Dualidad 101 217


 
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AutorMensaje
Silvio M. Rodríguez C.
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Edad : 45
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MensajeTema: Varios    Sáb Mar 24, 2012 7:44 pm

Extraño vulgar (2)

qué vulgar y al tiempo extraño
resulta querer que otro
coincida en la mismidad

qué barata y especial
resulta entonces la dicha
de decir un mundo solo

en el que cabés y caben
como vivos sin programa
sin saber ni sospechar

que de eso se trata, siempre

Danza rota (2)

multiplicarse en cosas tan absurdas
es realizar lo cotidiano a solas
vivir a ciegas sin tentar cabriolas
tan solo ser y estar de más con burdas
carencias rotas palpitando dentro.
Y andar muriendo, al contrario, siempre
obliga al canto que lo pare el vientre
necesitado de dejar el centro
para volver a ser un nunca alado
sin ataduras de ningún modelo.
Por esto, profe, yo elegiré ser
eso que vengo no queriendo ser
la luz segura que a mi propio vuelo
le marque el rumbo sobre lo creado.


Todo será entendido (2)

cuando nada es suficiente
se termina volviendo a uno
y desde ahí, sopesando
todos los destrozos, surge
el tiempo y su dentadura,
la grieta del sentimiento
y el dolor de lo que queda
atrapado en la garganta.


El pendejo (1)

No retrocede el inútil, ni cambia
el modo de su voz el altanero
cuando le dicen "rectifica ahora
o quédate atrás pedazo de bruto"
cuando dentro siente su propia forma
dictándole a estertores lo profundo
de su música íntima y sofocante
que tomándole del cuello le obliga
a decir el hoy que apenas comprende
sin poder compartir por la palabra
lo que otros dicen sin errarla nunca.
Se aferra el vago a su tabla rotosa
y viendo que en ella no hay un espejo
se adhiere a su sangre acallando el nunca.


No puedo más, por eso sigo (2)

No puedo más, y por eso sigo.
Me pesan las manos, y mi espalda
rota, atravezada de noches
suplica un alto a tanto camino
como si en verdad fuese posible
detener la mecha ya encendida.
Caigo en un "mí" solitario y mísero
desde donde me recuerdo todo
incluso aquel torpe primer paso.
Y sigo, porque no puedo más.


Alex Augusto Cabrera (dedicado, impuntuable)

Hay muertos Enteros debajo de la cama
y mil héroes batallando entre la almohada y el techo
para una sola conciencia que sin hablar de sí
la expone en suspendida inteligencia, a pura emoción.

El Alex se va callando lo mucho que oculta
una que otra miga deja, y una que otra mina come
-es sabido –
a ver si alguien le sigue, a ver si decide seguir un trecho más.

Jugamos a no entendernos
compitiendo por un “no trofeo”
ese que no se levanta, sino que se comparte
sobre una mesa, sobre una barra, rock de por medio.

Son cosas que pasan
por gente que no sabe pasar sin dejar huella

y son cantos, que en El y en Su fondo son rugidos
confesados sin un cura abyecto tras bastidores.


Esta noche: Estrógeno y Testosterona

Mientras te vistas de lágrima y candor
podrás seguir siendo de los otros,
dejar que el viento juegue con tu falda
y así tus muslos en sus retinas vulgares.

Mas, cuando el plazo dictado por la sangre,
al tiempo haga a un lado
vale más que estés desnuda
de todo pasado, apta para el futuro.

De lo contrario, serán los mismos días
que portas firmando al pie con satisfacción
- que arriba dice resignación dice -
en el Braile de los que pueden tocar el alma.

///

- No hay apuro posible para el nocturno,
para quien determina el fin de la duermevela
en su conciencia irredimible
de cazador adicto a lo fatal -

- No ignora el peligro, ni lo desestima
quien en verdad mueve las piezas
de su propio tablero emocional,
en la prescindencia del mundo que lo observa –

- Tanto quiere el maldito la victoria
que sólo gloria le deja al enviado,
obligándolo a vencer por persistencia
y una única y solitaria cuota de habilidad –


Drago

Drago el vómito de la decepción
y digo el vacío del futuro
en los pulmones del adicto
a la mentira verdadera.

Quieto, asumo enfoques ajenos
y defiendo sus posiciones
enarbolando sus discursos
en la cresta de un oleaje
que mi puño espera, amocional.

Penes y vaginas en su discurso
que diciendo lo mucho de su nada
dicen de mí lo que yo de ellos
esa manera de ser un escupo sin emisor.

Viernes 3 de julio 2009

Trepa el que busca

Ni estatura para el desastre
ni el vientre dispuesto a lo lleno
tan sólo el detestarse portan
como canción de barricada.

Ya les gustaría oler a infamia
trepar de un metro a otro sin mirar
el nombre que fijado define
lo que no serán en mis axilas

Pero desisten, por grave sapiencia,
prefiriendo tener el culo lleno
de lenguas lamedoras por oficio
que portar dignidad y acaso soledad.

Tan cagaditos viven que es natural que amen
ser amigos atentos de la fe sin contento.

Jueves 09 de julio de 2009


Tendencias (libre)

Me fui yendo hasta aprenderme
en un manojo de laberintos
de llaves, citas, notas y destellos
que terminaron siendo un charco sobre las baldosas.

A la presión del tiempo y su tristeza
respondí con un certero tajo en mi brazo
una vez, dos veces, y una vez más.

Al descreimiento del futuro
le expuse un batido de circunsferencias
que me llevó a ninguna parte y a todos lados
allá cuando lo poco me era importante.

Pero no pude marcharme
yo mismo me esperaba en este ahora
en el que como antes carencio de brazos
en el que como nunca amisto con los solos

por la risa que gané
habiendo partido desde el fondo.



En ausencia (libre)

En ausencia
diré mi boca abierta al desasosiego
la nota justa que se quiebra a mitad de la noche
junto a un chorro de lágrimas manchadas de vino.

En ausencia
latiré no estar ni en los ojos ni en la mirada
de quien creí reflejar el brillo de sus lastimaduras
cuando los verbos copularon en el pleno del silencio.

Todo es proyección
tanto la fábula del comprender como la catedral del engaño.
No hay mañana, nunca lo hubo
ni siquiera al presente le da el tiempo para los que estallan.


De menor a mayor (blanco)

tendrás : que sangrarte lágrimas
paridas de frustración
para poderme pensar
con la danza en un ataque

tendré : que verte sin medidas
para sopesar tus intentos
de ausencia, de lleno y vacío
la noche del escupo inútil

tendremos : que invitar a Pareto
al juego del diez sin ser un cierre
y a Giordano a la tea común
donde con Nietzche diremos soles

hasta llegar al punto de inflexión
donde el medio vomitará su fin
en la escandalosidad de un panel
vuelto gimnasio para el puterío

tendrán : que terminar besándome el culo
no por lástima, sino por el orgulllo
de poder testificar en un murmullo
cuán feliz es quien ignora ser un nulo.


Sol tala (libre)


Ya está bien
de callarse tanta duermevela
y de andar por ahí guardando semáforos en los bolsillos,
es hora ya de parar, de cruzar la cordillera y ver tus ojos.

Detente despacio
andá girando la noche sola sin camisón*
y arrojame un beso de buenos días
cuando mañana amanezca con el incendio del mundo.

Sol tala
el nombre, el ritmo y todos los silencios
hasta volver a vos desde la palabra
que acurrucada espera la sed de tus labios.



Uno detiene el tiempo (libre)

En la mirada uno detiene el tiempo
se mira los pies hasta el insomnio
y como un árbol en la tierra
en la quietud realiza su danza.

¿Yo?
Precisamente soy el que no cuenta
- el que gana siempre
tan sólo antesalas –
mientras palpito lejanía.

¿Vos?
Vos ahí girando abecedarios
como llegando para partir, de nuevo
tráfico y soledad entre cortinas y alfombras
hembra y loba sencilla de distancias.

No seré quien cambie el crucifijo
no serás quien abra mis puertas
pero algo habrá entre los dos
que no implique madrugada.


Ojos perversos

De repente nos pasa desestimar las formas,
decirnos en el otro las claves sin sospechas
sin apuro ni afán por fijar en las fechas
esos ratos alegres por fuera de las normas.

Ni te acercas ni huyo, y así es que te conformas
con mirarme de lejos preparando mis flechas
como asistiendo breve al color de las brechas
que dispongo a los todos que buscan mis reformas.

Y sin embargo vas estando en devenir
como agua de lluvia que si quiere es tormenta
que si prefiere es sólo un buen sabor a menta.

Y sintiendo esa nieve que está sin derretir
y ovillada proyectas sobre todos los versos
me dejo caer suave con mis ojos perversos.



Sueño intranquilo (soneto)

Danza cruel, sin tus formas brillantes
es la que puedo contigo, taurina
pues soy del aire que fija y trajina
eso que fue, lo más dulce del antes.

Sin adjetivos derramas diamantes
con prescidencia de "aquel que imagina"
toda tu voz convertida en espina
atravesándole llena de instantes

lo que le queda del paso del tiempo
mientras se duele del arte privado
que le sujeta a un vivir encerrado.

Y sin embargo te miro a destiempo,
y puedo ver los destellos del filo
con el que sajas su sueño intranquilo.




Entender y perder (blanco, octosílabo)

Sin renunciar a los gritos
irse callando de a poco
hasta la sombra del miedo,
masticándole futuro
al pecho roto del hoy.

Comprender la depresión
desde la voz portentosa
del que habla tantas pavadas,
y verdades, y rotundas
formas de no un siempre

abrirle la boca entera
a la sed del encerrado,
lamerle a distancia el ver
para degollarlo suave
con juicios sin fundamento.

Es mejor ir olvidando
el olvido y la manía,
la certeza que se escuece
sus cositas de piel sola
los dioses que se suicidan.

Postergarse en un rincón
y que vengan dos tarados
o tres putas de las buenas
a decirte: "todo pasa"
vomitándote sus yos.

Mejor cagarse en el hilo
en la gorda y en la loca,
cagarse en cristo y en uno,
hasta recordar la fecha
donde entender fue perder.



Se busca un dios (soneto)

Se busca un dios al uso, con ofrendas
de sangre cada mes o cada año
pagadas con mentira y con engaño
en rápida gestión por las trastiendas.

Un dios que con crueldad lleve las riendas,
al que poder pagar porque oiga el daño
que hacemos y nos hace todo extraño
por ser en nuestro ver hijos con vendas.

Se busca un dios idiota, buena gente,
con ansias de perdón y olvido fácil
de gesto algo terrible pero grácil

capaz de tolerar mediocridades
de entrar al fondo sucio de la mente
y hacer con ella un canto sin edades.


El putañero solitario (soneto)

Con una sola puta quedaría con ganas,
tener a dos ya cambia en suerte la desdicha
y si una más se aviene a probar mi salchicha
se lo pago con versos o con dos prosas llanas.

En esto del placer prefiero cantidad
tener donde poner, tenerme qué agarrar
pues tantas pilas llevo y quiero descargar
que una no llenaría mi enorme soledad.

Ximena, Lurdes, Lis, elefantas ardientes
que en mi burdel preciado me vuelven menos solo
son las putas más fieles con las que me enarbolo

en carne redimida hasta tocar sus dientes
donde afilo mi hombría y derramo mi esencia
en un baño de sal con toda mi sapiencia.



Noche tres (libre)

1

Como un puzzle sin terminar
o un saludo sin responder
sumo y divido mis ausencias
a ver si aclaro este porqué
de soledad predestinada.

Me habita lo invisible y cierto
la víspera de toda lluvia
y el corazón que ahí bordado
lucirá en el barrio sus penas
entre dos vasos y una boca.

Evito razonar la muerte
postergo el para qué la vida
y me convierto en un cometa
lanzado en dulce depresión:
elíptica des-ver-gon-za-da.

2

Este ir ignorándolo todo,
el puto "dejarlo pasar",
mientras en el vientre los yunques
y en los ojos los alacranes
van diciéndome desesperos.

Sostener una media hora
la conversación imposible
como cuidando algún terrario
donde sólo habitan los filos
esperando que llegue el dueño.

De todos modos respirar,
rota la voz de andar callando
el abismo que ebrio danza
el solsticio de todo infierno,
las manos tan solas al fin.

3

Entonces vos, kilómetros atrás
con tu manera de no estar y ser
uva que se niega a toda vendimia
y labio que se resiste a decir
el verbo alejado de su sentido.

Mientra yo, cifra errada, voy cediendo
las cosas que se van de madrugada
en el afán que pierde su entusiasmo,
que encuentra en lo negro del monitor
lo patético de ya no quererte.

Noche tres, con Marte como testigo
de las espoletas que van guardadas,
escándalo de la conciencia perra
capaz del disparo grave, muy solo
que le alienta al rey de la decepción.


Letanía pseudo amorosa (libre)

Elijo una imagen y sobre ella
voy negando puertos de color,
la piel que saluda en la distancia
y los ojos que se cierran antes de tiempo.

Mañana comencé a realizarlo
- hace ya demasiados poemarios -
valiéndome de una distracción ajena y tuya
que quise me destroce los labios mientras ebrio
levantaba los puentes para que nadie pase jamás.

Un ayer me repele hacia estas horas fuera de clima,
hacia el centro de una mano que ya no tiembla
cuando dibuja cercanías listas para el olvido,
un ayer entero de cosas rotas.

II

Calmo tu herida
- húmeda, color salmón -
lamiendo y besando negruras
que le compiten el aroma a mi alma
en un dialecto de presión y fraude.

Fingiendo que te entregas me tomas,
colgando tus despojos en mi boca
me anexas al mundo extraviado, solitario
en el que fulges con una sica a las espaldas
dispuesta a tajar de raíz cualquier sentimiento.

Y tan sabiéndolo, danzo
como arremolinado al borde del precipicio,
mitad entusiasmo, mitad muerto de hambre
cortado por dentro de tanto pasado
pulcro por fuera como un lamento a estrenar.

III

Vamos a tener que seguir siguiendo
sin riendas que llaguen las ilusiones
con sólo la decepción y el hastío como sur
y el puterío de los feriados como norte
hasta aprender que nunca tuvimos nombres.

Será de pronto la inundación en los cafés,
la salida de emergencia que nunca fue prevista
y ese puente bajo el cual uno se esconde
con las manos llenas de bichitos brillantes
cantando un himno con miedo al eclipse.

Todo para no llegar a la cima,
para proclamar con el sol en las espaldas
el sabotaje que profesamos como acto de fe
el fuego necio sobre el que escupimos
las alas que vendimos por ya no creer en nadie.



Crimen (libre)

Caigo en vos con las ganas perforadas,
convertido en ladrido inútil
acepto el humo de la no respuesta
y así me libero, fugado ya de toda noche.

Vos persistís en el afán de ser música
recorriendo la torpeza del reclamo
mientras te saltás el llanto sucio
que profesamos los tullidos de emoción.

Pero entre los dos, si te fijás, se forma entonces una especie de hueco que más que abismo pareciera ser una cuna virgen, todavía desconocedora del desgarro del dormir y de la impronta del despertar de bruces a la nada.

Cada cual, modo y destino
define en el otro lo perpetuo de la roca
y el escándalo de un arroyo de sangre
con un nombre en el carné y una cifra entre los ojos.

Vos, Silvio, de profesión destapador de lo que sea
mientras yo, Silvio, de profesión silente
somos el otro para el uno, en ese orden meditado
que sostiene el crimen de conocerse.



Te hablo a ti (libre)

te hablo a ti, dueña de mí
a la que ciega las luces para brindar calor
sin temor a la guadaña o al misterio
guardada de risa y llanto, esperante
como espero yo un poquito de exceso, cada vez.

Te hablo a ti, mientras me callo, a sabiendas de todo,
como si en verdad, oye, como si en verdad no importase
ese resto de ropa que queda en el desierto de los días
ni ese lleno de desnudez que me puebla el mirarte.



Escondido (libre)

Escondido de vos evito tu verbo
hasta que vuelvo a encontrarte
y place y duele
que digas lo que nadie dice
tanto el puente como su tránsito.

Trasnocho mis letras
y
mientras el reloj intenta seguirte
hay un pájaro y hay una tortuga
cuando el tiempo ocurre
con la memoria postergada.

Por lo demás… siempre estaré bajo sospecha
y siempre habré de llegar tarde al banquete
me desdeciré y me afirmaré a destiempo
para ser para vos tan sólo un calidoscopio.

Pero el día que aprietes
con las tenazas y las muelas de tu nombre,
ahí cuando del espejo te salgas, vestida y desnuda
a decir con tus ojos la piel que me viste
será el dado partido, el juego de tabas triunfando pasión.

El antes es el discurso
el título subrayado con los dientes
la mano que hiende la noche solitaria
mientras los bichitos de luz mueren panza arriba
como reguero de cosas entre las cosas.

De despueses vive mi historia
como de vivirte distancias luce mi presente
- que quiere y late al límite -
hilvanando con la suavidad de los hachazos
el límpido dolor de llevarte entre mis cejas.



Soneto al pedo (soneto)

Península de gas incontenible
que expone su victoria entre las tripas,
danza tu fantasía por las pipas
que no pueden tapar tu ser audible.

Recorre aquel salón de luz sensible
donde pasean libres tontas tipas;
visita el monasterio del Antipas
cuando veas que falta combustible

que enaltezca el absurdo de los dioses,
mientras te burlas cruel, de tantas poses
que toma el culo recio, cuando quiere

por fin, dejarte libre y a tu suerte
viviendo sin final y oliendo a muerte,
pero afuera, que dentro sos quien hiere.


Epílogo a "sentido del precio" (libre)

Soy el tipo que equilibra imposibles
danzando blancas a la sombra de una luz negra
en medio y al centro de un por qué sin almanaque
con miradas que se humedecen en los bolsillos.

El guacho que sabe porqué llueve dentro del corazón
y cuándo es que ya no vale la pena suspirar,
juez, jurado y testigo de su estadía entre los demás
con su manera de eco mordiéndose las rodillas.

Soy vos, de a poco

Títere que juega con el amo del juego
tras un poema o una novela inconclusa
llevando en las manos no más que banderas rotas
con la insignia del alguien crucificándole los días.

El riel que ya nadie transita salvo a la madrugada
y la tensión de una pañoleta sujetando el azabache,
el labio partido por no besar… y los ojos rojos
desangrados de espera.


Respuesta a "Uno es lo que escribe" (prosa)

"Uno es lo que escribe"...

Te venía esperando desde que el hastío me partió los huesos en la plenitud de la desdicha de tenerlo todo (vicio, descontrol, y poder rescatarme). Mas te encuentro aquí, mitad arena que burla mis labios, mitad sal que sella mis pómulos al paisaje de la sorpresa, con un tono que se desborda en puta y santa, madre celosa de mis posibles abusos destinados a la desesperación, como siendo la misma desde un eterno calidoscopio insostenible para la piel.

Tendré que devolverle al mar la prepotencia de sus abismos conocidos, y al torrente de cada río la fiesta de su algarabía nocturna, para poder irte mirando con los ojos cerrados y el corazón bajo llave, no sea que me tomes y al saberme tenido me desprecies, como se desprecia al halcón encapuchado al escuchar el grito libre del azor marcando su último territorio, la lejanía.

Sin embargo, el entretanto - vástago del que somos progenitores por ganarnos el derecho de ser sus verdugos -, enroscado todavía en su manera de espiral que bebe de sí, como llenándose del escándalo de la fortuna y el destino cuando se miran de frente con las manos llenas de desiertos.





Antes (prosa)

Antes de gustar de vos, cuando el sol salía siempre por el mismo lado y la noche tenía la manía de ser oscura, solía acuñar monedas falsas con las que compraba el cariño eterno de quien no sería más que un nombre sin predicado oculto. Antes del remolino, me digo, con la frente pegada al cristal que me separa de mí mismo y sintiendo solo el hielo, era la dulce estadía en la vanidad; proclamar la rebeldía de saber tu existencia, pero, por debajo de los parpados aceptar la imposibilidad de tu habitar por el mundo.

Bastaba con decir “una más”, para que las piedras adquirieran el ritmo que los arquitectos negaron, para que hasta el cuidador de las estrellas se relajase de su misión estelar y se de una vuelta desenfadada por el cuadrilátero en el que exponían su danza cuerpo a cuerpo la locura que me sostenía, y la carencia que, hábil, yo llenaba con mis heridas.

Estar en otras bocas, de soslayo, en medio de un festival de perfumes que no paraba jamás, y que se entusiasmaba en los colores inciertos del no saber amar, eso era. Correr sin posibilidad de detención, dejando al mundo atrás, la propia vida y el sentido de los demás con el sabor del trigo todavía crudo en los labios y las espinas del rosal arañando los ojos con el precipicio medio metro atrás. Eso era.

Eso era el antes, preñado de ahoras indescifrables.



La mente sin excusas (prosa)

La mente es una sierpe que trepa en espiral hasta el fracaso de las manos, cuando la idea, preñada de fantasmas, parece desprenderse de aquello que a ciertas horas de la vida pareciera poder ser “la realidad”; y que pierde, por el peso de sus protones la sensación de continente albergando algo más que distancias y franelas. En mi mente estás, como sueño vaticinado por dioses reptilianos, en la profesión de fe de oscuros sacerdotes que todavía persisten en el posible error de cualquiera de mis dardos.

Todo es… esto es.

La piel se convierte en desafío, bandera y estrella que se busca y no se alcanza, tierra móvil que desplaza la quietud hacia el centro del sonido, donde habita el beso de tu boca como aviso del invierno y antesala de un paraíso imposible de recuperar. Y es presión que en su intimidad siente la semilla enterrada, que late en el mirar a otro lado cuando lo que habita en las plazas no alcanza a llenar el estómago del evadido de los sentimientos.

Todo deja… deja todo.

De la suma cabalística, rara composición de la estadía del símbolo en el aire, extraigo la crueldad de las certezas que adivino en el gesto que prodigas a mi silencio, alimentando, tirana, la lucha entre mi razón y mi locura deviniendo en un placer que no merezco, y que guardas esplendente para exponer en otra vida – no sé a qué jueces – como justificativo del exceso que llevas entre las cejas precediendo tu nombre.

Y “todo” parece girar para los que no “hacen” de su propio punto una carrera hacia el fondo de la esencia donde las excusas no caben, ni los límites ajenos, porque solo le vale al condenado a vivir vida por vida.

Sol de los excesos (soneto)

Extravié el sol de todos los excesos,
y por beber tus drogas, dulce amor,
volví a mis viejos años de rencor
donde la mente, sola con sus huesos
de nadie requería grises besos,
pidiendo en cambio a todos el candor
que brilla cuando quema en lo interior
el ansia de abundar rumbos espesos.

Ahora vuelvo al negro y vuelvo al blanco
en la medida exacta de las luces,
y veo nuestro andar lleno de cruces
como un castigo justo y hasta franco
que cayó sobre mí por aceptarte
creyendo que podrías darme arte.

Conciente, ya no ansío desnudarte;
me quedo en mí, sorbiendo las pastillas
que me alejan del vino y tus mejillas.


Esclavos (libre)


Sentados frente al abismo nos vamos desnudando
del pasado que te muerde las encías
y del futuro que pretendí
mientras el tiempo se ahoga en la lluvia,

en un jadeo acompañado de truenos.

A salvo de la letra y de la cifra
nos vamos pareciendo y, equidistantes
sonreímos por dentro la fragua y el yunque
donde nuestros corazones, torturados,
aprendieron a escupir lo lejos del abrazo.

Esclavos, al fin, del beso que no dimos
y libres del entusiasmo de toda cama
tocamos fondo con los ojos cerrados
volviéndonos ceremonia eterna,
sabiendo a derrumbe y a colores de arrecife.



Me fijas, de algún modo,
en la carretera que nos trajo hasta aquí
por las navidades que no vivimos,
y el día de acción de gracias a puertas cerradas.

Te dejo hacer
entre mis cejas pobladas de estertores
que gritaron “por qué me abandonas!”
cuando era siempre yo el que partía.

Hasta que nos rendimos
al absurdo de la piel y la ceguera
al poema y a la canción que se musita
cuando la sangre ya navegó el río.



Nos sacudimos el polvo
y como un ritual decimos juntos:
“teta, concha, culo, sufro”
y hay ahí un llanto que apagamos
cuando mirando al suelo nos vemos los ojos.

Al angelito se le acabaron las flechas – digo -

vos derramás sobre el camino la soledad que queda
y esa duda hiriente de volver o no se hace peso
que acribilla lo firme del infierno que creímos
llevábamos puesto la primera tarde.

Es mejor no querer - decís -
y hay tanta firmeza en tus rodillas de sal
que el crepúsculo se preña de fatalidad
y no queda más que reconocer
que es cierto

que no nos pertenecemos.



A Eva Lucía Armas (prosa)

Que vengas desprevenida portando soles detrás de los ojos
a decir una historia entre las historias, de viento y fuego
como un zorzal desafiando con su canto a la tormenta
sujetando con tus labios el por qué del hombre
me lleva al terror del entusiasmo, a ese admirar y proclamar
la fe de los dioses cuando satisfechos recorren pasos mortales.

Y te elevo y te abrazo, a pesar de mi conciencia y mi locura
desde una fraternidad carnicera, con su violencia prístina
y su no saber de explicaciones que se mascullan en el confesionario
llevando en el pulso la imagen de tu verbo cuando empuña el pincel
con el que dibujás la fiereza del lecho compartido, la querencia instintiva.

Y te ignoro y te beso, como se ignora y se besa una estatua de sangre
poblada de visitantes hambrientos y sedientos de esa cuota eterna
- de cariño, de ternura, de pasión -
de que son capaces las que galopan con los senos al viento
cuando concurren a la cita que provocan por la vida que dan.



Sostengo el mundo (libre)

Sostengo el mundo con sólo mis fuerzas,

un mundo chiquito, ese que me cabe
para pensarte y decirte silencios
mientras "lo otro" ocurre hacia tu esquina.

Me elevo... y caigo, entre mis manos
quizás por no saber rezar, o no saber cantar,
por eso que ocurre cuando uno es solo consigo
y hay tanto ruido alrededor.

Y así voy poniendo distancias
haciéndome rey de la postergación y de la espera
porque no tengo a nadie que no sea el que está dentro de mí
salvo a vos, cuando, a veces, venís
con una madrugada entre los dientes.


Amor sin hacer (libre)

Cuando sin querer me llevás al acantilado
donde la noche se arrodilla bajo tu sombra
quiere nacerme el entusiasmo del loto
ganándole al fango por rebeldía
el rayo de luna que no pude tomar

Te miro desde los filos del silencio
y asimilando la estatura de tu andar
me aliento al derrotero de tu esencia
a ese rincón de tu playa oculta
que intuye de mí lo que yo de vos

Negando la brutalidad de los roces
navego sin anclas sobre tu idea
que aún asistiendo a la fiesta del vocablo
encuentra modos de ir hasta al pueblo
donde mis sicas fatigan su demora

Todo
para un final que no acaba de comenzar

un rubí rajando el pecho
con el amor sin hacer.



El hijo no amado (soneto)

Caminé solitario desde que fui sintiendo
el error de mi mundo basado en emociones
y a un lado de la gente murmuré mis canciones
como un hombre quebrado que dice está muriendo.

Entregado a la lástima, en mi pecho iba hundiendo
la daga del desprecio por todas las pasiones
mientras caía grave con infectas lesiones
hasta el fondo del asco que fatal fue creciendo.

Me cupo lo más negro de todo cuanto supe,
ser el verbo rompiente sin algún predicado
la nada palpitante que un dios nefasto escupe

en la noche del sol que proyectó manchado
tan solo por jugar con las tabas cargadas
ebrio de sí, de sombras filosas y aquietadas.


Mudez

Todo es mudez ante los hechos,
los huesos esparcidos por la calle
y la cita a la que el amante faltó,
el piano man y el pianista sin bar
con el horario de los trenes durmiendo en los bolsillos.

Te pienso en la gente que te siente
en el raro fulgor de la equidistancia
entre el vértigo de ya no sentir
y la pasmosa sensación de poder perderlo todo
justo ahí, cuando el alma no es lo que se espera.

Casi sabiéndome, mascullo el barrio
el extraño ritmo de dos cadencias separadas
volcando las cartas hacia lo oscuro del susurro
donde los ángeles previenen: no sigas.

Y en parte algo se quiebra entre los dos
como por el peso de una razón
de una culpa que habita las veredas,
que sentencia al tranvía a seguir su recorrido
por encima de sus huellas predestinadas.


Cansado del sufro (soneto)

Una voz que se quiebra en su lamento,
una lágrima inútil al asfalto,
me devuelven al mundo donde exalto
la ausencia de color en su cimiento

construido para ser un hundimiento
en el pecho del tonto que más alto
grite su corazón, roto basalto,
como himno que decide hollar al viento.

Cansado ya de todos me retiro
al centro de mi mente primitiva
donde solo me sangro y me conspiro

entre placer y lucha punitiva
desprovisto de llanto y del consuelo
que buscan los tarados en el suelo



Roce fatal (libre)

Con mi nombre atado a las sombras
persigo su esencia en lo conocido,
en el verso que calla cuando asesina
en la luz que emana cuando idea
la convergencia de los astros en su pecho.

Sin puentes ni aeropuertos posibles,
rompo mi voz y mi ritmo para acercarme
al sonido de la isla que late dentro suyo
- herida sagrada, ritual eterno -
en una danza de guepardos salvajes.

Y no llego, y no alcanzo
a su andar de orquídea en la lluvia,
a su manera de beso y madrugada
que estalla en su cariño difícil,
apto para el halcón a mediodía.

Me quedo a mitad
de mí, de nosotros,
con el plano del cielo en la frente
y en la piel las ganas de tenerla,
imaginando el día del roce fatal.


Villanrito pop (soneto)

Yo voy cantando sones negros; puro,
le voy diciendo a Ceres cuánta boca
requiere Venus, breve, limpia y loca
para cansar de amor mi ser oscuro.

Mientras los asnos sorben solamente
lo que les queda ser - razón quebrada -
digo mi nombre solo, sal ansiada
dispuesta al mar de piel que sabe a mente.

Soy el solsticio eterno, navideña
supremacía; larga herida y grave
filo que corta dentro toda enseña,

el que se sabe oculto siendo clave
y que por ello brama rotas voces
mientras se come al mundo con sus dioses.


Cruz de sangre (Y griega)

Quiero que en mí puedas ver lo negado,
la risa sola a mitad de la noche
cantando grises sin luz ni reproche,
mientras me tiendo hasta ser ahogado

por tu palabra brutal en mi pecho
como una piel de cerrojo aquietante
calmando grave mi andar lacerante,
mi esencia loca de hendir lo maltrecho.

Quiero que quieras mi voz que gravita
sobre los yerros del propio extravío,
y entonces seas la miel que deviene

en alimento de paz, quien sostiene
la cruz de sangre que roja palpita
entre tu rostro lejano y el mío.



Juro el intento (libre)

De la mano del imposible, ahí en tu boca
donde sucede el milagro de un cariño postergado
deviene un verbo apenas conocido, un rumor
que roza, como sin querer, las cosas que llevo:

la conciencia del sentimiento enrarecido
el prurito del hombre que acabará sin conocerse
la noche que calla el esenio en su ermita - ejemplo cruel -
y el beso clandestino, del que no sabré jamás.

Juro entonces, de repente y con testigos
vivir la sed que libera en cuanto atrapa la dicha
del casi, del nunca, del acaso que no se concreta
y que palpita su condición de anzuelo y de antesala.

Juro sangre, saliva y dedos astillados en tu nombre
brutalidades de la pequeñez que intenta no serlo,
juro el intento de la alquimia que apenas imagina
cuajar tu mirada que no me mira, que no me sabe
con el aliento que sin embargo me das y me llega.


El color de los ojos (libre)

Estoy
un poco fuera de foco, casi sin vísceras,
con la ansiedad y el abandono reptándome
bajo una lluvia que lacera decepción
y que oprime, como un torniquete una fractura.

A un costado, tan fuera de sitio
que apenas creo me esté sucediendo
esto de ser en mí engrillado sin más,
tatuaje de una herida que a sanar no aprendió.

“Ama y haz lo que quieras”- dijo,
pero yo no amo, y terminé por no disentir.
Convertido en la promesa que expresé,
soy un ahora bajo el agua que espera
a que mañana se cumpla su signo
con la cara lavada y oliendo a perfume
después de esta rotura en el aliento,
de este sostenerme a solas entre mis cruces.

Se posterga el paraíso, mi bien,
voy olvidable e innecesario esta noche
compañía del vacío, llamado a callar,
soy los trozos que no levantarías con la lengua,
la brasa que dejaron salir del infierno
para que sienta el frío de su propio absurdo.

Comprenderás entonces, niña sola
que hoy no pueda estrenar dolores contigo
ni sentarme a tu lado a llorar nuestras farsas.
Roto, esta noche voy conmigo sintiendo
lo que el guión estipuló de antemano:
el color de los ojos con que miraré mañana.


Bandidaje urbano

Sostengo tu mirada y me pregunto
de qué naufragio, de qué arrasada ciudad
es que proviene tu estirpe indócil
que tanto sabe de silencios
ahí cuando aprieta el bullicio.

Y tengo ganas de volcar sobre tu espalda
el acero que me pudo alguna vez;
el peligro, la afrenta, y todo lo sórdido,
por ver si en ella alcanzo a construir
la historia que finalmente nos incluya.

Pero escapo de mí
y te expongo una careta,
con un No al fondo de mi ojos
que canta el cansancio y la astilla
de vivir muriendo en la risa que me hunde,
que me hiere y me protege de todo sentimiento.

A salvo en la distancia
te guardo de mis cosas
callándome preguntas en la noche,
dejando que me transcurras sencilla,
no sea, mi amor, que al besarme beses
tu propio reflejo.


Deseo (libre)

Cuando me encuentres ahorcado
con una idea goteando por el dedo de un pie,
y todo el pecho tieso de tanta burla hiriente
no te atrevas a decir que no te lo advertí.

Sin discursos date vuelta y camina a casa,
aprieta la piel contra el asfalto y el cartón
y cantando lo que nadie canta en navidad
ve volviendo a ti, como lo quise alguna vez.

Mas luego, si te sobra algo de alma, suéñame en la noche
y en un vuelo bajo tómame la mano y dime
que espere otro poco, que hacia fin de este siglo
puede que estemos juntos los dos.


No hay culpa en la verdad


Yo que caí donde sólo cae
el miedo con un golpe de asombro,
que vivo la deshora predicha
desde el fondo de tantos espejos,
debo ser el que roba la soga
si con ella pudieras tenerme.

Libre de mí te prefiero, limpia
del precipicio de todo nombre
que me implique en tu honda blancura,
y llevarte inexperta del negro
quiero
sin la docta bravura esplendente
que lucen con parca sumisión
las que buscan salvar o llenar ME.

No hay culpa en la verdad, y en lo cierto
de aceptar la vera del camino
encontrarán su rumbo los sauces,
que no miento si digo soy varios
ni hay error en mis ojos oscuros
cuando cautos, disimulan noche.


A su acercamiento (Alejandrino)

Es que tu vas partiendo y vas volviendo siempre,
te entretiene una luz y te fija una sombra
como si no pudieses demorarte dos noches
en el ámbito hostil de quien ve con tus ojos.

Pero aún ni lo sabes - siquiera lo sospechas -
que tanto habita en ti que hay muerte necesaria,
en el ayer que miente y en el hoy que se quiebra
luchando por tus dedos cual rostro por su manos.

Y en el ahí del tiempo una soga y un guiño,
ese jugarse algo a lo que no fue nunca
ni la mitad del todo, ni un vacío completo,

por ver el gris brillando fertil sobre la felpa,
mientras van convergiendo los astros y el vacío
en un nuevo poema que dirás de soslayo.


Barraquero (impro)

El amor es una costilla rota
- rota, te digo -
mientras mirás al cura que mira a otro lado
y tenés que volver a casa
erguido como una cebra.

El amor es rozar una mano horrible
esa que no es la tuya, y es una eterna
que hiede y tiende tu nombre
como un escupo y una súplica.

El amor en las barracas es el asco de la hombría
que coge en madrugada y se masturba los domingos
bajo una lluvia de soledad y un oleaje de nadería
en un imposible juego de salvar y salvarse.

Y tan sincero ese amor, tan pútrido y cierto
que al salir de ahí no te queda amor en los labios
ni en los ojos te queda amor, ni en las rodillas
ni en la paciencia de una virgen cuando te lo entrega.

Qué lástima el amor, qué poca palabra para tanto asco
cuando te rompen lo que no se puede componer
y te queda entonces hilvanar porqués de abecedario
que dirás u ocultarás con igual ansiedad.

Al final, el amor, y el cura que mira a otro lado
la mina que habla del amor y eso de la boca llena
y adentro eso que te cuece todavía la costilla que nunca sana
el porqué sin respuesta que te hizo firme en los tobillos a la nada.
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