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 El anillo

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Silvio M. Rodríguez C.
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MensajeTema: El anillo    Jue Mar 22, 2012 6:58 pm

El anillo

Y habría podido añadir que venía de una antigua cepa de navegantes nórdicos, cuyas mujeres esperaban en las dunas barridas por el viento y no se inquietaban si sus hombres estaban borrachos, sobrios o heridos después de una riña, sólo les importaba que, una vez más, hubiesen escapado a la grisácea fabricante de viudas.

Morris West
Lázaro


Nueve

Y en la incomodidad despegar de nuevo, como un empuje de ráfagas de amor, confusión del placer excelso y sublime, como captar la locura que en los labios, lejos del odio y sin medidas que no pueden ver más que una realidad falsa.

Alejando es lo mejor, cayendo y ganando, el reposo, que más bien es una tregua fría, sin potestad del futuro o del pasado, un simple desliz que vendría bien, salvo que nadie está en esta hora que todos duermen, sabiendo que yo espero, y que es ahora que quiero y deseo.

Sólo una piel que besar, una boca en mi cuerpo gastado y firme, un nombre al azar.

Y así se va, con el recuerdo y la intención que no vuelve igual, y sin embargo golpea, y por favor abríme la puerta, quiero entrar y perderme en vos, para encontrar refugio y poder descansar, esta guerra dentro mío, esta luz que me ciega y me arranca lágrimas, cuando no estás y te busco, y todo es inútil, porque así lo quiso el mundo, en el que vivís, y en el que te amé.


Diez y siete

Acepto sin miedo tu burla amor mío,
Cómo negarte estas frágiles ilusiones?
Y eso que odio el dolor, como vos,
Y no puedo más que ceder cada día.
Si pudieses aunque sólo sea unos minutos,
Ver lo que en los ojos llevo noche a noche,
Sin querer demasiado, no te miento,
Es sólo esas cosas de comprender que casi,
Sin puntos suspensivos que no hacen falta.
Las ganas de volar y de reír, como sabes,
Asistiendo lo que vivimos todos,
Las cordiales mentiras que ya no engañan.
Los firmes cimientos, no vayas a negarlo,
Las máscaras de nuestra existencia,
Ese café de las mañanas, entre besos,
Entre la locura de aguardar callado.
Es nuestra historia sin más,
La que inventamos sin final una vez,
Liados entre sábanas y ventanas nuevas,
Como nosotros mismos, vacíos de pudor.
Esa boca tuya que presiento cuando vuelve,
La apasionada ternura que me nace de vos,
Cuando tu pelo se enreda entre mis sueños,
Cuando tu pelo se enreda entre mis sueños,
Cuando cerramos los ojos para vernos mejor.
Es hermoso esto que somos, esto que hacemos
A cada momento en que sólo existimos,
Aunque lo escondamos y no lo digamos,
Callando nuestro placer infinito, espuma.
Extenuados, sin adjetivos, sin pasado,
Somos así, más allá de nosotros mismos.


Diez y ocho

Es fácil decirlo, porque lo siento,
Que es a vos a quien busco sin culpas,
Borracho o con amigos, mientras lloro,
Mientras siga siendo el mismo, pura espera.
Sin miedo a las heridas, es la verdad,
Y no el sadismo, es que vos me dolés,
Porque sos vos, aunque le pese a todos.
Qué importan las amarguras, el luto aquel,
No hay canciones sin palomas, sin colores,
No tengo más que quererte como lo hago,
No tengo más, que ser para vos.
Aunque vayas por ahí apretando corazones,
Dibujando una historia que me olvida,
Amarrándome a un destino que no decidís,
Aunque a veces lo creés y lo querés.
Estás aquí, en mis brazos encendidos,
Porque en mi deseo ya estás,
En cada cigarrillo y en cada página,
En esta sonrisa que nadie ve y vos sentís.
En toda su extensión a cada paso de calle,
Siempre volviendo de algún lugar,
Sobre todo porque vos también sabés,
Que cada sonrisa que das sin piedad,
Es un beso mío que te aguarda agazapado.
Es por eso que lo digo y vos callás,
No éramos antes, ahora lo sabemos,
Y si entonces no importaba lo que hoy,
Es porque huimos a tiempo, sin malicia.
Así te espero, mi dulce pasión,
Después de las calles entre vos y yo.

Veinte y uno

Ahora parto de vos, de tu recuerdo, de tu pelo y tu piel, de la distancia que existe con o sin palabras, y alcanzo el deseo, la necesidad de tu compañía, una sed que no se apaga con café y cigarrillos, un tiempo difícil de transitar, escapando a las ideas que nacen de vos y que no sos vos, sin confundir ni intentar hacerlo, como nunca pudieron hacerlo el pulso y la respiración.

Así es la idea que pudo concebirse, esta última ofensa de intentar lo que nunca has de volver a poder, y que sin embargo siempre casi lo conseguiste.

La desesperanza de la oscuridad total, ese aliento que no llega hasta que en verdad suplicamos, rogando con firmeza e irrevocablemente, sin posibilidad de arrepentimiento. Algo así como morir un poco cada hora, renacer cada minuto, demostrar como al fin la delicadeza, la fina tela que en los labios comienza, la oculta ternura que en mis duras manos habita.

Pedir entonces, creyendo que es lo justo, o al menos lo necesario, ese soplo de infinito, ese despertar lleno de sol.

Es como un bumerang incansable sabiendo siempre, aunque a veces lo olvide, que al final estarás vos, seguro de que al final siempre estarás vos, esperándome llena de caricias, aguardando que cansado y hecho pedazos vuelva a pedirte que me unas, como tantas veces desde la primera vez que reímos juntos en plena lluvia, desde que supimos los dos quien lloraba y quien en verdad esperaba, desde que nos atrevimos a inventar un nuevo juego en el que no podríamos sentirnos culpables nunca.

Y es que ahora no hay perros aullando a la luna, ya no hay banderas llenas de sangre ocultándose en el crepúsculo, no hay señales de caídas ni lamentos. Están las heridas necesarias, cómo negarlo, pero están porque no nos conocimos antes, porque nuestros cuerpos no se entrelazaron antes, porque no podrían perdonarnos tanta felicidad, si vos y yo en un antes desconocido hasta por nosotros, ya navegáramos por este cielo puro y ardiente que alcanzamos a comprender.

Ya dije demasiado, es normal, es por eso que ella abandona sus cosas y se acomoda en mi pecho arrancándome un enorme suspiro de amor, dejándome pensar, dedicándose sólo a sentir como crece el aire, como me gana en los sueños, como cada minutos somos algo que queremos describir.


Veinte y ocho

Esta madrugada fue elegida por los astros,
Como siempre pudo haber sido,
Como todo lo que imaginamos y rechazamos,
Como todo lo que creímos y esperamos.

Intuyéndolo desde hace tanto tiempo,
Cuando las horas no eran horarios de ida,
Y en nuestros labios se urdían secretos,
Todo lo que desnudos y dentro del otro.

Porque el placer nos pertenece y perdura,
En cada gesto y en cada roce de piel,
En las mismas tejas tras la misma ventana,
En la humedad que nos invade silenciosa.

Así es como te miro y sé que es,
Aunque no lo esperes ni adivines,
Que simplemente esto se cumple,
Cuestión de sangre en su medida.

Sólo un beso y un abrazo, esta noche,
Después, la flecha infinita que sólo va,
En un viaje ciego y renuente, y que vuelve,
Cada tanto, para presenciar nuestra pasión.

Son hilos de un tiempo ajeno, esto que ves,
Alquimia de una esperanza concretada,
La fusión, si lo deseas, entre el deseo
Y aquella que sonriendo lo hace nacer.


Treinta y uno

Alguna vez será que escucharemos estas músicas, éstas que guardo para vos sin conocerte, sabiendo sólo que en algún lugar estás esperando lo mismo que yo, aguardando el mismo amanecer y el mismo clima, sobre la misma alfombra y ansiedad.

Y sé que estás porque me duele no verte ya, esta prisa que me viene con Di Blasio, todo lo que pudiera ser y está lejos, como las veces que me voy de mí mismo, cambiando lo que soy por lo que deseo. La inmensa llanura que atravieso para nada, para encontrarme con un arroyo estéril, palomas grises y una bandera sin nombre.

Noches como ésta en las que las sombras al igual que las revistas y los noticieros, ya no son lo que fueron, mis viejos libros, los teclados de Vangelis y Morricone, tanto mueble lustrado y cortinas para algo que no.

Presiento que sabés todo esto y por eso no tendrás que hablar, sólo estar. Así junto con el vaivén del viento que te llama, que de a poco va tejiendo junto con los años ese puente que te traerá junto a mí, así voy armando el cielo bajo el cual el encuentro.

Es cierto, quedan aún los días entre semana, los domingos, ese temor de las tardes y los amaneceres, sin saber si salir o llegar golpea más.

No te preocupes, llevo a cuestas un viejo escondite que lo arreglé para vos, con suficiente espacio para tus historias, con todo lo que quieras para refugiarte, sin tener que marcharte.

Lo tengo todo previsto, para serte sincero, sólo que la espera sigue. Y tengo cosas que habré de consultarte, para coincidir, todas estas piezas que trato de ordenar despacio, sin tener en cuenta si me he sumergido demasiado, vos sabés, ese tema de las medidas, los excesos, los discursos recomendativos, salí o quedate, la vida contada por los amigos, lo que pueden ver.

A veces me pregunto las noticias que te llegan, lo que ves al pasar en cada esquina, por donde habré transitado. En esta ciudad que pudiera ser otra sin nosotros, los reclamos que tengo, las deudas que voy juntando, por el espacio que intento ganar a costa mía, para jugar sin dañar, sin que la del vestidito azul llore, sin que el chiquilín se lastime demasiado al tropezar. Las cicatrices necesarias y dolorosas, el peso de las horas.

Cambiando algunos ordenes, el despertador y el velador, la calle tan abierta, las llaves en los bolsillos, los almanaques, el cenicero tan limpio, cuando por fin el suspiro esclarecedor, fijate que no está tan mal, que en el fondo ahora que estás, tu boca en la mía, la lluvia de oro, la piel infinita.
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