, el colectivo, la gorda, yo, ahora con la ventaja de entender el laberinto del tiempo, con toda la tolerancia para con quienes viven en la convicción de que tal cosa existe.
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MensajeTema: Diario 34   Lun Mayo 13, 2013 5:42 pm

Diario 34

Había tenido la terrible sensación de que iba a quedar expuesto. Creí que sería objeto de burlas, de ácidas críticas y de injustos comentarios a pesar de que simplemente quería compartir algo, pero llegaron los elogios y el temor de quedar expuesto se mezcló con el pesar de ser incognoscible. Fue un pretérito duro porque también existió la duda, sin dependencia de ninguna forma de expresión completa y totalmente específica. Y fue un día bueno, porque todo vino desde otras culturas, y por encima de todas esas otras culturas habíamos logrado lo que muy pocas veces se logra: un grado de comunicación. Sé que voy a morir, y aún así miro para el frente. Y lo que quiero decir es que en ese día se justificaron excesivas variables, el ímpetu con el que se enfrenta lo establecido, la fuerza con la que se establece lo correcto, el esfuerzo con el que se impone la propia construcción; todas las desesperaciones y todas las soledades, todo el dolor y todos los ideales, y siempre la sonrisa que nunca se atrevió a marcharse del todo, y todavía mirando al frente, por todo aquello que todavía queda por transmitir, establecer e imponer, sabiendo exactamente que habré de morir.

Ejercicio Nro. Shek: Los números no sólo son cifras, ni sólo son símbolos, dado que todo es complicado. Si existiese el ejercicio Nro. 1, enseguida te preguntarías de cuántos ejercicios se tratan para lograr qué. Analizarías el ejercicio Nro. 1 y hasta lo practicarías, y de acuerdo al resultado, tendrías entusiasmo o desgana para el ejercicio Nro. 2. Pero bueno, la imbecilidad es así, para apreciar la calma, muchas, demasiadas veces es necesario vivir la intranquilidad. No es mi culpa que exista lo que llaman mayoría. Ya te había hablado de algunas de las escuelas, y ahora te hablo de que a ninguna de ellas se accede, ni ninguna de ellas es superada sin ejercicios.

Ejercicio Nro. Adz: Encendía – y todavía lo hago – la televisión, y veía aquellos programas de otros países, que hablaban idiomas que yo desconocía por completo, y lo único que veía era el rostro de los que hacían el show, y lo único que oía era el tono de sus voces, y así iba descubriendo de qué se trataba, así iba practicando a leer rostros y tonos de voz. Cada rasgo, cada gesto, capturado, aprisionado en la humildad del aprendizaje.

Reina de la noche, amalgama de sangre e infinito que capta la atención de las luces con la historia de quien todavía siente sus ilusiones, con aquel gigantesco gesto que te hace dueña de un trozo del pensamiento del que no vive tu cuerpo, ¿qué será que estarás haciendo a estas horas? Cuando ya lleva años la música que no conoce de fatigas en la sonrisa de su espera, mientras siguen en su reposo y su bullicio las aves del continente que no conoces y que tanto habrá de saberte, por todos aquellos detalles que concebiste con precisión, y todas aquellas cruces que izaste sin encontrar ningún motivo para demorar el acto ¿qué islas y qué volcanes habrán de recorrer esta noche tus ojos cerrados al olvido?

Las cosas buenas pesan, pesan demasiado. El carrusel que sabe que lo es, la cigarra que sabe que lo es, y el ser humano que comienza a comprender lo que es.
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MensajeTema: Diario 35   Lun Mayo 13, 2013 5:43 pm

Diario 35

Porque al final, o al principio, o en el medio de cada momento del día, de la tarde o de la noche, siempre estaría ese instante de duda sobre este tiempo que si existe fue porque ya lo cruzaste. El reposo de las mentiras habría sido también mentido, cada traición traicionada, el sacrificio, sacrificado, y lo ojos, visualizados. En ese viejo golpeteo de la memoria de las emociones, la monarquía y lo que queda por suceder, cuando lo hecho aparece como cierto y tangible, como manifestación de lo que habría podido quedar en el limbo pero que está, ya hoy, habitando entre hombres, mujeres y niños. Ese poco más que siempre ha sido la diferencia pretendida, imaginada, por efecto y resultado de una y mil ilusiones de uno y otro estado del espíritu de cada cual, en esta, desde esta, o en aquella, desde aquella vida. La fuerza de atravesar la noche, de vivir el beber.

Se me caen los sueños, las intenciones, las horas más profundas. La mosca que lucha contra el cristal, el ave que lucha contra su jaula, tienen más posibilidades de lograr alegría que yo. Entre cenizas vivo, y entre cenizas tanteo poder lograr el permiso de intentar construir un espacio en el que pueda expresar la realidad que me fue vedada, que me es prohibida, que me será exigida. El llanto del mundo corre por mis ojos abiertos y fríos, nada hay en mi sangre que implique piedad o cobardía, y nada en mis labios que no impliquen el amor que no logré. Y con lo que queda de mi corazón asisto a quienes parirán, a quienes habrán de atreverse a escribir y hablar respecto de lo que sus propias almas quieran hacer tras discurrir en lo que queda del mundo que habré de ver.

Golpea el horizonte, cada risa marca, cada tarde de sol y cada noche de luna llena, en tanta senectud que vivo y me ha sido proporcionada por cada uno de mis actos a los ojos de nadie y a los ojos del sol, sin privación de testigos, y con absoluta privación de felicidad, en la continua realización de una condena que quizá yo mismo he erigido y exclamado, por pasos y pasos que no quisiera escuchar pero que ocurren aquí cerca, demostrando con su existencia la desesperante realidad de que no tendrían por qué existir, salvo que una vez más alguien se juegue a demostrar quién es el que con fuerza sostiene lo poco que entiende y lo mucho que siente y hace de la cuestión un desafío que implica muerte, y por ello vida.

Quedándome mi Dios, tres veces negado, quedándome sístoles y diástoles, inspirar y expirar, aspirar y respirar, mirar sin poder ya caminar, en la maravilla del flujo y reflujo de todo aquello que no puedo entregar ni recibir, realizando el espectáculo para el cual no existen espectadores, pero para el cual existirán los biógrafos que jamás vieron el modo en que mi pies se insertan en las veredas cotidianas cada mañana en la que la muerte se ha olvidado de mí.

De frente veo el rostro del santo, las espaldas del héroe, y brilla la imagen de la Virgen.

Sería fácil pedir piedad, misericordia, sería fácil pedir. Lo que cuesta es seguir cada minuto sabiendo que bastaría tan sólo con pedir, y no pedir. Lo que cuesta es tener una cascada de ternura, y mantenerla aprisionada. Lo que cuesta es amar, y no tener a quién decirlo. Lo que cuesta es ser sincero, sin negar la verdad. Lo que cuesta es ser lo que soy y saber que estoy cambiando para no cambiar. Y que lo que quede, sea lo que sea, siempre estará lejos, porque lo que está cerca, en realidad, por no mentirme, no es lo que tengo, porque no es lo que quiero.
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MensajeTema: Diario 36   Lun Mayo 13, 2013 5:43 pm

Diario 36

La mujer que tanto quería había perdido la razón, los labios que tanto quise, los traicioné, y el abrazo tan cálido, quedó extraviado en otros brazos que no sabrían valorarlo. Así, el vino sobre la mesa, la estela de las incomprensiones, la tibieza de una hoguera imaginada, y hasta quizá vivida en algún tiempo, en esa materia del atrás. Sin grillos, esta noche, con el ritmo solitario de guitarras que todavía palpitan su intimidad española. De un modo en el que el crepúsculo pudiera volverse un tanto perdonable, el amanecer menos brutal, y lo demás, sea día o sea noche, una especie de miasma a ser obviado, salvo por sus detalles: una habitación sucia y un velero triste, el cuerpo pidiendo un poco más, pero ya sin exigirlo, de tanto haberse exigido.

Surge el roce del viento cuando el perdón pudiera ya no ser necesario, porque no sería suficiente; allá en la juventud, cuando el afecto prima menos que la comprensión, donde tan flaca todavía es el alma, que más anhela a una compañera, que a una guía. Y tras la brisa, los oleajes de la depresión, el lenguaje lacónico, las manos que se resisten de salir de los bolsillos., y las piedras precisas buscando estrellarse contra los cristales que les fueron predestinados. La teoría de la tempestad en el adentro, que explican los sicólogos por un poco de dinero pagado a la entrada de la consulta, y que llevan a las pastillas, cuando hubiese bastado un gesto constante, ese que nunca estuvo. Y lo que está es la ciencia, con su fuerza de contrapeso racional a los extremos que promovieron la propia caída, y el extremo detalle de captarlo y vivirlo, con una repetición que roza los límites en donde se inicia la desesperanza.

¿Nos salvarías, con cremas y programas programados, con el estudio de Mozart y las implicancias de la literatura? No, porque lo que hay son los versos puros, y los puro verso, el uniforme de colegiala, y el uniforme de oficial, para que la ayuda sea imposible, aunque no su intento; para que el que lo intente logre el ridículo, y que el que pida ayuda, por no obtenerla, retenga su burla, nublándola con un resentimiento pretendidamente oculto.

Con decisión sospecho que se han hecho daño. Los miro, los examino, compruebo las heridas, las rajaduras, las grietas, lo blando de las certezas, lo duro de las dudas, todo creciendo y absorbiendo. Sonrío, para no llorar, aunque no importa, que ya no sé lo que eso es. Pero lo hago, porque mucho depende de que se entienda de que yo también he llorado, estando como enfermo que enfrenta el examen de quien nunca ha padecido de enfermedad alguna.

De algún modo siento que es incorrecto fingir, y ¿acaso no fingen todos? Sin embargo, es posible lograr ciertas cosas, sin minimizar ninguna moralidad. Así como el arte, así mismo la naturaleza, y quizás un poco más, cuando en ella misma está implícita la búsqueda de los límites. Lo sabemos todos, basta un espejo, y que al lado no esté nadie, absolutamente nadie. Lo sabemos todos, lo callemos o lo sonriamos. Por mi parte no hay problema, tengo la piel curtida para la incoherencia, para lo fantástico, y acaso, para lo que llaman sentimientos, sueños y pasiones. Después de todo, y antes que nada, pertenezco a las barracas, donde hasta si logras “encontrar” algo, es porque al menos has construido el camino para lograrlo. ¿El resto? Eso mismo, el resto.
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MensajeTema: Diario 37   Lun Mayo 13, 2013 5:44 pm

Diario 37

A veces se da un momento en el que ves algo que sientes no está del todo bien. No te hablo a ti, le hablo al otro, al que brilla más que tú. Te decía, a veces pasa que lo que ves no encaja, puede que más tarde lo llames incorrecto o correcto, pero ahora, que todavía brillas, lo llamas bien o mal. Si ocurre, ten cuidado, mucho cuidado, porque con querer cambiarlo no alcanza ni para intentar el camino que habrá de mostrarte cómo cambiarlo. Sólo fíjate, el perro que anda sin dueño, el borracho que duerme entre papeles en la vereda – reglamentariamente en invierno -, la mujer que intenta suicidarse, el hombre que fracasa en el intento de ingresar a una universidad, la mosca atrapada por los cristales, el niño que sonríe cuando pisotea a la hormiga que arrastra su preciosa hoja, etcétera. Fíjate, y trata la emoción sin sentimientos, el estar viendo sin mirar ya nada. ¿Me sigues?

Algunos dirán que he muerto muchas veces y que volví, mas como sea, no será lo que digan la Verdad. Con un poco de desprecio sobre lo que alguien pueda decir de mí, te refiero mi testimonio, diciendo que veces, solo a veces, sucede que existe un día más. Y, cuando sucede, pasa que resultan cosas del día anterior - no hay que pensar en días de veinticuatro horas, sino en semillas cuya maduración implican tiempos diferentes -, porque todavía te permites pensar en términos de tiempo. Más temprano o más temprano aún, se te da la oportunidad de los grandes gestos, pero mientras tanto, en cada minuto que dices y crees vives, en lo cotidiano, cuando compras algo para comer, cuando miras las luces del semáforo, cuando enciendes un cigarrillo o das limosna, ocurre una continuidad en la que puedes expresar tu intención más pura, cuyo resultado, podrías verlo dentro de media hora, o quizás, en el último minuto de tu vida en esta tierra, dentro de dos días, o dentro de ciento veinte años. Y ya todo está perdido.

Sí, ya todo está perdido, lo dice la ciencia y lo dice la teología, incluso lo ríe la filosofía... pero es poco. Los maestros no son tales, lo que tocas difiere de lo que sientes, lo que ves, difiere de lo que miras, y sé que todo el mundo te habla de los millones de puentes que pueden unir esas diferencias. En esas pequeñas cosas, y en las gigantescas, en las cosas, simplemente en las cosas, ¡y nada más! Sin buscar magnitud, sin señalar intensidades, polarizaciones, y ese tipo de concepciones. Va como fijar la mira y esperar a que la presa se ponga enfrente, va como seguir a la presa con la mira, cuando, como sea que fuese, todo es espera de ese momento en el que coinciden mira y presa, y el dedo listo, merced a la atención despierta. La fábula del pez de la suerte que sólo salta una vez frente a los ojos a la orilla del río, la rueda de la fortuna, la predestinación y el libre albedrío, y las toneladas de literatura que no son más que explicación, o bien, el intento de explicación de un alguien que vivió cada momento, o casi todos los momentos de su vida, aferrado a la idea de que sus acciones debieran, finalmente, más allá de la vida o la muerte, converger con sus ideales.

A veces se da y entonces, cuando no, ya no cuenta; das un golpe y esto marca, aún cuando existen seis mil millones todavía sin entender que lo que queda después de ello es la fe en un golpe. Si aún no se te dio, es esperar un poco más, y puede que nunca pase, pero con no flaquear ya le das aliento a los poetas que fueron, y a los que vendrán; poetas que fueron hombres, que pueden ser niños, y que pueden ser ambos en uno mismo, quizá como tú, como todos, como ninguno, como un hombre o una mujer sabiendo que no es necesario saber para hacer. De lo contrario, ya todo está perdido.
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MensajeTema: Diario 38   Lun Mayo 13, 2013 5:45 pm

Diario 38

Siento la tristeza de todo aquello que pudo haber sido y no fue, y siento la alegría de todo aquello que teniendo tanto en contra, finalmente sucedió. Y así, sobre la base de lo que siento, solo puedo imaginar y relatar, nada más. En el patio del tiempo, la memoria fija los conceptos de potencia y acto, y ahora, pensar que ese día pasado puede ser mañana, o dentro de dos años, o hace diez años. Y pensar que es lo mismo, puesto que mientras exista el tiempo – este tiempo -, seguirá existiendo el instante próximo, que en antropología no es más que el presente captando información del “ahora” por un lado, y, por otro, al mismo momento, captar los requerimientos del “futuro”. El beso que hoy diste, el que negaste, y el que deseaste, y el modo en el que sucedieron, proyectando su realización o su negación en el mañana, si es que ese mañana existe. En un plano, concretamente, sería un “si le hubiese hablado”; concretamente, en un plano sería “si los últimos diez años hubiese hecho, todos los días, esto”. Y lo concreto es abstraerse a pura ausencia.

La teoría de los instantes juega con la teoría de la eternidad y, mientras tanto, el mientras tanto no es más que perseverancia, y lo que viene después, nada más que su resultado; resultado incierto, por supuesto. Y así, los resultados del mejor esfuerzo, pero en la dirección incorrecta, y el más leve de los esfuerzos pero en la dirección correcta. Y la idea de la justicia, y la idea del sinceramiento, y la realidad de haberse sido fiel o no, o de haberlo sido, o no, de haberlo intentado, o no. Las cuerdas flojas que no sólo exigen fortaleza, sino también habilidad. Maravilla secreta y expuesta de la arcilla que blanda, por el fuego puede hacerse dura. ¿No te parece? El punto en el que la metáfora roza lo cotidiano, quizá produciendo un entendimiento, quizá la transmisión de un mensaje, realizando el acto que llaman común unión, más allá del tiempo y de los espacios, convergencia de todas las religiones, de todas las relaciones, puesto que ninguna niega que la comunicación sea posible, cuando, antes bien, cada una de ellas señala que la comunicación, cumplidos los pasos, es posible, es posible, es posible.

Ayer hizo sol, y fue el primer día, y en ese primer día le dije que habría días de lluvia, y que eso no nos detendría, y hoy lo realizamos. Ayer no sabía si este hoy existiría para mí, pero me jugué, como lo hacemos los de aquí, y me salió, hoy. Y hoy, sigo sin saber si mañana estaré. Y aunque miro hacia atrás, no es más que para decirte que sólo miro hacia mañana.

Se clava adentro una bandera injusta, porque después de haber vivido injustamente, no hay nada peor que recibir una recompensa. Duele cuando se sufre una injusticia, pero cuando el nudo en la garganta es verdadero, cuando no hay protesta, ni posibilidad de ella, es cuando duele y pesa, porque se nos ha dado un regalo que, impotentes, no tratamos de imponer, sino de compartir, pero no se puede, y así es que cumple el castigo, merecido o no. Si te pasa y lo hablas, te dirán de la autoestima, de la depresión y del estrés. Pero si tan sólo dices, a tu modo, a tu único modo, con tus palabras y gestos, con lo que se te fue dado y nada más, habrás de ser entendido, y lo que te pese en el corazón, en el de otro será liviandad, porque en quien confíes tu alegría que sientes inmerecida, depositarás la idea del vuelo que sólo puede generar la sinceridad de los actos de tu vida.

Mañana será otro mañana, otra cosa, quizá semejante, pero otra cosa, si es que llega a existir. Mañana, hoy, vos, y vivir así, apostando sin querer.
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MensajeTema: Diario 39   Lun Mayo 13, 2013 5:45 pm

Diario 39

También sé contar mis caídas, mis derrotas, ponerles un nombre y llevarlas en el rostro. De los frutos la pulpa y la semilla, el sabor de cada movimiento, el dolor de los intentos, la inmensa herida del después, el entusiasmo del antes, lo duro del mientras tanto, y entre tanta confusión escuchar hablar de amor. Las tribus del norte, y Judá. Las letras de molde y la breve muerte de los soles solos logrando la vida del sol que nace en soledad.

Un día más, o un día menos. Los versos comunitarios, las sandalias ya fatigadas, las rodillas que van sintiendo la terrible tentación del suelo, la espalda que por fin sospecha la posibilidad de ceder al abrigo, una parte en sí que quiere pedir... y no hacerlo.

En las dificultades de cada respirar, y en la esperanza. La historia de los actos por los que se lograron la fortaleza, y la vivencia de los instantes que son necesarios cruzar para lograr ser aptos a otros instantes donde morderán las sombras, los sonidos de choques, los estallidos de las ausencias, y el desierto desprovisto de lluvia.

Dormir mucho, mientras por las calles transportan el catafalco, fumando. La dificultad de los bolsillos y todas las posibilidades de alguna promesa. Los gestos lejanos, los próximos, y el agobio de la realidad del cansancio, la energía perdida casi por completo, la situación, sin más, de estar al límite, con los ojos buscando ser cerrados, pero todavía resistiendo, piedra a piedra, reglón a reglón, noticia a noticia, merced al dolor más secreto de todos.

Y tan bella era que le obsequié unos días a vivir con absoluta irresponsabilidad. Si alguien en verdad vivió, sabrá de lo que hablo. Sabrá entonces que es posible, que ya alguien lo ha logrado. Y que todo puede volver a repetirse, pues, depende de mí, o de alguno de mis chicos.

Hay que volver a levantarse, sacudirse las ganas de descanso, eliminar los restos del intento de reposo. Lograda la oscuridad, es preciso mirarla de frente y atravesarla sin más. En el pozo de los domingos, o en la gran altura de los viernes, los días del sol, y los de Venus. Los brillos que fueron expuestos y fueron robados, y deben ser recuperados. La certeza de que habrá que hacer planes, de que todo llevará su tiempo, y su esfuerzo, y que los resultados son, como todos los resultados, en el mejor de los casos, impredecibles. Aunque ya su idea vence a la idea de hacerla posible por exigirle consecución, se logre o no.

A por más, con la casa vacía, desde atrás y hacia delante. Que llegará el momento en el que ya nada pasará, cuando ya todo siga siendo no sólo difícil, sino ya también imposible por haberlo conseguido todo. Que depende de la continuidad de cada ahora, del modo en el que se dispone el cuerpo y la mente. Que hay que hacerlo, intentarlo, que para eso nos hicieron desde el barro.
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MensajeTema: Diario 40   Lun Mayo 13, 2013 5:46 pm

Diario 40

Sigue el agua su curso y da a estrellarse contra la roca y es un arroyo y le llaman cascada le escriben una música dos o tres poemas una carta y veinte y dos libros - pero la cascada no los escribe.

Le abren los muslos, le arreglan el rostro, lo pintan, lo visten, lo ponen en el ataúd, lo transportan por las calles, y así ¿no resulta clara la imagen de quién guía a quien? A pesar de que alguien dijo que los muertos se encarguen de los muertos... ¿o no?

Y al niño hay que educarlo. Pero el niño hace preguntas, cuyas respuestas, quizá, se ignoran. Y, entonces ¿quien enseña a quién?

Gira e invierte de lugar las estampitas, la obra es gigantesca, la mente intuye que no puede ser, como otrora, enciclopédica. El corazón es flaco, lo alimentaron poco, no le caben sueños gigantes, proezas inigualables, apenas alcanza a intuir lo que es una sospecha, quizá alguna duda, y más nada, el hambre, el frío y el cansancio son demasiado para cualquiera que haya estudiado en alguna universidad, que pudiera ser, pero por supuesto, la fenomenal escuela de la vida.

Durante doscientos años una orquídea china ha esperado por el momento de su nacimiento. Doscientos años hace que la esperamos, y sabiendo que morirá, y que jamás tendrá conciencia de que la hemos esperado por doscientos años ¿cómo vamos a hacer para negar u ocultar nuestra alegría respecto del suceso? Sería mejor si ella supiese cuánto la hemos esperado, sería mejor si supiese también ella que no habrá de durar, así ¿acaso no sería más intenso cada instante, más invaluable el acto concretado? Pudiera ser, mas, sin embargo, hay una rara calma en la profundidad de ciertas tristezas. Y así como le duele al que tiene los ojos sanos ver que el ciego se dirige al pozo, también no deja de ser cierto que actúa como bálsamo la certeza de saber que al menos el ciego eligió su camino, y también se capta el mayor desconsuelo al ver cómo quien sabe mirar guía de propósito en el error a quien no tiene armas, y se comparte el entendimiento de aquella maldición.

Nos vamos yendo, recordando los tiempos en los que fuimos libres, en los que tan alto podíamos exponer nuestras risas, nuestras historias, nuestros deseos, nuestras fantasías más reales. Nos deja el polvo, aunque a veces, por permitirse una liviandad, todavía nos roza por última vez las espaldas, o nos besa las sandalias, o se incrusta, lúdico, entre los trozos de nuestro pan duro.

No hay más que seguir, la orquídea ya no está entre nosotros, estuvo su idea, y estuvo su realidad, y está su memoria, que será olvidada. Nuevas orquídeas se fijaran en nuestras mentes, y las mentes que vendrán después seguirán pensando en las orquídeas que habrán de venir, hasta que quizá todas las mentes al coincidir con todas las orquídeas, conciban que sólo hay una mente y una sola orquídea, como si la belleza fuera una sola, más allá de todas sus manifestaciones, y quien la capta sea sólo uno, más allá de todos los representantes de esta o aquella raza, y en algún punto del tiempo que no existe, no haya nada más que la belleza fundiéndose en el centro de quien la capte.

Fuera del tiempo lo sabremos, fuera del espacio, o aquí, mientras cerramos los ojos, en las barracas.
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MensajeTema: Diario 41   Vie Mayo 17, 2013 7:33 pm

Diario 41

Arrancamos el día con entusiasmo, agradeciendo que al menos tenemos una nueva oportunidad, sin tener idea de para lograr qué. Cualquiera, viéndolo así, se deprimiría, pero ¿acaso no lo viven todos, y por todo el coso ese que llaman tiempo? Hablo de nosotros, y hablo de ellos, y así, cualquiera diría que el que lo dice soy yo, pero ¿acaso yo soy conocido? ¿Acaso alguien puede decir afirmar sostener y probar que me conoce siquiera en lo más ínfimo de lo que soy y voy siendo? Es como establecer tipologías, definirlas claramente, estudiarlas, y luego decir que “las comparaciones son odiosas”. Es algo así como que alguien venga y diga que dadas las condiciones socioculturales de tal especie – ¿por qué no la humana? -, la hembra, necesariamente para lograr un grado de satisfacción acorde con su naturaleza debiera casarse virgen a tal edad, procrear a tal otra, y morir a los mil veinte y dos años. De este modo, bastaría con que yo escribiera, dijera, o dibujara que algo me duele para que el impresionante despliegue de dendritas y axones haciendo contacto sin pausa concluyan majestuosamente que efectivamente algo me duele. Y es dulce.

Lo amargo, quizá, es que yo escribo tu dolor, tu carencia, tu vanidad, tu orgullo, tus predicados, como lo hacen los que están a mi lado, como no lo hacen los que no conocen el inmenso circo de las barracas... a ver si la captas.

Pero suena el cello. Sus venas de acero pueden. Pueden. Pueden más que tus cuerdas vocales, y alguien que tiene cuerdas vocales las hace sonar, quizá fuma. Es posible que falten siete minutos.

La palabra milagro y sus consecuencias. El mural pintado de blanco para que alguien lo refiera inmaculado, el blanco como la suma de luces, el negro como ausencia de luz, y el principio de las cosas, escrito o no, para el pequeño drama del intelecto peleando con cucharitas de cartón contra lo que llaman el corazoncito, como si un corazón pudiera ser “un corazoncito”, como si una pelea pudiera ser pequeña, como si no fuese posible sonreír por el logro de extremar la voluntad hasta expresarla merced a las fuerzas que se tengan, que si son todas, no pueden ser consideradas pequeñas, y menos aún breves, dada la circunstancia de que todo es posible, y que ya todo ha sido posible, como cuando los ojos se desprenden de sus legañas, gracias a las cuales se expone el mensaje exacto del desprendimiento, y una sonrisa vanidosa teje su burla al orgullo por lograrlo, y la cadena de polvo que ocurre entonces. Y así el perdón, la disculpa, la broma que fue demasiado lejos, pero que no fue más que broma.

¿Qué más da que unas cuantas bofetadas? De todos modos, de entre los vivos de aquí, cada cual habrá de terminar muerto. Basta con quien quiera lograrlo mañana, basta con quien sepa esperar, basta con quien quiera quitar provecho de dos protagonistas, basta con que cada cual se atreva a olvidarse del mundo y arrojar al suelo la capa que cubre el espejo, que al final no existe, pues no hay más que mirar al frente para poder intuirse, que es todo cuanto puede lograrse en los niveles en donde el pasaje del colectivo existe, la entrada al estadio, los besos fríos, y los platos sucios.
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MensajeTema: Diario 42   Vie Mayo 17, 2013 7:33 pm

Diario 42

En un vaso de vino, sin demasiados devaneos, puedo ver el reflejo de lo que pudiera dibujar alguien como mi alma. Sin recuerdos, por alguna vez haber sido hecho de futuros, también puedo permitirme mirar hacia donde mi vista todavía no alcanza. Recoger los frutos de los árboles que otros sembraron, sembrar árboles cuyos frutos otros recogerán o, simplemente, no hacer nada. Así las explosiones que livianas anteceden a las que serán mucho más pesadas, el dominio de los calendarios y de las agendas internacionales, el día del obrero y el martes que será desatado el bombardeo. Los ritos y cada ausencia de la luna en los almanaques.

En las hojas que se recogen de las veredas mientras la piel resiente el continuo uso del metal, marcando la cualidad de los oídos en la potencia de lo escuchado, en la esencia de todo lo internalizado, es que nos encontramos con el sillón vacío bajo el techo pulcro, donde estuvo quien ya no está, o con la imagen de quien jamás hubo podido haber estado y que sin embargo logró rozarlo todo con su esencia.

Las últimas posibilidades de entrega se definen con los carteros en su mayoría muertos o heridos, o sumidos en la impotencia por la acción de un profundo y oscurísimo miedo que los hace abrazar sus rodillas mientras, temblando, ni siquiera se atreven a rezar para no llamar la atención de nadie por verbalizar sus más íntimos deseos. Tanto alimento guardado bajo llave, cuyo guardián se ha embriagado vagando por calles rojas, enajenado por reacción a un mundo que no comprende, que no entiende, y en el que está - pareciera ser - tan sólo para sufrir su desesperante soledad, privado y carente de toda posibilidad de acceso a ni siquiera un poco de belleza que le embalsame la vida, llena de momentos en ninguno de los cuales ha encontrado todo aquello que nadie ha tenido jamás la delicadeza de enseñarle podría ser imposible.

Y del otro lado, entre suspiro reglamentario y suspiro poético, y suspiro novelesco, y suspiro teológico y filosófico; entre suspiro y suspiro, en fin, la gigantesca mole de los necesitados - que aunque pareciera “tienen” siempre las manos duras cerradas en puño o extendidas - sigue ahí como prueba cierta de cómo es la mente y sus emociones cuando se trata de ceder o de tomar.

Porque bien puede uno ceder a la melancolía y a la congoja, o puede uno tomar una gota de alegría, o bien o mal, o esto o aquello, y entonces, sin aviso, al mirar atrás, la idea perceptible de que después de todo, cada cual ha realizado una opción, con los medios que tenía, con la formalidad posible y con la incerteza de lo que vendrá y ocurrirá mañana.

Como el paso que se da, y que no es notado, pero que se ha dado. El paso común, sin metafísica; el paso, el primero, el número diez mil quinientos treinta y seis. El acto de dar un paso, simple y enorme, porque es uno el que lo ha dado, aunque la respuesta a la pregunta de ¿quién ha dado ese paso”? no sea ni exacta ni verdadera.
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MensajeTema: Diario 43   Vie Mayo 17, 2013 7:34 pm

Diario 43

Habíamos llegado a donde llegamos por no ceder a la tentación de satisfacer nuestros deseos menos íntimos, y por valoración y conciencia de los más inconfesables. Nuestro objetivo es llegar a ver el rostro de Dios. Obviamente, lo demás nos importa, pero lograr nuestro objetivo nos importa más. Sabemos que muchos de los lectores leen libros y libros, enciclopedias y enciclopedias de técnicas de diez pasos, pero sabemos que no sirven. Sabemos que mucha gente está investigando respecto de informaciones respecto de las cuales no es preciso afirmar que no son concretas, y sabemos que no sirven. Sabemos que nada sirve para lograr nuestro objetivo, puesto que nuestro objetivo implica la muerte, sin que la muerte sea el medio, y sin que la vida en sí sea el medio, sino tan solo una condición a la cual hay que encontrarle un modo. Visto así, es sencillo concluir que el punto exacto se da en la renuncia más extrema, que no es otra que aquella que se da en el último paso antes de lograr la satisfacción de cualquier deseo menos íntimo. Me explico, si queremos beber, bebemos, y bebemos demás, bebemos hasta el exceso, pero en el exceso mismo – donde nos movemos – ponemos un límite. Les serviría de ejemplo alguna literatura que llaman el Tao del amor, es realizar el coito y lograr la eyaculación del otro pero abstenerse de la propia. Uno tiene el deseo de eyacular, pero se abstiene de hacerlo. El otro ha eyaculado y como uno no ha eyaculado siente premura porque uno eyacule. Como resulta claro, en el otro se incrementa el deseo de que uno eyacule, pero en uno no se ha eliminado la intención de no eyacular justo en el momento en el que se quiere eyacular. ¿Cuál es el resultado? Simple, se incrementa la presión. Más concretamente supongamos que uno se abstiene de eyacular dos veces, de las cinco que ha realizado el coito con la misma persona, y supongamos que uno se ha abstenido de eyacular todas las veces. Si la abstinencia es constante e incorruptible el resultado es predecible: locura. Pero como sea, no es más que una parte del precio.

Este tipo de patología cuya raíz no es el intento de la vivencia de eliminar los deseos, sino que consiste en incrementar a niveles insoportables el deseo y evitar su concreción pudiendo hacerlo, nos lleva a un nivel de atención insospechado para quienes no lo conocen, con lo cual se cae en otro tipo de tentaciones. Digamos que la realidad quiere tornarse exultante. Así, una plantita de mierda que sale del asfalto quiere referirnos al poder de la vida, a la teoría de los imposibles realizables. Cada ave de rapiña se convierte en un gran defensor, cada perro lleno de pulgas quiere convertirse en el más fiel de los amigos, como si dado que Dios llamó amigo a Abraham (por tres veces), nos sea harto sencillo llamar amigo por las veces que queramos a cualquier persona que nos traiga una sonrisa, un regalo, o la “oh” gran entrega de su cuerpo. Pero como estamos atentos, nos damos cuenta.

Dadas así las circunstancias, esto que llaman contexto y que no lo inventamos nosotros, sabiendo que apenas nos bañamos ya nos está esperando la mugre, sabiendo que apenas la suciedad nos cubre ya estamos queriendo lavarnos, que apenas sabiendo que estamos vivos ya aprendemos que vamos a morir, que puestos en la idea de que vamos a morir queremos vivir, es comprensible que entre el absurdo y el imposible nos convenga optar por cualquier cosa que sea imposible, y más aún si su realización sea dejar esta condición. Pues vivimos en las barracas, entre ustedes, y es, en el mejor de los casos, inaceptable. Pero ya ven, como queremos irnos de aquí, no lo hacemos, es el precio, parte de la espiral, que de cuando en vez parte de un círculo que se ha cerrado, con toda su carga de imperfección.
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MensajeTema: Diario 44   Vie Mayo 17, 2013 7:35 pm

Diario 44

El mundo de la farándula, le decían, y se trataba de músicos y musiqueros y era todo lo que tenía como demostración de que el mundo – o sea, la gente – se trataba de algo más que simplemente los horarios conocidos. Había música, y con algunas de ellas, también había poesía, y algunas de estas contenían mensaje, y, a fuerza de continuidad – que a una edad suele reemplazar al prestar atención - sus oídos fueron haciéndose aptos, su memoria portentosa.

Pudiera parecerle a cualquiera un fenómeno, pero lo único extraordinario, lo verdaderamente raro fue que de algún modo inexplicable sintió en lo profundo de su mentalidad que todo lo que le rodeaba estaba sucediendo sensiblemente, y que más tarde o más temprano, le sería de utilidad registrarlo. Así, años antes de llegar a tener siquiera una erección ya sabía de las historias de matrimonios quebrados, de traiciones, de celos, borracheras, y de muy diversos crímenes, de manera que cuando alcanzó la pubertad, ya veía con claridad la perspectiva de vida de hembras y machos de su entorno.

Sin experiencia, tenía conocimientos, y de ellos extraía conclusiones, realizaba extrapolaciones, en fin, pensaba. Y entonces, cuando ocurrió la primera decepción, ya sabía, enteramente ya sabía que sólo era cuestión de tiempo – siempre tiempo -. Y antes de viajar, habiendo aprendido a detestar ciertas circunstancias de su primer sitio de residencia, ya sabía que en la distancia podría caer en la tentación de recordar solo aquellas cosas que son consideradas como bellas cuando la distancia permite obviar la presencia de aquello que puede ser considerado como feo. Y cuando volvía de cada uno de sus viajes, a diferencia de los demás, por ejemplo, no esperaba la estruendosa bienvenida, pues sabía que cada cual había seguido un rumbo y un ritmo en su ausencia, una estructura que no podía venirse abajo, de repente, solo por el hecho de su regreso.

Como mecanismo de defensa, no lo dio todo, porque temía el hecho de que una vez que deje de hacerlo aparezca la realidad del reclamo ajeno, pero como no podía postergarse a sí mismo perpetuamente, al final terminaba siguiendo el curso de su voluntad expansiva, y cuando perdía las fuerzas, simplemente lo aceptaba y dejaba de dar, asumía el reclamo, y volvía a vivir la teoría de que todo, nuevamente, sería cuestión de tiempo.

Imponía sus horas a las demás horas, puesto que era diferente a todos, y que todos eran diferentes a todos, debía hallar el mecanismo por el cual pudiese lograr lo que pocos lograron, y evitar lo que pocos evitaron, para alcanzar lo que quizá sólo él podría alcanzar.

En los extremos halló reposo, puesto que su vida misma no era otra cosa que un exceso, por lo que al tiempo que se entregaba con furia, a su tiempo renunciaba a la tentación de ceder a un ofrecimiento inútil en su proyección de futuro. Cuando una relación hacía crisis, intuía si sería posible sostenerla o no sobre la base de a qué llevaría, y no sobre la verdadera posibilidad de éxito de tal empresa, si hallaba que no tenía caso, hacía un esfuerzo mínimo – téngase en cuenta que hasta sus mínimos son excesivos -, y hasta ahí llegaba, para poder de nuevo, sin lastres de remordimientos, poder mirar al frente, con la mirada clara, aunque con la visión siempre un tanto confusa.

Y así se fue haciendo, perdiendo posibilidades de ser engañado, aumentando sus chances de engañar a cualquiera y absteniéndose cada vez más de hacerlo hasta lograr su cuota de absoluto. De modo que en su segunda década de vida no tenía en su historial ningún antecedente de haberle reclamado nada a nadie, y, sin embargo, centenas de antecedentes de haberse exigido incluso más de lo que él mismo hubiera podido soportar sin cargar con huellas y rastros por haberlo hecho, y seguir haciéndolo.

Era difícil, porque no era un sujeto de fantasía, sino un alguien real, con dirección, teléfono, y esas cosas. Un alguien sobre el cual cualquiera podría emitir un juicio, pero del cual ninguno de nosotros podría aspirar a ser objeto de juicio, puesto que para sus ojos, no éramos lo lleno, ni conducíamos a lo lleno, no fuimos más que la circunstancia que le tocó, nada más. Y por esto, realmente era un escándalo si acaso demostraba, con su sinceridad de acero, que nos guardaba algún tipo de afecto.
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MensajeTema: Diario 45   Vie Mayo 17, 2013 7:35 pm

Diario 45

De pronto, de una sola vez, todos los libros, todas las canciones, toda la historia, cayeron sobre mi mirada.

Lo que debiera ser, comparado con lo que en realidad sucedía me causaba agobio, hecho a hecho iban talando el árbol de mi paciencia. Empujándome, presionándome, con todos los estilos posibles, de todas las maneras posibles. En ese entonces me consideraban poco menos que un objeto, quizá debido a que a nadie jamás traté como a un alguien, quizá porque globalmente todos me impresionaban en cuanto a seres viviendo un sin sentido pocas veces confesado, aunque expuesto de mil maneras diferentes, de modo que en lugar de amor, lo que sentía por ellos, dado los extremos, tampoco era más que una lástima liviana, mezclada con un algo de impotencia. Al principio, la manifestación brutal del que está convencido de que tiene cierta importancia, luego el orgullo y por lo tanto el alejamiento, para terminar en la necesaria fase de una humildad tan terrible que no tenía otra posibilidad que la de manifestarse en un lacrimoso arrepentimiento, señalado por un sin fin de promesas a todas luces imposibles de cumplir, dado que a cierta edad, y sin la presión de todo el contexto encima obligando a la mutación o condenando a la muerte ya nadie puede cambiar en nada, y menos aún pretender cambiar siquiera una infinitesimal porción de ningún tipo de realidad.

La resistencia entonces consistía en visualizar y presenciar las fases desde un mismo punto que aunque inamovible, permanecía inasible merced a un continuo cambio intrínseco. Como un tipo frente al cual ocurren nacimientos, suicidios, pestes que arrasan con poblaciones enteras, y descubrimientos de vacunas salvadoras, predicciones de cataclismos, y predicciones de salvación multitudinaria y simultánea, y el tipo ahí, ni mu, mientras dentro le van ocurriendo tantas cosas que todo aquello que ocurre “fuera” no puede llegar a moverlo.

Así la explicación de los juicios, y la manera de ir siendo dioses. Pues, desde lejos, si no fuera por la historia de ciertos testimonios, no existiría nadie que pudiera decir que lo que dijo o hizo no fue como respuesta a su deidad, a la cual, pese a todo, más tarde o más temprano, termina por rendirle tributo, y más aún atribuyéndole la razón de todas las cosas.

Dios está lejos, pero el hombre que ha leído de él está cerca, la gente es inaccesible, pero quien la puede manejar está cerca; y uno está lejos de sí mismo, y el que nos conoce con sólo mirarnos, cerca, y todo lo que está cerca, es horriblemente más sencillo de capturar que lo que está lejos, a menos, claro, que no se deje, o que teniendo fuerzas para llegar, carezca de la razón para saber dirigirlo todo hacia el sentido en donde convergen corazón y mente.

Y va siguiendo, la vuelta y el retorno, las explicaciones y los nuevos cursos de acción, que novedosos no lo son. Ya se sabe, cuando falla la imaginación, aparece la memoria, y viceversa, y diez millones de frases así, con sentido pleno, real, cierto, y absolutamente posible de transmitir por la extrema simpleza de que se ha estado ahí.
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MensajeTema: Diario 46   Vie Mayo 17, 2013 7:36 pm

Diario 46

Como otras, en mi cama dejó la niñez, y de a poco, no de una sola vez, fue iniciando el largo viaje a ser mujer. La noche, frugal de alimentos, fue llena de sed a saciar, con el inconveniente de las horas y la solución de su precisión. Fue lento, y fue brutal, con un poco de inconsciencia, y mucho de emoción, con esa manera que tienen los hechos de ir desmintiendo los conceptos que los refieren. Lo demás fue hoy.

Apenas hubo salido el sol, comenzamos los preparativos para el día de pesca. Convino el día en parecer un tono más brillante que los anteriores. Hablamos poco, aunque laboramos mucho, atendiendo cada detalle, previendo los momentos posteriores. Y así nos hicimos al río. Y ya en él, nos entregamos al silencio, a la apenas perceptible tarea de preparar los anzuelos y lanzarlos al agua.

Cadenciosamente iba entrando en mi pecho y en mi mente la imagen certera. Un preciso rayo de sol caía sobre su frente, de donde se desprendían algunas gotas de sudor. Entendí claramente su enorme juventud, y el terrible peso de la vejez que le acecharía en unos años, en algunos meses, quien sabe, mañana mismo. Supe el ahora, y de éste extraje que el instante es mío. Pude ver que yo sí perduraría, porque mientras viviese dentro de mí siempre llevaría esa imagen, no ya la de ella, sino la de la mujer misma… ¡la mujer misma! La amante que fuera, y no el tremendo decaimiento que tendría lugar en la mujer que estaba entonces conmigo.

Con un gesto quise esquivar la escena, pero no pude hacerlo, bien sé que no me esforcé en hacerlo, pero al menos tengo el consuelo de que nunca he resistido a la verdad, cualquiera sea, y como en ese momento yo captaba la verdad, no tenía caso oponerme. Y así, al bajar las defensas intelectuales, comprendí que en su ser sentía que me amaba, más allá de si alguna vez hubo sentido o no amor, era obvio que sentía que me amaba, y que dados los hechos, las circunstancias, el resto de su vida, pasase lo que pasase, en el fondo, nunca dejaría de sentirlo. Rápidamente imaginé la ruptura, las causas que la provocarían, pero como tengo límites demasiado definidos, entendí que lo único que alcanzaría gravedad sería que pasado el tiempo, otra mujer acapare con mayor intensidad mi atención, resultando de esto una infidelidad, la cual, descubierta, haría estallar la ruptura. Pero, del mismo modo, esto no habría de cambiar lo que sentía, la arrasaría el dolor, y encontraría un millón de palabras para tratar de desdibujar lo que no habría de poder, porque ya ha definido dentro suyo que me ama, y eso es todo. Y lo serio, como sea que irían a ocurrir las cosas, es que más allá o más aquí, tentando ya esta o aquella vía de escape, el golpe sería fatal, puesto que ocurriría en las postrimerías de la edad, donde aunque todo muta, ya nada suele ser reversible.

Si se mira bien, desde una mirada clara, puede entenderse que es un callejón sin salida al término del cual no existe posibilidad de encontrar otra cosa que no sea un dolor extremo, con escasísimas probabilidades de convertirse en sufrimiento (es decir, en un dolor con sentido). De manera que, ¿a qué esperar a que ello suceda, como si en esa espera, que no es otra cosa que el transcurrir de los días, pudiera quizá hallarse una bendita solución con final feliz para ambas partes? Uno de los dos tenía que asumirlo, uno de los dos demostrar la fuerza del verdadero cariño, y como ella no lo hiciese, como ella ni siquiera imaginase la realidad, tuve que hacerlo yo.

Me acerqué despacio, y la ahogué.
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MensajeTema: Diario 47   Vie Mayo 17, 2013 7:37 pm

Diario 47

Sujetábamos al niño por sus extremidades con lazos de cuero sobre el altar de sacrificios. Una vez comprendía que no lo íbamos a matar, sino sólo a hacerlo sufrir, se presentaba el sumo sacerdote con la hoja de obsidiana, la cual hendía en los muslos del niño para hacer brotar su sangre que era recogida en copas de ónice para ser bebida por los feligreses.

A cada sorbo sentíamos como nos entraba la desesperación de la injusticia, la extrema tensión de la impotencia, el supremo asco de los días vividos, y el gigantesco fracaso de tener que seguir viviendo el tiempo que quede sumergidos en un horrendo lodazal de arrepentimiento.

Habiendo comprendido que el modo tradicional fallaba, buscamos uno diferente, que no pudiendo vencer al mal con el bien, debíamos hacernos malos para atraernos el castigo divino, solo que no resultaba, y que como siempre, podría tratarse o no de tiempo. Como señala la historia, la carencia de resultados inmediatos genera presión merced a las siempre eficaces mordeduras de la duda, que en cierto nivel, infectan más que las de la codicia.

Pero ahora es así, o quizá ya fue, y es real, o quizá inventado, es difícil saberlo. Puede que haya hombres y mujeres de blanco intentando cosas, puede que hombres y mujeres denominados “parientes del paciente” estén lamiendo su propia poquedad en un pasillo atestado de representantes de una especie que por no intentarlo todo, todo el tiempo, tiene que al final de los extremos de sus vivencias pedir por un milagro, en lugar de hacer de cada instante de sus momentos un esfuerzo que cruce la eterna línea de lo heredado, de lo aprendido, de los ejemplos rotos, de la historia impersonal de todos los que se rodean a sí mismos de poquedades.

Tiembla el piso, los cortinados son sacudidos, y en la menospreciada mediocridad de los ancestros se enciende la llama vital de la imposibilidad de cambio. Grita el niño sobre el altar, y todos los cánticos rezan a su modo que nada podrá cambiar jamás. Fluye el espanto, ruge el intento de ahogar los estertores de la ignorancia, se cubren las paredes con las palabras más hermosas que llenan todas las constituciones de todas las repúblicas, y fulgen todas las divisas de todos los escudos monárquicos, y las banderas flamean, y ocurre la votación, y se da el plebiscito, y en lugar del sol, lo que queda es una luciérnaga tullida.

Después de la sangre, el vino. Las uvas agrias de la sobrevivencia, los rasgos fijos que la miseria va sellando en nuestros semblantes. Volviendo a cada una de nuestras horas una apuesta maldita de final imposible. Mientras van quitando al niño, para sanarle las heridas, y para entregárselo a sus padres, quienes noblemente lo entregaron al necesario suplicio a una edad en la que pocos tienen el privilegio de presenciar desde dentro el profundo asco del mundo hasta perder la razón y luego recuperarla siguiendo en él, y poder entonces, así, tentar forjar y ser capaz de sostener y lanzar su propio arpón, ya al cielo, ya al infierno, con los pies firmes en el bote hecho de maderos, sangre e ilusión, que sólo puede ser construido en las barracas.
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MensajeTema: Diario 48   Vie Mayo 17, 2013 7:38 pm

Diario 48

Llegó hacia las últimas horas de la noche, y parecía no tener malicia. Gusté de ignorarla, esto es, no saber quién era, de dónde venía, ni a dónde iba. La cita era exacta, yo la esperaba, aunque sin tiempo; yo estaba en un lugar, y ella había llegado. Todo transcurrió simple y liviano, como todo lo que ocurre cuando no median las palabras, y solo un poco el mirarse a los ojos. Fácil entonces el olvido, y así las profundidades, esos diversos grados de abstracción, posible sólo cuando se está en compañía, sin aprendices ni instructores, tan sólo con un alguien al lado que pudiera como ninguno ejercer el título de semejante.

A su tiempo, con tiempo, fui olvidando el tiempo, la percepción de un mañana, la comprensión de un ayer, la fuga misma del presente. Su voz se iba haciendo constante y espaciada, con una manera de fundirse en el silencio que hacía imposible definir cuándo hablaba y cuando no, pues todo iba siendo manifestado sin necesidad de expresión alguna, salvo quizá, por aquellas fallas o cúspides de esas estructuras emocionales que cada cual erige y logra conservar o destruir y que hacen posible una referencia.

No hablo de perfección, ni de esos momentos especiales que cualquiera podría llegar - con mayor o menor felicidad de gracia – a definir, pues es cierto que también ella cayó en un nivel de confesión, del cual era posible extraer aunque no algo concreto, sí cierta intensidad que en nebulosa llegaban a referir algunas esencias. Se conformaba el encuentro, “un” encuentro, con puentes que iban siendo inaugurados a pasos que no implicaban movimientos de avance o retroceso, ni caídas, ni saltos, ni vuelos, sino el suceder de distancias que dejan de serlo.

La opción fue optar por el desistimiento. Se comprenderá que lo que fue es lo único que queda para los que esperan, y allí el motivo de mi renuncia, quizá prevista, quizá insospechada. No por esa vieja concepción de que el oro pudiera estar enfrente, y que por su brillo menor al imaginado se deja escapar. Ni por esa, también tan antigua creencia, de que ciertos logros sólo cobran existencia en el límite de las fuerzas desplegadas, ni por la vanidosa teoría del cansancio, la decepción y el resentimiento, sino simplemente por la extrema sensación de que si el imposible, finalmente se hacía posible, sobraba la sensación, la emoción, el sentimiento, al fin, de que nunca había sido ese imposible tan imposible, que aún en lo más hondo de nuestras desilusiones nos fue manteniendo vivos por ser tal.

Sin llegar, entiéndase bien, a la condena de querer siempre más, simplemente en la vivencia, sin extremos, humana, radical, simple, monumental, triste, histérica, belicosa y trascendental por la cual, lo que está no basta. Nada más:

Se movía bien, ajustaba el ritmo
El aliento, su boca, su mirar
El ombligo, los tobillos, las rodillas
Su manera de ser magia
La magia de que era real
Lo que conocía y dejaba conocer
La esperanza que sellaba el contacto de su piel
La fe que fraguaba su presencia
La caridad de sólo imaginarla
Sus manos reconociendo mi pecho
Su breve sabiduría sabiéndome
Su eterna despedida
Y los árboles que vimos crecer.
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MensajeTema: Diario 49   Vie Mayo 17, 2013 7:38 pm

Diario 49

Su nombre es Kóral, sus herramientas un cincel y un martillo, su oficio no es más que esculpir corazones. Se abre paso destrozando costillas hasta dar con el órgano – que todos tanto dijeron era de carne – lo saca a la luz y labora sobre él hasta terminarlo, luego de lo cual lo vuelve a colocar en su sitio. Entonces se ocupa Karol, su asistente, que es quien debe recomponer las costillas destrozadas, y el responsable de llamar nuestra atención, porque es en el arte de juntar los trocitos de huesos y de piel y dejarlos tan exactamente como estaban en que nos fijamos.

Por supuesto, en su mayoría, los del pueblo no acaban de maravillarse ante la labor de Kóral, como no terminan de sorprenderse cuando ven un corazón de piedra. Lo que sucede después también les resulta llamativo, como si no alcanzasen a entender la simplicidad suprema de las causas y consecuencias, de acciones y reacciones, hechos para los cuales tenemos decenas de escribanos.

Mas, más temprano o más tarde, siempre alguien cae en la cuenta de Karol, que por lo demás, es tan silencioso como su maestro, y de golpe o de apoco, va captando al verdadero artista, por uno de esos saltos, por los que se puede asumir el tamaño del que de las partes va quitando un todo, un todo, precisamente que ya estaba hecho así, como un todo, y que habiendo transitado por el espacio tiempo de los detalles infinitesimales de la fragmentación más dolorosa adquiere también así, la vivencia del tránsito de su recomposición, siendo la separación y la vuelta a la unidad obra de una mano externa, por esta vez, o esa vez, como sea, de manos nombrables, definibles, sujetables a un nombre propio como Kóral y Karol, y no de manos intangibles que algunos van llamando destino, suerte, sentido de la vida, y términos así, que son utilizados para hacer posible la navegación, el peregrinar, la escalada, el buceo y todos los torneos mundiales de Ikebana, al tiempo que hasta el menos avezado va también entendiendo - en la medida en que se lo permitimos – las espesuras de cualquier explicación, mediante las cuales se apresura el sentimiento de impacto, reduciendo la idea de siglos a sólo un pestañeo, y extendiendo uno solo de los pasos de algún bípedo a la idea de una eternidad instantánea, volcando sobre los hombros la sensación de derramamiento y de contención en la antesala del éxtasis donde ya sólo la palabra “opuestos”, cuando no su concepto, va quedando atrás, como pinos secos en el retrovisor de un mercedes a 240 kilómetros por hora sobre una carretera imaginada por uno, realizada por otro, y vivenciada por otro más, que quizá, conociendo la frase de que “todos los caminos conducen a Roma” pretenda de ella la simbolización de que todos los ríos llevan al mar, y todas las almas van a Dios, por el detalle de ignorar los gastos de inversión del imperio romano en caminos estables y en el sistema de postas, donde se llega y del cual se parte en la actividad de recibir algo para transmitirlo con la posesión de la carga posible de descargar, como si se tratase simplemente de ojos que fatigados de leer recuerdan que pueden ir diciendo lo que leyeron, a una edad en la que justamente aparece un chico que está dispuesto a escuchar, y a un tiempo en el que todo pasado había indicado que ello no iba a suceder nunca, ya que eso mismo es lo que señala todo pasado, un simple nunca, tan contundente como risible, puesto que apenas el nunca está listo, aparece el siempre, como Kóral y Karol, que en realidad no existen, como no existe un corazón de piedra, ni un artista de la recomposición, ni nadie que explique explicando lo burdo de una explicación, dado que lo que existe no es más que un cincel y un martillo, el acto de evocarlos y comprimir su idea entre las calles que riéndonos transitamos, con un calor que sofoca, o con un frío que hace temer la posibilidad de no tener la piel tan curtida como la nuestra.
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MensajeTema: Diario 50   Vie Mayo 17, 2013 7:39 pm

Diario 50

En un atardecer cerca del muelle principal se me apareció la tristísima Carlota, vistiendo su sonrisa casi perfecta. Como no la conocía, y en tanto ella parecía saber de mí, acepté su invitación a presenciar su torre. Mientras íbamos me confesó conocía que el crepúsculo, o la hora cero, era mi hora más débil, y que por eso se había presentado en esa circunstancia. Descubierto así, sin ninguna posibilidad de escapatoria, solo atiné al único recurso válido para los eruditos de todas la naciones, preguntándole el para qué final de cualquiera sean sus propósitos, a lo cual, con una casi perfecta candidez, respondió que lo ignoraba, y que quizá yo era el encargado de averiguarlo, pero que sin llegar a ese extremo tan peligroso de las últimas consecuencias, lo único que quería en ese momento no era más que compartir conmigo algunas de las cosas que ella sabía. Un poco más seguro de mí, dado el infinitesimal triunfo que había obtenido, continué andando, primero porque como sea que resultasen las cosas, al menos podía seguir disfrutando de la exquisita tranquilidad de desconocer el desenlace de las cosas, y segundo, porque quizá todavía podría existir la posibilidad de acceder al cumplimiento de una esas raras y misteriosas tareas que se tejen y urden en las entrañas de las barracas: la lucha.

El lugar era áspero, aunque cálido, como la mesa de un escritor que aunque confortable, se reservaba un resto de incomodidad de manera que la tensión – requisito indispensable para todo sofista – no pudiera darse a la fuga como un criminal común. Encendió – es un decir, las cosas sucedían – un par de velas, una azul, la otra blanca, y una varilla de incienso, y comenzó su relato. Para dar señales de autoridad, cosa que capté a la primera, refirió mis orígenes en Abdera, señalando las aristas de los siglos que desde entonces transcurrieron. A los hechos generales expuestos en un principio, les fue agregando los particulares en el primer repaso, a lo cual fue agregando a su manera lenta, melódica y constante, las demás variables. Hechizado, quedé en mudez, sintiendo en lo hondo el verdadero significado de aquella pequeña batalla donde el juego principal consistía en la exposición de ciertos datos que hacían de forma, de manera que el incauto caiga en la sensación de premura de ir a por el fondo, para lo cual, necesariamente, necesitaría más datos, más detalles de la forma, generando así esa espiral de la que todos podemos hablar de sus consecuencias. Así, refería al caballo de tal emperador, y luego, al segundo repaso, algún detalle de dónde fue concebido ese caballo, y luego al tipo de pastura al que los ancestros del tal caballo debían su constitución. Cuando menos, era brillante.

Ladrillo a ladrillo, peldaño a peldaño, fue construyendo el laberinto, y la conciencia de que lo iba haciendo bien le dio, como cualquier psicólogo mediocre de hoy día puede determinarlo, un mayor grado de seguridad, y como también captó que yo era consciente de su conciencia respecto de sus logros, más aún se incrementó el grado de seguridad que sintió, lo cual pudo haber sido ya de temer, por esa regla fatal que persigue a ciertos espíritus condenándolos a la derrota de sus finalidades próximas apenas entrevén que lo pueden conseguir.

El relato duró toda la noche, la persistencia del intento, hasta que el rigor del amanecer me sacudió con una marea de ansiedad incontenible, haciendo que mi piel se erice por tanto abismo. ¿Justo a mí invitarme a recorrer las alcantarillas de la historia? Y, sin embargo, la luz del día la volvió otra, con un afuera y un dentro que no pude dejar pasar.
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